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Pasadas las ocho y media de la noche del miércoles 25 de mayo de 1988, ETA asesinaba a tiros en Éibar a SEBASTIÁN AIZPIRI LEYARISTI, propietario del restaurante Chalcha de esta localidad y de una carnicería en Elgóibar. En torno a las 20:00 horas de ese día había cerrado la carnicería y se dirigió a Éibar. Cuando se dirigía solo y a pie al restaurante, uno de los más típicos de la localidad guipuzcoana, dos etarras se le acercaron por la espalda y le dispararon dos tiros en la cabeza que le provocaron la muerte en el acto. Su cuerpo quedó tendido en medio de un gran charco de sangre en unas estrechas escaleras que dan acceso a la calle Isasi, donde se encuentra su restaurante. Sobre las diez de la noche, el juez ordenó el levantamiento del cadáver.

Sebastián era una persona muy conocida en la localidad. Había sido objeto desde enero de ese año de una campaña basada en rumores anónimos que le acusaban de ser traficante de drogas. Los rumores le acusaban también de haber obtenido su libertad, tras una detención, a cambio del pago de varios millones de pesetas. La campaña había sido brutal y Aizpiri pidió entonces al juzgado de Éibar que realizara una investigación pública sobre su persona, investigación que dio resultado negativo, y publicó varios anuncios en el diario El Correo Español- El Pueblo Vasco desmintiendo las acusaciones. Los Ayuntamientos de Éibar y Elgóibar aprobaron entonces sendas mociones de apoyo a Aizpiri, a quien consideraban “objeto de una campaña de calumnias”. Unos días más tarde, el 6 de junio, la banda asesinó en Elgóibar a Francisco Javier Zabaleta Aizpitarte, amigo de Sebastián, acusado también por los terroristas de ser traficante de drogas.

Tras el atentado, Herri Batasuna difundió una nota en la que decía lamentar la muerte de Sebastian Aizpiri Lejaristi, cuyo nombre figuraba en una lista de eventuales víctimas de ETA que la policía francesa había intervenido al dirigente de la organización terrorista Santiago Arrospide, Santi Potros. El restaurante Chalcha que regentaba aparecía en la relación de empresas sometidas al chantaje económico de ETA descubierta en la cooperativa Sokoa.

Poco después del asesinato, su hermana Ana Aizpiri, periodista de profesión, denunció el “chantaje mafioso” al que fue sometido su hermano.

Siento que todos los ciudadanos somos espiados por ETA. Herri Batasuna es la policía secreta de ETA (…). ¿Por qué en vez de estar en los ayuntamientos no montan un chiringuito en la plaza que diga: oficina de información de ETA?.

El gobernador civil de Guipúzcoa, José Ramón Goñi Tirapu, afirmó que existe un “paralelismo cínico entre la actual campaña de HB en contra de la droga y este asesinato”. Goñi Tirapu añadió que “este asesinato es de un cinismo increíble. Primero se calumnia infamemente y luego se asesina a una persona honesta como Sebastián Aizpiri”. “Este señor”, continuó el gobernador civil, “no tenía ningún tipo de relación con la droga y, sin embargo, en las últimas operaciones de incautación de droga sí que aparecen personas de HB vinculadas a la trama de la droga en Guipúzcoa”. Se estaba refiriendo, al parecer, a las supuestas simpatías políticas de varios de los detenidos en una operación policial llevada a cabo el 23 de abril en Fuenterrabía, en la que se incautaron 1.188 kilos de hachís.

El de su hermana Ana es uno de los testimonios que se recogen en el libro Olvidados (Adhara, 2006), de Iñaki Arteta y Alfonso Galletero. Este es un breve resumen de sus palabras:

No me podía creer que eso hubiera podido suceder, que a mi hermano le hubiesen dado dos tiros en la nuca y lo hubiesen matado. Es verdad que él había sido objeto de una campaña bien orquestada, y que estaba surtiendo efecto. Estaban difamándolo: decían que era traficante de drogas. Después de que lo mataran yo misma pude ver algunos papelillos, apuntes manuscritos de algún informador de ETA, llenos de mentiras sobre mi hermano (…). Recuerdo la sensación de frío y de absurdo que me duró varios meses. Pero yo no era ajena a la realidad y tenía muy claro que alguien, en la vecindad de su establecimiento comercial, había observado todos sus movimientos cada día, le había vigilado para transmitir a otros la información, y otros le habían esperado para matarle (…). Desde entonces me resulta difícil regresar a mi pueblo (…). Denuncié entonces algo que era evidente para todos: la connivencia entre HB y ETA. Y eso ha tenido una carga importante sobre mí (…). Años después hubo gente de HB que difundió un rumor sobre mí del mismo carácter que el rumor de mi hermano: que me habían detenido en el aeropuerto de Barajas en posesión de cocaína, rumor netamente falso e injurioso, pues era evidente que no había podido ser detenida ya que mi voz se oía, por mi trabajo de periodista, en los informativos de la televisión vasca, todos los días a la misma hora. Mucha gente me ha odiado por la acusación que vertí sobre HB y otra mucha me ha admirado, claro (…). Yo perdí a la mayoría de mis amigos. No sentí cercanía, ni un sentimiento de empatía hacia mí (…). Creo que [Sebastián] nunca llegó a pensar que pudieran matarlo. A mí no me lo dijo nunca pero personas mejor informadas y más autorizadas concluyeron, por las circunstancias de su asesinato, que los de la ETA le habían estado pidiendo dinero y que él se había negado (…). Es muy desagradable vivir en Euskadi para una persona a la que le han asesinado un familiar o un amigo (…). Está claro que las víctimas vamos a seguir llevando para el resto de nuestras vidas un hueco, un archivo en nuestra memoria muy duro de abrir. Creo que si los partidos políticos, que tienen muchas víctimas en sus filas, no abogan con mucha entereza y determinación y con mucho cuidado con las palabras, por velar por la memoria de las víctimas que ha habido en el País Vasco y en otras comunidades de España, el futuro de las víctimas es el olvido.

También relató en el mismo libro que tras el atentado nadie del sector de la hostelería, “ningún cocinero reputado” dio muestras de solidaridad con ellos. “Hay que tener en cuenta que la adscripción ideológica al nacionalismo radical tiene en el sector de la hostelería una buena cuota”, añadió.

En 1991 la Audiencia Nacional condenó a los etarras miembros del grupo Éibar Jesús María Ciganda Sarratea y Juan Carlos Balerdi Iturralde, alias Eneko, a sendas penas de 30 años de reclusión mayor como autores de un delito de asesinato con premeditación. La sentencia especificó que fue Ciganda quien disparó a Aizpiri. También fue condenado por este asesinato Cándido Zubikarai Badiola quien, junto a su mujer Make Goñi, colaboró con el grupo Éibar en su actividad asesina de los años ochenta. En el piso de su propiedad fueron detenidos los terroristas del grupo en una operación de la Guardia Civil en abril de 1989. En ese piso estaba también su hijo Eñaut de 5 años, que, con el tiempo, se haría jugador de fútbol profesional, siendo portero suplente de la Real Sociedad. Eñaut ha participado en marchas proetarras que piden el acercamiento de los asesinos de la banda a cárceles del País Vasco.

Sebastián Aizpiri Leyaristi, tenía 39 años. Era natural de Elgóibar (Guipúzcoa), localidad en la que fue enterrado.

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