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“El peor daño de la humanidad son el fanatismo y la estupidez, y cuando están aliados ya son devastadores. Frente a eso, la cultura es el único antídoto, un pueblo culto no se deja manipular por los fanáticos ni por los estúpidos”. Arturo Pérez Reverte. (Cartagena, Murcia, 25 de noviembre de 1951) Escritor, corresponsal de guerra. Académico de la Rae.

Estamos viviendo uno de los periodos históricos más terribles de la Historia de España. 

El virus chino está arrasando España, como no sucede en ninguna otra parte del globo, a causa de la inacción de un gobierno de incapaces a cuya cabeza se encuentra uno de los individuos más incultos y menos preparados del mundo occidental que supera, incluso, a Rodríguez Zapatero. Su equipo es igual que él, insuperable en incapacidad e incompetencia. 

El presidente del gobierno de España, tiene como récord insuperable por cualquier gobernante mundial, haber sido “pillado” por plagiar su presunta tesis doctoral y desde el 13 de septiembre de 2018, fecha en la que fue pillado, a día de hoy, no ha dado explicación alguna de su fraude. En una nación seria estaría fuera de la política. 

El vicepresidente de este gobierno, Pablo Iglesias, es un comunista que vivía de ser profesor interino de la Universidad Complutense, facultad de Ciencias Políticas. No tiene ni derecho a excedencia para poder volver a ser contratado por esa facultad, al ser únicamente profesor sustituto de otro profesor que ya se ha incorporado a su puesto. En resumen, que, en caso de no cobrar su sueldo como ministro y diputado, engrosaría las colas del paro, al no conocérsele otro oficio ni beneficio. Fuera de esto, nunca ha cotizado a la Seguridad Social como trabajador en empresa privada ni pública. 

No voy a hacer mención más alguna de los ministros vinculados a partidos políticos que forman el gabinete del Doctor “Cum Fraude”, porque como muestra vale un botón.

Con estos mariscales nos enfrentamos a la batalla del coronavirus en España. En consecuencia, el resultado actual de la guerra no puede ser más desalentador.

Han muerto más de 25.000 españoles (entre reconocidos y no reconocidos), en canales de información médica alternativos se habla de 50.000 víctimas; hay más de 600.000 contaminados por coronavirus (entre conocidos y no conocidos), y han llevado a la quiebra al tejido empresarial español y a millones de autónomos y profesionales liberales. Han conseguido engrosar, a la ya importante cifra de parados que había antes del 8-M, 4.000.000 de parados más.

Ha llevado a la economía española a una situación peor que la de la posguerra de 1936-1939, con una caída del PIB del 12% (si queremos ser comedidos en las previsiones), con una deuda pública del 125%, con una prima de riesgo del 127%, con el cierre de más de 200.000 comercios y 150.000 pymes, más el despido previsto de 4.000.000 de trabajadores.

Nunca España tuvo peores gobernantes en el momento más difícil.

Pero … ¿Estos individuos han llegado al poder por casualidad? 

Evidentemente, no.

Es indiscutible que un dirigente o un político no sale de la nada, sino que es producto de un ambiente histórico-cultural y social. La ignorancia de la sociedad de turno y su incapacidad por formular un voto consciente, nos está llevando a la tragedia.

Decía Joseph de Maistre (1753-1821, que sugiere que “toda nación tiene el gobierno que merece” frase que fue modificada por el francés André Malraux (1901-1976) y dijo que no es que “…los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”.

Una parte de la población española se pregunta ¿cómo es posible que podamos haber caído tan bajo? ¿Merecemos tan poco? La contestación a la pregunta es: Si, de este gobierno somos todos culpables.

Mientras en siglos pasados la incultura era una consecuencia inevitable, hoy, quien es una bestia inculta manipulada por los fanáticos y canallas, lo es porque se deja.

En cada conversación cotidiana donde varias personas, con formación, hablan de asuntos banales, siempre sale a colación el asunto de la falta de educación de los españoles, que ahora comienzan a heredar los males de una situación educativa esquizofrénica, que cambia cada cuatro años al albur del partido que ha gobernado con una ley llamada LOGSE, diseñada por el Ministro de Educación Alfredo Rubalcaba, cuyo objetivo era crear dos generaciones de incultos.

España, esa nación milenaria que ha dado al Orbe tres siglos de genios de la Teología, la filosofía, las letras, el derecho, las artes, las ciencias y la milicia, ha dejado su lugar preeminente en la cultura universal, donde era foco del saber al que aportaba a las grandes corrientes culturales de la civilización occidental lo más selecto y sofisticado de la inteligencia de nuestro pueblo, para convertirse en un país vulgar, con la sensibilidad por la cultura de un país tercermundista, en el que pocas cosas funcionan, donde gobierna un comunismo zafio e inculto, con unos líderes políticos que serían desechables en una república bananera y con un pueblo que ha perdido esa chispa fecunda y ese carácter heroico e indomable, que le convirtió en el más grande de los pueblos de la Historia.

La abrumadora verdad de España, es que la Cultura ha sido ignorada o manipulada por los que mandan y han mandado. Nuestros conciudadanos han perdido los valores eternos y el individualismo fecundo que inspiraba su espíritu y lo han transformado en un egoísmo particular estéril que se diluye en una colectividad amorfa e inerte. 

Los líderes del Mundialismo, desde sus despachos, experimentan con nuestros conciudadanos las fórmulas económicas, políticas y sociológicas que nos afectan. Han enseñado a los españoles a despreciar a los inventores, a los pintores, a los poetas, a los músicos o a los científicos, a los que ven como a unos locos extraños que pierden el tiempo en sus talleres, despachos y  laboratorios, en vez de dedicarlo a eso que ahora se llama “conciliación familiar”, adquirir complicados artículos deportivos que hacen que sea mejor el equipo que el equipado, desplazarse en pro del ecologismo provocando grandes atascos, colapsar los estacionamientos de los parques naturales con sus vehículos y esparcir por la naturaleza detritus y todo ello en lucha contra el cambio climático.

En España la cultura se ha convertido en un añadido al bienestar popular, ya no es nada básico ni fundamental en la vida española. La cultura en nuestra nación, es la prolongación de la larga mano del Estado, es manejada por los funcionarios y bufones del “establishment” que son quienes definen lo que es cultura y la añaden como aliño a programas teledirigidos para el lavado del cerebro de los mansos receptores del mensaje oficial.

Hace solo unos meses, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) hizo público el barómetro, en el que se recogía la información relativa al interés por la Cultura y el hábito de lectura de la población española. En este sentido, la realidad está contra la cultura, demostrando que está muy alejada de la sociedad. Los datos del estudio mostraban que España no solo vivía y vive una crisis económica, sino también una crisis cultural. La sociedad española esta desvinculada de las actividades culturales y el estudio demoscópico mostraba que el 38,2% esporádicamente se preocupaba por la cultura y el 59,1% manifestaba que les interesaba poco o nada la lectura y las artes plásticas. En peor posición quedan el teatro y la danza, que atraen “poco o nada” al 60,4% y 73,2% de la población.

Un 36,1% de la población, afirma no leer nunca o casi nunca y un 20,6% lo hace tan solo alguna vez al mes o al trimestre. Sólo un 0,8% de la población no lectora culpa al precio de los libros no leer, mientras el 42,3% expone que la razón primordial es que no le interesa leer.

¿Podemos pedir en plena crisis del COVID-19, que la sociedad clame por la libertad de pensamiento y de circulación en un país donde la cultura no interesa prácticamente a nadie?

Vivimos en una sociedad donde una de cada cuatro personas, incluso universitarios, cree que el Sol gira alrededor de la Tierra. Pero entre los datos del CIS, late un 53,8% de las personas con estudios superiores que afirma leer todos o casi todos los días, situación que solo se da en el 7,7% de los individuos sin estudios.

Con estos mimbres, en el que sólo una parte de la población es consciente, verdaderamente, de lo que sucede ¿Qué cesto vamos a hacer? 

¿Pueden luchar, estos seres difícilmente animados, por su libertad, su honor, por su rey y por la permanencia de su patria y derramar con ello hasta la última gota de su sangre?

Con estás masas incultas que nacen, se reproducen (y poco) y mueren en torno a un programa televisivo llamado “Sálvame”, es imposible crear una sociedad seria y es muy difícil, que alguno de ellos pudiera presidir con éxito una comunidad de propietarios.

Es evidente, por lo tanto, que por muchas veces que votemos utilizando el sufragio universal, no se puede sacar de las urnas nada bueno para España.

Y esta es la causa por la cual nos gobiernan unos tiranuelos de tres al cuarto, que, por arte de las encuestas cocinadas por Tezanos, manejan a una masa tan iletrada como sus propios líderes políticos: Falconetti y Pablenin.

Estos individuos, con la excusa de dictar un decreto-ley para proteger la salud del gentío de un agente patógeno, han vulnerado la Constitución suprimiendo los derechos y libertades de los españoles, han engañado a los partidos de la oposición, han destruido la libertad de los españoles y han implantado, decreto a decreto, el totalitarismo comunista. 

Estos déspotas nos hacen creer que nos cuidan como un Gran Hermano y que todo lo hacen por nuestro bienestar socialista en esta España invertebrada.

En mi encierro y antes de salir a la calle a luchar por mi libertad, he decidido ratificar con la lectura de los libros, lo que indica mi intuición acerca de las pretensiones de los dictadores Sánchez e Iglesias para con nosotros, utilizando a esa gran masa inculta de nuestro pueblo, para legitimar su poder.

Con la serenidad de quien tiene los fundamentos de su existencia enraizados en el alma y tras analizar a la sociedad lanar que vota en cada convocatoria electoral, he decidido acudir a los gurús que nos mostraron en la mitad del siglo XX el avance del totalitarismo y las consecuencias de su implantación en una sociedad occidental. Entre estos profetas de la llegada del totalitarismo comunista al mundo, se encuentra Eric Arthur Blair más conocido por el pseudónimo de George Orwell, que fue un escritor y periodista británico muerto en 1950 y creador de la premonitoria novela futurista llamada “1984”.

Recomiendo a los confinados, como yo, la lectura de este libro que se adelanta en el tiempo a los que hoy nos sucede y nos muestra con la ficción, como Pablo Iglesias (Gran Hermano) crea la “Policía del Pensamiento” (Marlaska) que vigila que toda la población alienada por la desinformación, asimile la verdad oficial del Estado (número de muertos por coronavirus, cantidad de mascarillas y de test) y como persigue la libertad de expresión y la libertad de las ideas de los súbditos de este Estado, utilizando para ello a una institución (Newtroler”, controladora de los canales de difusión de la verdad (La sexta, TVE, Grupo Prisa etc.) bajo las órdenes de los líderes del Ministerio de la Verdad (Ana Pastor, Ferreras etc) y dando instrucciones para que actúen los funcionarios de ese ministerio al mandato del Jefe de la Policía de Pensamiento ( General José Manuel Santiago Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil) el cual velará por que el Gran Hermano no reciba críticas por su acción de gobierno durante el coronavirus.

Todos ellos se encargan de difundir “la Verdad” a los súbditos y reprimen con la destrucción civil y material, a todos los disidentes de esa verdad. 

Es de reseñar de este libro, el genial 2+2=5, con el que se hace creer a los ciudadanos del estado orweliano, como una mentira se convierte en verdad, por la actuación de los medios y los canales de propaganda del Estado.

En este libro, Winston Smith, el protagonista (que puede representar a cualquier funcionario español de los cuerpos de seguridad del Estado), trabaja como censor en el Ministerio de la Verdad, haciendo una constante revisión de la historia para adecuarla a las circunstancias y preferencias del presente. Él y sus compañeros son controlados, como parte de la masa, por el omnipresente Gran Hermano. 

En el libro “1984”, la pantalla de la televisión observa a cada ciudadano y todo el mundo espía a todo el mundo, al igual que hacen aquellos soplones que creen emular al gran líder y como voluntarios de la “policía del pensamiento”, desde sus ventanas increpan con violencia a sus conciudadanos disidentes que buscan en la calle olisquear de nuevo su libertad, sentándose en un simple banco de la calle para observar el cielo.

¿Nos os recuerda lo que en nos sucede en la actualidad? ¿Nos os recuerda el gobierno de Iglesias y Sanchez al Gran Hermano de Orwell? ¿No os recuerda la situación que describe el libro “1984” al Estado que rige España durante la Pandemia? 

En nuestro encierro, con la complacencia de los cómplices del “dúo del coronavirus”, a los españoles nos gobierna un Estado que controla nuestros terminales telefónicos y nuestras redes sociales, donde recopilan cada gesto, cada compra, cada comentario y cada desplazamiento con una presencia omnipresente en nuestras vidas, teniendo como lema paternalista y orwelliano “no salgas de casa” con la socapa de salvar nuestras vidas y cuidar de nuestro bienestar

Los disidentes no nos cansamos de cuestionar a gritos ¿Quiénes sois vosotros para expropiar nuestra libertad de movimientos, nuestra libertad de información y de expresión? ¿No sabéis que estas libertades las ganaron para nosotros, en combate, nuestros abuelos, los mismos a los que habéis llevado a la muerte por decisión política, limitándoles, por su edad, el acceso a unos hospitales que pagaron con su trabajo?

Orwell entendió en su obra, que los regímenes opresivos, como el nacido en España tras el decreto-ley de 14 de marzo de 2020, siempre necesitan enemigos y si no existen, se los inventan. En “1984” mostró, cómo los enemigos del Estado pueden crearse arbitrariamente atizando las emociones de la gente a través de la propaganda, estrategia que ha seguido Pablo Iglesias culpando a la ultraderecha de cualquier suceso que pudiera afectar a su buen gobierno o a la actualidad de sus camas.

Orwell, en la descripción que hace en su obra “1984” de los “dos minutos de odio” de obligatoria visión para los ciudadanos del Estado, también previó cómo actúan actualmente los medios de comunicación oficiales y oficiosos de España, comprados con 15 millones de euros, los cuales nos obsequian con muchos minutos de odio a cualquiera que sea etiquetado como disidente. 

Al protagonista del libro “1984”, Winston Smith, Orwell le obliga a contemplar la proyección del programa videográfico adoctrinador de las masas, situación que en España empieza a ser cotidiana con los discursos propagandísticos de Iglesias y Sánchez a cuenta del COVID-19.

Winston Smith se da cuenta de que la tortura a la que le sometía en Gran Hermano en “los dos minutos de odio” no era que le forzaran a verlo, sino que para él era imposible sumarse a ello… “Un espantoso éxtasis de miedo y sed de venganza, un deseo de matar, torturar, machacar rostros con una maza parecía fluir a través de todo el grupo de asistentes como una corriente eléctrica” nos explican en un artículo de la BBC comentando el libro.

Como en el libro de Orwell “1984”, los medios de comunicación afines al gobierno de Sánchez e Iglesias, se dedican a alimentar sentimientos contra un enemigo inventado y ese odio, artificialmente fomentado desde el aparato de poder en forma de “bulos”, llega a producir en los españoles que aún pueden pensar, un choque antagónico en su cerebro que les hace dudar de la verdadera existencia de ese enemigo y de sus intenciones perjudiciales a la verdad oficial.

Para nosotros, los “grandes hermanos” dejaron de ser una broma o unos simples personajes de una novela de Orwell, para convertirse en la realidad de unos opresores que se pavonean por las televisiones con coleta y soberbia, manteniéndonos confinados por una Ley Marcial, no proclamada legalmente y aplicada implacablemente a los ciudadanos de una nación llamada España, antes grande y libre y ahora subyugada por unos caciques sin escrúpulos, donde impera su ideología sobre la razón, con el pretexto de que no expanda un coronavirus que ellos mismos, previamente, se han encargado, de propagar un cercano 8-M..

Como en el libro de Orwell, Pablo Iglesias nos hurta el significado del lenguaje. El régimen comunista implantado a golpe de decreto-ley, se propone erradicar muchas palabras y las ideas y sentimientos que significan. Su verdadero enemigo es la realidad y la verdad. Los tiranos como Pablo Iglesias, intentan hacer imposible entender el mundo real y buscan sustituirlo con fantasmas y mentiras que ellos mismo crean.

El pueblo español, confinado en sus viviendas por orden del Gran Hermano, primer incumplidor de la Norma Suprema que nos ha dictado, tiene todo el derecho a revelarse contra él y el primer acto de disidencia que ha de protagonizar es salir a la calle, con mascotas o bolsas de la compra, con mascarillas y guantes, a la distancia de dos metros entre persona y persona, pero salir todos de una vez.

Este acto audaz debe ser igual al primer acto de disidencia de Winston Smith en “1984”, que consistió en ocultarse de la vista de la cámara que todo lo veía, para escribir un diario en el que reflejar su propia visión de sí mismo y de su mundo interior. Sabía que su acto de escribir lo abocaría a la pena de muerte si era descubierto.

Iglesias, como Gran Hermano, ha imitado al Gran Hermano de “1984”, y ha enviado hace pocos días, un comunicado conminando a los medios de comunicación libres, a que retiraran de sus publicaciones, todas las menciones que se hicieran y que pudieran afectar a su honor y al de la que no denomina como su “compañera”, sino que se refiere a ella, simplemente, como “madre se sus hijos”.

Iglesias (Gran Hermano) debe se sentir en su cogote el miedo de un pueblo que se revela contra él, harto de sus caprichos dictatoriales y de sus experimentos para implantar “su” comunismo “low cost” en una sociedad occidental y por la vía rápida, aprovechando una desgracia pandémica y una crisis económica nacional.

El protagonista de “1984” sucumbió a la tortura y tras ella confesó la verdad oficial del Gran Hermano, que “dos más dos es igual a cinco“. 

Winston Smith había descubierto que el totalitarismo y sus proclamas falsas pueden “meterse dentro de ti” y que “algo se muere dentro de tu pecho, quemado, cauterizado”. 

La enseñanza del libro de Orwell “1984”, no es otra que mostrarnos que es lo que puede hacer el poder para aniquilar el yo y destruir la capacidad del ser humano para reconocer el mundo real, sucumbiendo a la verdad oficial en un mundo en que la gente tiene cada vez menos palabras para usar y su pensamiento está distorsionado por el poder de la Verdad Oficial.

El pueblo español ha aceptado una verdad oficial: “Existe el coronavirus y con el confinamiento parará el contagio masivo”.

 Para ello, el Gran Hermano le ha dictado unas reglas que el pueblo ha de cumplir, pero que el Gran Hermano ha incumplido. Iglesias tenía contaminada su propia casa y no ha cumplido la cuarentena a la que obliga a cumplir al resto de los ciudadanos.

El Gran Hermano, ha prohibido a sus súbditos salir de su encierro para adorar a su Dios con el subterfugio de no contaminarse de coronavirus, mientras a otros súbditos distintos les permite abandonar el confinamiento para que adoren a otro dios.

El Gran Hermano Iglesias le ha dicho al pueblo, que aplicaba el estado de alarma del art. 116 de la Constitución y le ha aplicado el estado de excepción.

El Gran Hermano anunció por el canal oficial que sólo podía limitar el derecho de circulación de los ciudadanos por las vías o espacios de uso público y les ha suspendido el derecho a circular por cualquier otro lugar, ya fuera privado o público.

El Gran Hermano ha dictado a sus súbditos que limitaba los movimientos para acompañar a otras personas con discapacidad, menores, mayores, o por otra causa justificada y después ha suspendido el derecho a la libre circulación con nuestros propios hijos, en nuestro propio vehículo aun conviviendo con ellos a diario y no pudiendo viajar en ellos más de una persona con el conductor.

El Gran Hermano Iglesias, ha diseñado sanciones no contempladas en su decreto-ley, aplicables por el sólo hecho de circular un ciudadano, invirtiendo la función de la “policía del pensamiento”, es decir en vez explicar al ciudadano cuales son los límites a su derecho a la circulación, puede interrogarle para que explique por qué de su circulación.

El Gran Hermano en vez de informar al ciudadano de hasta cuando ha de estar confinado y las consecuencias de su confinamiento, les satura con bulos desde los canales del régimen, sobre el número de muertos, afectados y compra de material sanitario. Cuando el ciudadano se da cuenta del contenido del bulo, el Gran Hermano le envía a la “policía del pensamiento, para ser penado” por discrepar de la verdad oficial vertida por el Ministerio de la Verdad”.

George Orwell en “1984” pone las siguientes palabras en la boca de uno de los jefes de la Policía del Pensamiento: “Lo que hacemos es destruir las palabras porque es algo de una gran hermosura”. 

En eso consiste la acción de Sánchez e Iglesias para negar la libertad a los españoles: en adulterar el lenguaje. La última “palabra” oficial del Gran Hermano es” desescalada”

Pero el Gran Hermano Iglesias está asustado porque aun hay españoles que leen y la cultura es una parte importante de sus vidas y son disidentes que pueden reaccionar contra él y contra su poder, haciéndole responsable penal de sus desmanes. En su miedo a la justicia, en vez de proteger a los españoles del coronavirus, se protege de estos españoles, con una sobrerreacción de la ley al estado de alarma y con la instauración por las prisas de un comunismo que le de impunidad como corresponsable de las decenas de muertes causadas por la negligente y dolosa actuación del gabinete de ministros del que forma parte.

El Gran Hermano ha centrado su actividad de gran líder, en vigilar y prohibir el acceso a terrazas y zonas comunitarias de uso no público; elaborar listados de alimentos admisibles por ser de primera necesidad; delimitar la distancia en metros a la que se puede llevar un perro; la prohibición de ceremonias religiosas y la asistencia a lugares de culto y todas ellas son acciones expresamente permitidas por el real decreto del estado de alarma.

Pero el Gran Hermano tiene pavor a que los oficiantes de los actos religiosos católicos ensalcen y enardezcan a las masas contra él y contra su naciente sistema leninista, y por eso ha prohibido los actos litúrgicos y ha interrumpiendo actos religiosos en contra sus propias reglas: 

“… Artículo 11 Medidas de contención en relación con los lugares de culto y con las ceremonias civiles y religiosas

La asistencia a los lugares de culto y a las ceremonias civiles y religiosas, incluidas las fúnebres, se condicionan a la adopción de medidas organizativas consistentes en evitar aglomeraciones de personas, en función de las dimensiones y características de los lugares, de tal manera que se garantice a los asistentes la posibilidad de respetar la distancia entre ellos de, al menos, un metro…”

El Gran hermano Iglesias, está preocupado porque los ciudadanos de su Estado orwelliano, puedan agruparse y manifestarse contra él, y para que esto no suceda, ha vuelto a incumplir su propio decreto de estado de alarma. Dice esa norma sobre la libre circulación:

“.. Artículo 7 Limitación de la libertad de circulación de las personas

 

  • Durante la vigencia del estado de alarma las personas únicamente podrán circular por las vías o espacios de uso público para la realización de las siguientes actividades, que deberán realizarse individualmente, salvo que se acompañe a personas con discapacidad, menores, mayores, o por otra causa justificada…”

 

El Gran Hermano Iglesias, está prohibiendo lo que la ley no prohíbe, utilizando a las fuerzas de seguridad del estado, como una “policía del pensamiento” del libro “1984” de Orwell.

El decreto de estado de alarma no impone lo que desea el Gran Hermano, es decir, que se imponga a la población un confinamiento en su vivienda mientras implanta el régimen bolchevique, sino que el decreto-ley dispone una “prohibición de circular por vías y espacios de uso público”. En ese sentido, los españoles pueden permanecer en las zonas comunes de un edificio o pasear por un bosque de propiedad privada, lo que no es una conducta prohibida ya que esas circulaciones no se efectúan en un espacio de uso público. 

Lo que opine sobre ello la “policía del pensamiento” de turno, es irrelevante, ya que el agente de la autoridad debe limitarse a hacer cumplir lo que está prohibido, no lo que no está prohibido, ya que, en caso contrario, estará prevaricando.

El Gran Hermano Iglesias ha dictado unas normas anómalas que dan pie a que los jefes de la policía orwelliana puedan dar órdenes a sus subordinados, contrarias al propio decreto de 14 de marzo de 2020.

Y ya termino, haciendo mención a un letrero que estaba en la entrada de la Universidad de Cervera en el año 1814, durante una visita del rey felón Fernando VII al citado centro educativo, que decía literalmente una frase que asumiría como propia el Gran Hermano Iglesias: “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar”.

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2 Comentarios

  1. El virus más letal,es el coletavirus,y junto con un embustero que nos quiere meter en la cárcel a los que le criticamos,o hacernos desaparecer,algunos ya tienen experiencia en eso de hacer desaparecer a quienes les estorban para llevar a cabo sus malvados planes,con este gobierno no estamos seguros,algunos antes de votar,deberían ir vivir una temporada en Cuba ,Venezuela o China,a lo mejor cambiaban de opinión.

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