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Anoche, cuando me estaba acostando, empecé a darme cuenta, que los años estaban pasando muy de prisa, me daba cuenta de lo que estaba pasando en mi familia -por ahora toda en buena salud- de mis queridos amigos que son muchos y de personas conocidas que aún nos vemos o nos carteamos de vez en cuando. En todas ellas, los veo desanimadas, alteradas. Y, como diría mi querido abuelo Rafael, con un humor de perros.

Me viene ahora a la memoria lo que le pasó a un amigo y compañero de trabajo, un caso   que yo estaba en el mismo lugar  de esté desagradable asunto: mi compañero llevaba  varias semanas yendo de médico de cabecera al especialista, y de este al médico de cabecera para una dolencia de su señora esposa, entre estos dos galenos, por cierto conocidísimos de mi amigo compañero y mío, tenían que operarla y hacerle unos exámenes uno de ellos. En aquellos tiempos, tenía que firmar el inspector médico los partes, los impresos para darle la escala suficiente para entrar en quirófano. Después de muchas idas y venidas en las visitas a estos doctores, mi compañero estaba harto de las visitas continuas a estos doctores: un día, mi amigo se fue a su médico de cabecera, con los impresos que les dio el especialista de aquellos años, una vez vista la documentación médica, amontonó los papales dándoselos a su interlocutor diciéndole:  este impreso no viene sellado y firmado por el inspector.

Había que ver la cara de mi amigo. Una vez en sus manos los dichosos documentos le dijo estas palabras: Don fulano tu sabes que me gusta la caza, sabes que tengo varias escopetas y ahora mismo tengo tres dilemas, una, que no se si me iré de aquí a mi casa, cogeré una de mis escopetas y como tengo que pasar, por la inspección, después por el especialista y por último volver otra vez aquí, no sé lo que haré, porque volver otra vez a casa por enésima vez, va a ser que no, así es que, no sé lo que haré.

Así de fácil y así de sencillo. Cuando las palabras no se hacen eco, hay procedimientos -que no se debería hacer- pero hay veces que las circunstancias mandan más que razones para concebir maniobras inequívocas que a todas luces nos pueden trastornar nuestros pensamientos, y al fin y al cabo no todos los humanos pensamos igual. CUCTANDO, NON PROPERANDO RES PERFICIUNTUR (DRAE, 10 EDICIÓN) Las cosas se hacen bien despacio, no deprisa. O lo que es lo mismo: quien echa agua en la garrafa de golpe, más derrama que ella coge.