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El viernes 30 de mayo de 2003, la banda terrorista ETA asesinaba en Sangüesa (Navarra) a los policías nacionales BONIFACIO MARTÍN HERNANDO y JULIÁN EMBID LUNA, segunda y tercera víctimas mortales de las tres que la banda asesinó ese año. El 8 de febrero había sido tiroteado en un bar de Andoain (Guipúzcoa) Joseba Pagazaurtundúa.

El atentado se produjo en torno a las doce y media de la tarde en la céntrica plaza de Santo Domingo en Sangüesa. Hasta ahí habían acudido, a primera hora de la mañana, tres policías nacionales para facilitar a los vecinos de la localidad la renovación del DNI. Sangüesa tiene apenas cinco mil habitantes y se encuentra a unos 50 kilómetros de Pamplona, en la frontera con Aragón. Era un servicio que los agentes prestaban periódicamente, cada varias semanas, en la Casa de Cultura del municipio. De esa forma evitaban a los vecinos la molestia de tener que desplazarse hasta Pamplona a hacer las gestiones. Para que los vecinos pudieran pedir cita, la visita era anunciada públicamente con días de antelación en el Ayuntamiento.

Tras aparcar su coche en la plaza de Santo Domingo, un punto céntrico que hace las veces de aparcamiento, los tres agentes trabajaron durante toda la mañana en la Casa de Cultura, situada a escasos metros del vehículo. Ahí estuvieron atendiendo al público hasta pasado el mediodía. Al terminar su trabajo, volvieron a la plaza y entraron en el vehículo para regresar a Pamplona. Al accionar el contacto, estalló una potente bomba-lapa que los terroristas habían adosado en los bajos. El artefacto consistía en una fiambrera con unos tres kilos de dinamita de tipo Titadyn. Los terroristas, presumiblemente avisados de la visita de los policías, habían colocado el artefacto a lo largo de la mañana en los bajos del vehículo. La potente deflagración destrozó completamente el vehículo, que incluso se elevó unos metros por encima del suelo para terminar cayendo envuelto en llamas y despidiendo una intensa columna de humo. Bonifacio y Julián, que ya se habían sentado en los asientos delanteros del coche, fallecieron en el acto despedazados por la explosión.

El tercer agente, Ramón Rodríguez Fernández, de 44 años y natural de Granada, pudo salvar su vida al no haberse montado aún en el vehículo cuando se produjo la explosión. No obstante, sufrió heridas muy graves en sus miembros inferiores, abdomen y tórax. Ramón recibió rápida asistencia por parte de José Luis Lorenzo, candidato socialista a la alcaldía de la localidad. Lorenzo lo alejó de los restos del vehículo ardiendo y esperó junto a él hasta que pudo llegar asistencia sanitaria. También resultó herido grave Carlos Gallo Vilches, de 37 años, empleado de Telefónica. Fue ingresado en la planta de cirugía cardiovascular del Hospital de Navarra con “sección en tronco tibioperoneo izquierdo”, según el parte médico que facilitó el centro sanitario.

El atentado provocó heridas leves por cortes y contusiones a decenas de personas que se encontraban en las inmediaciones de la céntrica plaza donde se produjo la explosión, que causó también cuantiosos daños materiales. Los heridos leves fueron atendidos en el centro de salud de Sangüesa y posteriormente dados de alta.

Minutos después del atentado, la Guardia Civil estableció controles y fuertes dispositivos de vigilancia en los alrededores de Sangüesa, pero los autores del atentado ya habían huido, presumiblemente horas antes. A día de hoy sigue sin saberse quién acabó con la vida de Bonifacio y Julián.

Hasta el lugar del atentado se desplazaron a lo largo del día numerosas autoridades, entre ellas el ministro del Interior, Ángel Acebes, que también visitó a los dos heridos más graves en el Hospital de Pamplona. Estuvieron presentes, además, los principales dirigentes políticos de Navarra, encabezados por su presidente, Miguel Sanz; el presidente del Parlamento foral, José Luis Castejón, y el secretario general del PSN, Juan José Lizarbe.

Una semana después del asesinato de los policías, el Parlamento vasco bloqueó la disolución del grupo de Batasuna, ilegalizado meses atrás, gracias a la oposición del PNV y Eusko Alkartasuna. La oposición de los nacionalistas a cumplir el mandato del Tribunal Supremo de disolver el grupo ilegal Batasuna coincidió en el tiempo con la decisión de la Unión Europea de incluir al partido proetarra en la lista pública de organizaciones terroristas. Juan María Atutxa, presidente del Parlamento vasco en esos momentos, sería condenado en 2008 por un delito de desobediencia a la autoridad judicial.

Bonifacio Martín Hernando, de 58 años, era natural de Sanchorreja (Ávila), donde pasaba largas temporadas y donde sus paisanos le recordaban como una persona “buenísima, bromista y muy querido”. Estaba casado con Carmen y tenía dos hijas, Leticia y Ana, de 25 y 24 años. Ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía en 1971 y, desde 1974, estaba destinado en Pamplona. En el momento de su asesinato estaba destinado en la Brigada de Extranjería y Documentación. Más de mil personas le dieron el adiós en su localidad natal con pancartas en las que se podía leer “Boni, Sanchorreja te quiere”. En diciembre de 2003 el Ayuntamiento de Sanchorreja nombró a Bonifacio hijo predilecto de la localidad. Al acto acudieron su viuda y sus dos hijas que, posteriormente, descubrieron la placa con el nombre del agente asesinado y que da nombre a la calle en la que vivía.

Julián Embid Luna, de 53 años, era de Sabiñán (Zaragoza). Estaba casado y tenía dos hijos. Destinado en Pamplona desde 1983, había ingresado en el Cuerpo Nacional de Policía en 1974. Residía en la localidad de Cizur Mayor (Pamplona) y en el momento de su asesinato, igual que Bonifacio, trabajaba en la Brigada de Extranjería y Documentación. En la manifestación de repulsa por su asesinato, su hija Ana, dijo: “… todo cambia en un segundo por culpa de gente que se cree que en Navarra sólo existen ellos, a los que debemos respetar y permitir todo lo que hagan. Ante ellos, los demás navarros somos de categoría inferior y no tenemos derecho a la vida ya que ellos nos la arrebatan. Pero una cosa os vamos a decir: seguimos vivos, nos vais a seguir viendo, a la hora de la compra, a la hora del café, en cualquier actividad cotidiana (…) Seguiremos en nuestra tierra, Navarra, que Boni y Julio sentían suya”. Su localidad natal, Sabiñán, le dedicó un homenaje en el aniversario de su asesinato y se instaló una placa de recuerdo en la que se podía leer “A la memoria de Julián Embid Luna, el Juli”. Además, el agente fue nombrado hijo predilecto y el municipio le dedicó un parque infantil.

Fuente

2 Comentarios

  1. El policía Nacional era Bonifacio Martín Hernández.
    Existen muchas entradas con ese error.

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