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En una noticia reciente, hemos leído que la fiscalía está investigando la situación y fallecimiento de unos ancianos que estaban en una treintena de residencias en distintos puntos de España. No sabemos cuántos han fallecido, ni en qué condiciones y mucho menos, si han sido atendidos como deberían ni tan siquiera si han fallecido en unas condiciones dignas, en esos centros asistenciales en donde a veces están por egoísmo, otras porque estorban a sus hijos y familiares para desarrollar una vida ajetreada como la que vivimos y en otras ocasiones, por necesidad propia.

Se están estableciendo discusiones respecto a qué número de ellos han fallecido, donde y en qué condiciones, si incrementan las cifras de contagiados y si esta circunstancia, el número maldito de los afectados por el Coronavirus, es mayor que el que nos ofrecen desde el gobierno y desde las autoridades competentes.

Ante esto, uno se pregunta si realmente la sociedad española ha perdido el alma, si los ciudadanos, no somos Pepe, Juan o Lola y si simplemente, somos unos números que engrosan unas listas, que favorecen o perjudican los planes de unas personas que hemos elegido, para que supuestamente, nos gobiernen en beneficio de todos, mirando para todos y para sacar adelante a esta sociedad del siglo XXI.

Realmente resulta descorazonador que, aunque estemos confinados por razones sanitarias, desde quienes nos gobiernan, no veamos una actitud de respeto hacia los 20 mil fallecidos oficiales, ni a sus familias, ni tan siquiera a las consecuencias y manera en que se han producido estas defunciones.

¿Tanto cuesta a la sociedad mostrar unos signos de respeto hacia sí misma y hacia los que la componemos? Está bien que cada día, salgamos a las 8 de la tarde a los balcones, inicialmente a homenajear a los sanitarios, a esto le podemos añadir a todos aquellos que llevan labores que pueden ser esenciales para que esta sociedad casi paralizada, superviva, pero lo que no es entendible, es que no nos acordemos de nosotros mismos, es decir de ese vecino de la puerta de al lado que un día se ha ido al hospital, porque sufría una especie de neumonía y resulta que ha fallecido, sin que sus hijos hayan podido hacer un entierro en condiciones, o ni tan siquiera, hayan podido despedirse de él para que emprenda el viaje de la eternidad, con el calor y el consuelo de los suyos.

Ni tan siquiera, somos capaces de en ese rato que salimos a los balcones, guardemos un minuto de silencio de respeto por esa sociedad en la que está falleciendo gente, mientras que usamos ese tiempo de supuesto homenaje, para hacer el gamberro en los balcones, para usarlos de desahogo psicológico y comprobar quien es más original para que quizás le saquen una fotografía, le hagan un video que salga en la tele o que se sienta protagonista por hacer algo diferente a los demás.

Tampoco somos capaces de ver en nuestros gobernantes, un respeto institucional hacia nosotros, por un mero ejemplo de respeto y dolor social, lo vemos en el Rey, lo vemos en la oposición, lo vemos en el Congreso de los Diputados, cuando se celebran esos plenos a la mínima expresión, ¿pero en nuestro gobierno? Ni un gesto, ni una palabra de aliento, que dignifique a esos españoles que se han ido, por causa de un virus que nadie ha previsto pero que tampoco nadie ha hecho por evitarlo. Lo cierto, es que nuestros mayores, son quizás, los más olvidados de una sociedad, dominada por el marketing, por estrategias de campaña de imagen, pero deshumanizada en fondo y forma.

A algunos les puede parecer exagerada esta queja que expreso, que creo que está en la mente y en el sentimiento de la mayoría de nuestra sociedad, pero ya está bien de que nos mostremos tan solidarios, que saquemos imágenes de solidaridad y de ayuda entre unos y otros, pero ¿ qué pasa con nuestros mayores?

Quizás el hecho de vivir este confinamiento de la Pandemia con mi madre que tiene 80 años, con la que me peleo cada día para que no pretenda salir de casa a hacer sus recados habituales y con la que, a pesar de su estado de salud, con pequeños achaques, pero magnifico, me hace pensar en el hecho de que mi querida Carmen tiene a su padre en la residencia y se encuentra magníficamente a sus 94 años, aunque lleva un mes sin ver a su hija, nietos y bisnietos, o de otros amigos, que están tan preocupados como yo, por ver si tosen, les duele aquí o allí.

Creo que es imprescindible, que nos olvidemos de pactos de política de cara a la galería, de “sermones de fin de semana” desde el gobierno, para seguir manteniéndonos narcotizados y encerrados en casa, para centrarnos en nuestros mayores, esos seres humanos que nacieron antes de la guerra, durante ella o inmediatamente después y que nos han dado todo como sociedad, tanto en lo político, como económico, como en ser lo que somos. Muchas veces, me acuerdo de una vieja historia que me contaba mi abuelo, un viejo vasco, que en sus “susedidos”, me contaba como en una ocasión un baserritarrra, bajaba a su padre a hombros al pueblo, para llevarle a la misericordia, porque en casa daba algo la lata, pero que, en el transcurso del camino, dada la larga distancia desde su caserío hasta la residencia, se paró a fumar un cigarro, sentados en una gran piedra. En ese momento, el abuelo, le dijo a ese baserritarra, mientras que encendía un cigarro hecho de picadura, que él mismo había parado en esa roca, para llevar a su padre a la misma misericordia que iba a llevarle. En ese momento, el hijo, volvió a cargar con su padre, regresando a casa, en donde vivió con la familia, hasta fallecer.

Yo ni quiero ni acepto una sociedad que no tenga conciencia de sí misma y quiero rendir un homenaje a nuestros mayores, tanto a los que se han ido injustamente por no haber sido atendidos en una residencia, como a aquellos que han fallecido víctimas del Coronavirus, pero vaya mi cariño para todos ellos, porque se lo merecen.

TODAS LAS REDES SOCIALES DONDE PUEDES ENCONTRANOS, HAY QUE ESQUIVAR LA CENSURA

1 Comentario

  1. La gente parece estar muy contenta conque se mueran nuestros mayores,pues todas las tardes a las 20 horas se sale a aplaudir dicen que a los sanitarios que se lo merecen,pero nuestros mayores y todos los fallecidos,también se merecen un respeto que no veo en la gente,lo que veo es un gobierno que nos enfrenta a los españoles, comandado por el vicepresidente.

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