En torno a las 16:00 horas de la tarde del 2 de mayo de 1986, dos miembros de ETA asesinaban en la calle Moraza de San Sebastián a ENRIQUE MORENO ARGUILEA. Se acababa de bajar del autobús en el barrio donostiarra de Amara y le dispararon un tiro en la nuca cuando se dirigía al Bar Esnaola a jugar una partida de cartas con varios amigos. A continuación, los terroristas huyeron a pie.

El cuerpo de Enrique quedó tendido en el paso de cebra en medio de un gran charco de sangre. Pasadas las 15:30 horas, el juez ordenó el levantamiento del cadáver. Una brigada de bomberos de San Sebastián limpió con una manguera los restos de sangre que habían quedado en el asfalto. En el lugar de los hechos, la Policía recogió dos casquillos de bala del calibre 9 milímetros SS parabellum.

María Moreno Arguilea, hermana de Enrique que residía en la misma calle donde se produjo el atentado, había pasado cinco minutos antes por el lugar de los hechos y vio a dos jóvenes que, según sus palabras, le dieron “mala espina”. “Uno de ellos era bajito, y el otro, más alto y con gafas oscuras. Estaban apostados en la tienda de bisutería”. María Moreno Arguilea se encontraba ya en su casa cuando una vecina le dio la noticia del atentado. “Sin saber quién era, bajé a la calle y estuve mirando. Como la calle estaba acordonada, pregunté a un policía si sabía el nombre de la persona que estaba tendida en el suelo. Cuando me dijo que se apellidaba Moreno, pensé que era uno de mis hermanos. Salté el cordón y le vi allí, en un gran charco de sangre”.

Personas que conocían al fallecido coincidieron en señalar que no se sabía que tuviera vinculación política alguna en la actualidad. Su hermana María indicó que su muerte se ha debido a un error: “Ahora dirán que se han equivocado, después de que le han matado”. Su hermano Joaquín, de 67 años de edad coincidió en que era una equivocación.

Efectivamente, unos días después ETA emitía un comunicado en el que admitía que se había equivocado de objetivo. En un comunicado dictado cinco días después a la redacción del diario Egin la banda asesina reconocía “su dramático error”. ETA había confundido a un jubilado con un policía. Hasta en cuatro ocasiones habían intentado asesinarle, pero siempre falló algo.

El funeral por Enrique Moreno se celebró al día siguiente, 3 de mayo, por la mañana. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) condenó “con toda energía” el asesinato y, en el correspondiente comunicado, señaló que “este nuevo hecho de sangre viene a crispar aún más la situación social y política de Euskadi”. El PNV añadió que “la vía de la negociación y del diálogo se debe consolidar para terminar con la violencia”. Todos los partidos políticos vascos, excepto Herri Batasuna, condenaron el asesinato.

Por el atentado contra Enrique Moreno fueron condenados en 1987 Francisco Javier Sagarzazu Mendibe y Juan Andrés Urquizu Ormazábal a sendas penas de 29 años de reclusión mayor como autores materiales de un asesinato con premeditación y alevosía. Por la misma sentencia, fue condenado a 6 años de prisión mayor, por complicidad en el asesinato, Juan Francisco Franco Argibay.

Enrique Moreno Arguilea tenía 71 años y estaba jubilado. Enrique fue condenado a muerte por Franco por haber querido pasar en dos ocasiones durante la guerra civil del bando nacional al republicano. La pena fue conmutada gracias a la intervención de las monjas de las Escuelas de San José. Estaba afiliado al Partido Comunista de los Pueblos de España y era vocal de la Asociación de Jubilados de Amara. Había trabajado como dependiente de una tienda de zapatos, de cobrador de autobuses en la Compañía del Tranvía de San Sebastián y, antes de jubilarse, había sido viajante de comercio. Era natural de Pamplona, aunque residía en el barrio de Intxaurrondo de San Sebastián. Casado con Carmen Ortúzar, tenía tres hijos.

 

Fuente

COLABORA CON NOSOTROS CON PAYPAL