El año 1998 lo inició ETA asesinando al concejal del PP en Zaráuz José Ignacio Iruretagoyena. Tres semanas después fue asesinado el también concejal del PP Alberto Jiménez Becerril y su mujer Ascensión. Cuatro meses después, el miércoles 6 de mayo de 1998, la banda terrorista volvía a asesinar a un político, TOMÁS CABALLERO PASTOR, portavoz de Unión del Pueblo Navarro (UPN) en el Ayuntamiento de Pamplona. Dos etarras le dispararon dos tiros a través de la ventanilla del conductor de su vehículo, estacionado en las inmediaciones de su vivienda en la capital Navarra, cuando acababa de ponerlo en marcha. Los proyectiles impactaron en la cabeza y en la cara del edil. Eran aproximadamente las nueve y cuarto de la mañana.

Como todos los días laborables desde que en julio de 1995 tomó posesión de su cargo en el Consistorio pamplonés, Tomás se dirigía al Ayuntamiento para realizar su labor como portavoz de su grupo municipal. Poco antes, como era su costumbre, había comprado el periódico. Tomás iba acompañado por una vecina a la que regularmente llevaba hasta su trabajo, en el centro de Pamplona.

Un testigo precisó que la víctima miró los bajos de su automóvil antes de subir al mismo. El coche estaba equipado con un sistema de alarma para prevenir que fuera abierto por extraños. Este dispositivo fue instalado en el vehículo después de que ETA iniciase su campaña de atentados contra ediles del PP. Además, el fallecido había participado recientemente en un curso de autoprotección, impartido por miembros de las FSE para cargos públicos ante el temor a sufrir un atentado. Apenas se puso en marcha el coche, dos individuos se acercaron al mismo y uno de ellos disparó dos tiros contra el concejal. El automóvil del edil continuó la marcha hasta chocar con otro vehículo estacionado muy cerca. Tras efectuar los disparos, los dos terroristas huyeron a pie en direcciones opuestas.

Su hijo José Carlos oyó los disparos desde su casa, avisó a la policía municipal y bajó corriendo a la calle. Cuando llegó al coche, un repartidor mañanero de propaganda había entrado en el vehículo de Tomás e intentaba taponar el orificio abierto por la bala en el cuello de la víctima. José Carlos entró por la otra puerta y le cogió la mano, y no dejaba de hablarle mientras le tomaba el pulso. Estuvieron con él hasta que llegó la ambulancia.

El concejal, gravemente herido, fue trasladado al Hospital de Navarra donde falleció una hora después, en torno a las 10:45 horas. Según el parte médico facilitado por el centro, Tomás ingresó en el servicio de Urgencias con parada cardiorrespiratoria y heridas por arma de fuego. Una de ellas, con orificio de entrada en la parte izquierda de la mandíbula y salida por la cara derecha del cuello. La otra bala quedó alojada en la barbilla.

El día que ETA asesinó a José Ignacio Iruretagoyena, el 9 de enero de ese mismo año, Tomás Caballero tomó la palabra en el salón de plenos del Ayuntamiento, donde se debatía una moción de condena por el asesinato, y se dirigió a los tres representantes de Herri Batasuna que anunciaron su abstención en la votación:

Debemos plantar cara no sólo a los asesinos, sino también a quienes les jalean, les apoyan y nunca les condenan. Me estoy refiriendo a los miembros de HB.

Y agregó en tono emocionado:

Gritarán mucho en la calle, porque es fácil (…). Ustedes, por eso, lo que quieren es matar y seguir matando para que de esa forma nos aterroricemos. Quieren que nos aterroricemos y que nos vayamos. Pero no nos hemos de ir, porque tenemos una obligación para con nosotros, para el pueblo que nos ha elegido y para las futuras generaciones a las que tenemos que conseguir dejar en paz y libertad. A los que tenemos una determinada edad, como la que tengo yo, nos tocó luchar contra una dictadura y luchamos, y salimos adelante. No nos van a amedrentar en este momento con otra dictadura.

Herri Batasuna intentó entonces que Caballero rectificara y se querelló contra él por injurias y calumnias, pidiéndole 90 millones de indemnización. El juez de Instrucción número 3 de Pamplona archivó la querella en abril de ese mismo año, un mes antes de su asesinato, al estimar que esas manifestaciones se enmarcaban en el principio de la libertad de expresión. El diario Egin publicó su fotografía junto a un titular que decía: “El archivo de la querella a Caballero legaliza la calumnia a HB”. Sus familiares y amigos vieron en esa querella una especie de señalamiento que precedió a su asesinato días después.

Caballero era consciente del riesgo que corría, y lo fue hasta el último día. Hacía unos días que había hablado con un amigo sobre los últimos atentados a concejales del PP. Él le había dicho: “Hay que ser fiel a lo que uno sea, y yo soy así. Que hagan lo que quieran”.

Comisiones Obreras de Navarra, tras condenar el asesinato de Tomás, exigió al grupo municipal de HB, “que recientemente llevó a Caballero a los tribunales, porque éste les acusó de complicidad con el terrorismo, que demuestren que éste se equivocaba”. Por su parte, el concejal de IU en el Ayuntamiento de Pamplona, José Javier Echevarría, relató que cuando HB puso la querella le preguntó a un concejal de la coalición radical si “asumirían este hecho si, desgraciadamente, lo que yo no quería creer y hoy ha ocurrido, ocurría. La respuesta fue fría, me dijo que si ocurría sería ‘un efecto del conflicto’”.

El día del pleno de condena del asesinato del concejal Caballero, ya sin cámaras, el concejal de Herri Batasuna Koldo Lakasta se acercó a José Javier Echeverría, portavoz de IU, y le susurró: “Ya le avisamos cuatro veces para que rectificara”.

En 2003 la Audiencia Nacional condenó a 30 años de prisión mayor por el asesinato de Tomás Caballero a los etarras Francisco Javier Ruiz Romero, Mikel Javier Ayensa Laborda y Alberto Viedma Morillas.

Tomás Caballero Pastor tenía 63 años y era natural de Alfaro (La Rioja), aunque residió en Navarra prácticamente toda su vida. Estaba casado con Pilar Martínez. Era padre de cinco hijos y abuelo de ocho nietos. Presidió en los años 60 y 70 el Consejo de Trabajadores de Navarra contra el sindicato vertical. Fue concejal y alcalde en los años 70, por lo que se llamaba entonces tercio sindical. Volvió al sindicalismo independiente durante unos años y, desde 1995, fue concejal en Pamplona por UPN hasta que lo mataron. Era el sexto concejal asesinado por ETA desde 1995, y el primero de UPN, formación que a partir de las elecciones de 1991 estaba coaligada con el Partido Popular. El último político municipal asesinado en Navarra había sido el alcalde de Etxarri-Aranatz, Jesús Ulayar, en enero de 1979.

En 2007, con motivo del noveno aniversario de la muerte de su padre, María Caballero dijo que su familia “seguirá reivindicando memoria, dignidad y justicia” para todas las víctimas del terrorismo. La Fundación Tomás Caballero que nació “para mantener su memoria, como una parte de la memoria colectiva, con el reconocimiento de la persona, su pensamiento y su acción social”, tiene como objetivo rendir “homenaje de gratitud a todas las víctimas de ETA. Porque más allá de los cargos representativos, los uniformes o la profesión de las víctimas, los terroristas asesinan a una persona con su familia, sus ilusiones, su futuro, su dignidad”. En la lápida donde descansan los restos de Tomás en el cementerio de Pamplona pude leerse la siguiente inscripción: “Murió por lo que había vivido: la libertad, la justicia y la paz. Sigues vivo entre nosotros. D.E.P.”.

 

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