Semana Santa
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En mi corazón y en mi alma de cristiano este año se verán muy entristecidos, por un lado, ver en estos momentos una alarma e inquietud por esta pandemia y por estos mismos motivos las procesiones de Semana Santa, Patios y Feria de mi Córdoba querida. La noche del lunes santo, este año nada ni nadie me obligará a ver en la plaza de San Lorenzo a mi Cristo de Ánimas en su soledad y en su silencio.  Rezando el rosario con sus plegarias, los faroles amarrados a sus penitentes y el apagón de sus calles, hace que ni el silencio tenga ruidos. El Cristo de Ánimas es una cascada torrencial, te ahoga si lo miras, pero te ofrece una paz infinita, de ver como Dios se hizo Hombre para morir en una cruz para salvar a todos los seres humanos.

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Todo el mundo cofrade, hace sus singulares saetas, flechas que a modo de oratoria podrían mermar el sufrimiento del Cristo en su calvario hacía el Gólgota, desde aquí, le envío mi oración en forma de saeta: Yo quisiera ser saetero/ para hacerte una saeta/y en ella mandarte entero mi corazón de poeta/saeta de pintadas finas/ mojadas en sangre de amores / para bordarte unas flores/ en lugar de espinas/

Los patios estarán abiertos a nuestros corazones, donde una ráfaga de olores a mastranto y azahar, llenaran los caminos hacía esos patios, donde se asoma al visitante, entre el olor y la vista floral a nuestro alcance, dando también el inconfundible susurro del agua cristalina  de sus fuentes a su paso por plazas y callejuelas estrechas, caminos engalanados y llenos  de  todo tipo de flores, donde rivalizan las jazmines y los azahares en flor, donde la caprichosa primavera hace abrir los pétalos de sus flores, dándole una fragancia delicada al paso del gentío, bulliciosos hacia los jardines que simbolizan sus patios,  ofreciendo al visitante y al paisano una vista inconfundible de ver tanta belleza y hermosura en esos patios caprichosos de esta tierra bendecida por la mano de Dios.

Nada ni nadie me impedirá ver mi feria, mi feria de mayo. Llena de farolillos y cadenetas elevadas al cielo. Mi feria de mayo la he visto brillar desde un altozano, allá arriba, en la sierra, he visto paseando a Zalima la favorita del Sultán en las ruinas de Medina Azahara. He visto a sus efigies vivientes, uno pintor, Julio Romero de Torres, majestuoso, los plumeros de sus pinceles eran pestañas de mujer morena y la faca en la liga que al mirarlas iban desprendiéndose, una a una simulando arco iris, perdiéndose en el claro oscuro de su río. El otro artista, un hombre tallado a capricho en mármol blanco, simbolizando en estatua ecuestre y bocelada a cañonazos en la fragua, recuerdo de Flandes a ese otro cordobés, el Gran Capitán: Don Gonzalo Fernández de Córdoba. Me he encontrado con Lucano escribiendo versos para disfrute de Nerón. He visto a Maimónides, a Séneca y a tantos otros que en la penumbra de la noche -tarde se me escapaban sin apenas verlos.

He visto andar silencioso por las calles estrechas a Luis de Góngora recrearse en esas noches, donde el alma se calienta con el vaho del espíritu, andar silencioso por esas calles estrechas de nuestra Córdoba. Nunca un hombre recorrió su ciudad y revivió tanto tiempo con su prosaica descendencia, por unos momentos estuve en todas sus grandezas. Y conforme iba bajando de la sierra, por un momento mi rabillo del ojo, mi mirada se posó en las ermitas, donde unos anacoretas esperan seguir viviendo más allá de la muerte. Vi a Fernandez Grilo esculpiendo flores escrita para recuerdo de esas casitas blancas como palomas / Muy alta esta la cumbre/ la cruz muy alta / para llegar al cielo / cuan poca falta.

Desde allá arriba, el reflejo cristalino del río, mis ojos se abrieron de par en par y, cuando iba bajando se abrió ante mí, mi Córdoba querida. Estabas más radiante que nunca, estabas más hermosa, desde allí, vi tus hermosos pechos, desnudos y tersos, por tus escotes de tu puente, por el centro de tu cuerpo inmemorial, bajaba un torrente de agua, agua del Guadalquivir que, por el crepúsculo del día parecía limpia, cristalina.

No importa que la Semana Santa, Patios y Feria en Córdoba, no esté presente este año. No importa el mes que se plasmen estos acontecimientos. Pero, una vez más, he visto a Córdoba, desde las lomas de mi sierra cordobesa, no me ha importado ver estas efemérides en su tiempo. yo las he visto en mis memorias, es más, su esplendor ha sido para mí un bálsamo de aromas, donde se fundieron los olores y fragancias de los azahares con los mastrantos, las juncias y romero de la sierra. La belleza de los geranios, rosas y gitanillas estaban en todo su esplendor que junto al incienso derramado de las navecillas de los nazarenos han dejado este año una huella difícil de borrar. Mira qué pena la mía / la espera de un año más / mi dolor ya no me duele / me duele mi alegría.

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