A las diez y media de la mañana del 7 de mayo de 1981, ETA asesinaba en el centro de Madrid a tres militares del servicio directo del Rey, en un atentado que iba dirigido contra el jefe del Cuarto Militar de la Casa Real, el teniente general Joaquín Valenzuela Alcívar-Jáuregui, que resultó herido de gravedad. El atentado lo ordenó el dirigente de la banda terrorista Juan Lorenzo Lasa Mitxelena, alias Txikierdi y lo ejecutaron Henri Parot y otros miembros del grupo Argala de ETA.

El atentado se produjo a las 10:30 horas en pleno centro de Madrid, al hacer explosión un artefacto que dos terroristas montados en una motocicleta depositaron instantes antes en el techo del vehículo en el que circulaban los militares. Los dos terroristas siguieron al Dodge oficial y, cuando se encontraba en la calle Conde Peñalver, se pusieron a su altura. Parot, que iba de copiloto, depositó el artefacto explosivo colocado dentro de una bolsa de un supermercado con unos imanes para que se adhiriera al techo. Estaba fabricado como una carga hueca para dirigir la onda expansiva hacia el interior del coche y multiplicar sus efectos. Tras la operación, los terroristas huyeron en dirección al Retiro. Apenas unos instantes después, y sin que el coche de escolta pudiera reaccionar, la bomba hizo explosión. Los militares fallecidos fueron el teniente coronel GUILLERMO TEVAR SECO -ayudante del teniente general Valenzuela-, el suboficial de escolta ANTONIO NOGUERA GARCÍA, y el soldado conductor MANUEL RODRÍGUEZ TABOADA.

Además del teniente general Valenzuela, hubo otros veinte heridos que se encontraban en las inmediaciones: Basilio Vega Vallejo, Pilar Pastoriza Orozco, Víctor Fernández Ortiz, Paula Corchado Denche, Manuel Matey Bande, María Melitona García García, Ángel Vizcaíno Alba, Celia Arselina del Son Sánchez, Antonio Núñez Gómez, María Teresa del Pozo Pérez, María de los Reyes Esteban Ortiz, María Pilar Garrido Egaña, Luis Hinojosa Fernández, María Pilar Sanz Veguillas, María Montserrat Malo Arrondo, Julio Jorge Apestique Infiesta, María Dolores Infiesta Díaz, Juan Sánchez Martín, Constantino Fernández Espinosa y María Molinero Martín. A medianoche, el estado del teniente general Valenzuela era relativamente satisfactorio. De acuerdo con el parte médico emitido, había “cierto grado de optimismo, aunque el pronóstico sigue siendo de gravedad”. Todos los heridos fueron recuperándose de las heridas sufridas.

La capilla ardiente de las víctimas se instaló en el Regimiento de la Guardia Real, en El Pardo, y fue visitada esa misma noche por los Reyes de España. El triple asesinato provocó una respuesta ciudadana sin precedentes hasta entonces. Millones de españoles, siguiendo el llamamiento de partidos y sindicatos, paralizaron su actividad durante unos minutos al día siguiente para expresar su rechazo.

En medios militares se temía desde hacía tiempo una acción espectacular de ETA en Madrid, y esa era probablemente la razón de que durante el fin de semana anterior al atentado se adoptaran medidas especiales de vigilancia en la I Región Militar. La guarnición de Madrid estuvo acuartelada tras el atentado durante tres horas. Por la tarde surgió el rumor de la dimisión del ministro del Interior, Juan José Rosón, extremo que fue rápidamente desmentido por fuentes oficiales.

Este atentado de ETA suponía un paso más en la estrategia de la tensión que había iniciado otro grupo terrorista, los GRAPO, con el asesinato del general González de Suso. Tras el atentado, grupos de extrema derecha se manifestaron frente al Cuartel General del Ejército, injuriaron al Rey y pidieron la interrupción del proceso democrático. La preocupación existente tras el atentado quedó reflejada en las declaraciones hechas esa misma noche por el presidente del Gobierno vasco, Carlos Garaikoetxea, quien afirmó que ETA, los GRAPO y otros grupos terroristas buscan objetivamente idénticos resultados: “Provocar el hundimiento del proceso democrático”. En el mismo sentido se expresó el secretario general del PSOE, Felipe González, en una conferencia de Prensa celebrada en Madrid.

ETA reivindicó el atentado el 7 de mayo mediante llamadas telefónicas a diversos medios informativos de Bilbao. En 1992 fue condenado por este atentado Henri Parot a penas de 30 años por cada uno de los tres asesinatos y a otros 26 por el asesinato frustrado del teniente general Valenzuela. En 1993 fueron condenados a las mismas penas Juan Lorenzo Lasa Mitxelena, Txikierdi, como inductor y cooperador necesario, e Isidro Garalde Bedialauneta, como cooperador necesario.

Antonio Noguera García, cabo de la Guardia Real, casado y con tres hijos, tenía 39 años. Era natural de Frigiliana (Málaga). Su vida laboral la inició en un comercio de calzado, y de allí paso a la escolta de Franco. Cuando fue asesinado pertenecía a la Guardia Real.

Manuel Rodríguez Taboada, soldado de la Guardia Real, tenía 36 años. Natural de Orense, con 23 años se trasladó a Madrid para ingresar en la guardia motorizada de Franco. De aquí pasaría al servicio de la Casa Real. Estaba casado y tenía tres hijos.

Guillermo Tevar Seco, teniente coronel de Infantería, tenía 56 años. De origen aragonés, estaba casado y era padre de tres hijos. Era diplomado en carros de combate y en automóviles.

 

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