Desfibrilar la Economía
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La repentina irrupción del virus, ha puesto sobre el tablero cuestiones que hasta ahora no formaban parte de la vida cotidiana de muchos ciudadanos, entre ellas la atención al funcionamiento de la economía en la que vivimos inmersos.

Al parecer, esta funcionaba por si sola en manos de los agentes económicos, empresarios, sindicatos, asociaciones varias y gobierno, sin que nadie más prestara atención a ese asunto que siempre correspondía a otros o afectaba a otros. Mejor o peor, la mayoría podía cubrir sus necesidades sin conocer en absoluto el mecanismo interno que las sostenía en ese nivel de satisfacción. Pero esta indiferencia ya se ha comprobado que encierra serios peligros, porque es utilizada por los populistas para manipular a los indefensos ciudadanos.

En cuanto un país alcanza un nivel de prosperidad aceptable y sus habitantes se despreocupan de las cuestiones relacionadas con el trabajo y la producción, ha llegado el momento propicio para los populismos, que inician sus campañas de descontento social para acceder al poder y esquilmar la riqueza lograda en la mayor proporción posible. Estos movimientos, siempre calculados y nunca fortuitos, les permiten renovar cada cierto tiempo su cuota de poder y de dinero fresco cuando ambas cosas les empiezan a faltar. España ha sido una de las víctimas preferidas de este sistema y los populistas tras repartir sus prebendas entre los medios de comunicación y orquestar grandes operaciones de propaganda, han conseguido llegar al poder de nuevo. Todo iba según lo planeado, cuando apareció por sorpresa un invitado que amenaza con aguarles la fiesta y que para mayor escarnio de republicanos varios, se llama coronavirus.

De la noche a la mañana, fue necesario interrumpir la actividad económica en todo el país. El resultado de parar la maquinaria durante dos meses, ha sido hacer aflorar las debilidades de un sistema que en realidad nunca llegó a superar la profunda crisis de 2008. Los medios de comunicaciión han conseguido que ya nadie recuerde lo que ocurrió durante los ocho años de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en especial que en 2012, las cuentas del Reino de España se encontraban en situación de quiebra técnica.

No se trata ahora de criticar a un gobierno ni a un partido político. Se trata de tomar como punto de partida la realidad. España estaba en quiebra pero esa vez se logró evitar el rescate por los pelos gracias a la ayuda del Banco Central Europeo y sus programas de compra de deuda. Los países del Norte de Europa se recuperaron con rapidez y pudieron prestar su solvencia a los empobrecidos vecinos del Sur, pero aún con el respaldo del Banco Central Europeo, no dejaba de ser deuda que genera intereses y obligación de devolver el capital a diez años. Es cierto que en circunstancias normales el ciclo hubiera seguido su curso. Los gobiernos habrían seguido emitiendo deuda sobre deuda en niveles entorno al 100% del PIB y Alemania, aunque torciendo el gesto, hubiera tragado. Consciente de esto, el gobierno populista actual, tomó el poder confiado en la emisión de bonos que pagarían la compra de votos para asegurar su permanencia en el sillón durante el mayor tiempo posible. El cálculo era correcto, pero el virus ha desarticulado sus previsiones.Al paralizar la economía, la recaudación fiscal cae de modo dramático y ya no se saca ni para los intereses de la deuda y menos aún para atender los vencimientos. Esta vez el rescate es inevitable.

Debemos asumir que el golpe contra el duro suelo será violento, pero también tenemos que estar ya preparados para levantarnos y seguir adelante. Con caidas de PIB superiores al 10% y un déficit cercano a los 120.000 millones de euros, el Bundesbank ya nos ha indicado amablemente que no piensa pagar el paracaidas, por tanto, caeremos a plomo, pero como somos miembros del euro, nos prestarán lo suficiente como para que podamos salir del pozo con el sudor de nuestra frente.

Es la hora de arrimar el hombro y de dejar atrás teorías trasnochadas de supuesto progreso que en realidad sólo llevan hacia la recesión o como en este caso a la profunda depresión económica. La Socialdemocracia ha fracasado una vez más y es incapaz de hacer frente a la epidemia.

En la lucha por salir de esta situación, hay que poner en juego las cualidades y los talentos que nos hacen desiguales, libres y responsables, la creatividad, el esfuerzo y la verdadera solidaridad que en estos días han mostrado los dueños de muchas grandes empresas como Inditex y Mercadona, que son el ejemplo a seguir. La mayoría de los emprendedores quieren continuar con sus proyectos, seguir con sus negocios, ampliarlos y crear riqueza. Lo único que necesitan es que se adopten medidas que les faciliten su tarea en lugar de ponerles todo tipo de obstáculos. No conseguiremos mantenernos a flote si hundimos el barco del crecimiento económico. Con el sistema actual, los emprendedores se encuentran frente a una tupida selva de impuestos, tasas y trabas burocráticas que les impiden iniciar o reabrir sus negocios con la agilidad que estas circunstancias requieren. Para constituir una sociedad, hay que pagar tasas, para importar mercancías, pagan impuestos, alquilar un local, comporta impuestos, cada paso que da un emprendedor, es un campo minado por la presión fiscal y si a pesar de todo consigue generar beneficios, pagará impuesto de sociedades. Todo ese gravamen continuo, tiene que salir del margen de beneficio del negocio, que va mermando en cada paso. Si queda algo, el empresario podrá invertir para expandir su negocio, abrir nuevos locales y contratar más empleados. Cuanto más crezca el negocio y más se amplíe la actividad, mayor será la recaudacion que aportará al Fisco. Es decir, la mayor recaudación procederá de gravar la mayor cantidad de riqueza generada, del mismo modo que el 30% de 100 es 30, pero el 30% de 1000 es 300.

A consecuencia de la epidemia, los negocios han estado paralizados, por tanto no han podido producir ningún beneficio, pero han seguido teniendo gastos como la luz, el teléfono y el alquiler. Algunos contaban con ahorros para pagarlos pero otros  muchos, no pueden soportar un alquiler elevado durante tres meses sin facturación y no les queda más remedio que cerrar. Por tanto, subir los impuestos será inútil puesto que la recaudación sobre cero es, lógicamente, cero.

Se puede asumir que perdemos tejido productivo y dejar que la Economía se destruya pero no es indispensable. Existen otras posibilidades, propuestas y planes que se ofrecen desde una perspectiva liberal. A pesar de las circunstancias tan adversas, hay empresas que han conseguido permanecer abiertas y emprendedores que quieren volver al mercado. Si se aprueba una exención fiscal para que puedan continuar o reabrir, la Economía volverá a crecer y en un período breve, la recaudación ya no será cero sobre cero sino la de costumbre. Algunos pueden tener temor debido a la incertidumbre que genera el virus, pero se les puede motivar mediante ayudas para adquirir locales, mercancías y bienes de equipo que les permitan afrontar el futuro con optimismo. Las empresas más potentes no necesitan capital puesto que son solventes, pero si hay que darles incentivos para que sigan cumpliendo sus proyectos, por tanto será necesario aprobar incentivos a la inversión y al empleo, dando la posibilidad de incorporar parados, en condiciones ventajosas de cotización, que no disminuyan los derechos del empleado y le permitan ejercer el principal de ellos, su derecho al trabajo. Este debe ser junto con el mantenimiento de la actividad productiva, un objetivo esencial. En situación de epidemia, todavía sin tratamiento ni vacuna, es necesario velar por el empleo y la salud de los trabajadores, por tanto no es conveniente mantenerlos en casa confinados e inactivos sin más perspectiva que una limosna del Estado. Es preciso aprobar normas para facilitar el teletrabajo, la flexibilidad horaria y la digitalización.

Los emprendedores estarán así, a pesar del coronavirus, en un entorno favorable para continuar su actividad. Si consiguen generar beneficios, podrán invertir en mantener su negocio y contratar más plantilla. Cuando al año siguiente el tejido productivo se haya recuperado y se restablezcan los impuestos, la recaudación será más alta porque la productividad habrá aumentado.

El escenario apocalíptico de caos y limosna estatal, no es inevitable. Existe el plan B y necesitamos un gobierno capaz de implantarlo. Está en nuestras manos hacerlo realidad.