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Todo empezó cuando la verdad es sustituida por la realidad, el conocimiento por la propaganda, el mérito y el esfuerzo por la apariencia ignorante. La verdad es científica, demostrable y alcanzarla requiere inteligencia y trabajo. La realidad es perceptiva, modificable e influenciable, y su construcción solo requiere picaresca en el empeño. Por lo tanto el primer objetivo ha de ser sustituir la verdad por la realidad, la ciencia por la apariencia. Algunos cayeron en la cuenta y se pusieron manos a la obra.

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El conocimiento y la ciencia conducen a la evolución en un proceso en el que la sociedad va integrando esos nuevos saberes de forma tranquila y eficaz, como la lluvia suave penetra beneficiosamente en la tierra. La gente va integrando esas aportaciones en la medida en que las percibe como positivas, las personas que las construyen son los líderes naturales y el saber es un bien apreciado y valorado, convirtiéndose en meta y objetivo. La manera de destruir este orden es la revolución, lo que implica destruir la verdad, lo científico, mientras se va construyendo una realidad artificial y falsa pero acomodada a los intereses de sus ladinos creadores. Es la lluvia torrencial que arrasa lo que encuentra a su paso sin ningún beneficio.

Si no soy capaz de acometer el mínimo esfuerzo, ni tengo ningún ánimo de realizar trabajo alguno que implique el menor sacrificio, pero mi ambición y envidia malsana hacia los que han conseguido el éxito social y económico por la primera vía, son proporcionales a mi ignorancia, es obvio que tengo que utilizar la estrategia del desmonte, del quítate tú que me pongo yo. Y en eso estamos, catervas de ignorantes y mediocres situados en las más altas esferas y responsabilidades de la cosa pública.

En este constructo uno de los cimientos es convencer que la verdad no está en la ciencia, en lo demostrable, sino en lo opinable, en lo mayoritario. De ahí que lo que es  afirmado por una generalidad, pero nunca demostrado, pase a formar parte de la creencia social, y se convierta en verdad. En el mundo actual, esto implica sustituir la opinión pública por la opinión publicada, o desgraciadamente en España, televisada. Es necesario retorcer, subvertir la ciencia, la verdad, ignorarlas, depositarlas en un baúl de recuerdos para nostálgicos o frikis. De ahí llegamos a las aberraciones de tener que admitir como verdades disparates del tamaño de que “los niños tienen vagina y las niñas tiene pene”, o que el  sexo no existe, no está determinado, representando una elección individual en el devenir de los tiempos, confundiéndolo con conducta sexual o sexualidad y olvidando algo tan elemental y genético como XX y XY, olvido por supuesto voluntario y malintencionado. Hay que eliminar la reproducción de la especie resultado de la heterosexualidad, propia de todas las especies de este rango, afirmando prácticamente que la heterosexualidad es delictiva. Y de no lograrse por el camino de la fuerza mediática, se impone por ley cuando surja la oportunidad, como es el caso de la injustificable Ley de Memoria Histórica, imponiendo un relato totalitario frente a cualquiera que por su conocimiento e investigación llegue a postulados contrarios a los de la realidad impuesta a conveniencia. Sirvan algunos ejemplos de los muchos que hemos tenido que soportar, quizás los más groseros.

En esta misma línea se sitúa el interpretar la democracia exclusiva y fundamentalmente como el ejercicio del voto y el establecimiento de mayorías. La mayoría es sagrada, y de ahí ves a cualquier necio repartiendo carnets de demócratas porque acepta de buen grado lo que ha decidido la mayoría, aunque sea la más estruendosa majadería nunca soñada, y tildando de fascista, término que por otra parte desconocen su significado y realidad histórica la mayoría de los que lo utilizan, a todo aquel que ose disentir. El individuo no existe, es la masa, el colectivo, el que ostenta la verdad y la razón. Supuesto muy peligroso, y evidentemente de corte totalitario, en la medida en la que esa masa sea más permeable, indefensa y manipulable, más cómodo será alcanzar el poder y perdurar. Gran falacia admitir como cierto y positivo todo lo que sea decidido por una mayoría. Desgraciadamente la ignorancia está mucho más extendida que el conocimiento. Como la mayoría siempre acierta, el líder, el elegido, es incontestable, incuestionable, es el preferido. Vía directa para el Estado lo es todo, y el Estado soy yo. Solo la terrible constatación de las consecuencias, hace que tras años de sufrimientos, la población asolada pueda comprobar de hecho la ingenuidad de esa en su día mayoritaria decisión.

Es terrible, pero en la actualidad se desprecia la cultura y el conocimiento y se valora, incluso sus representantes se jactan, la ignorancia. En este estado de cosas, cómo no, la semántica y la utilización torticera de los conceptos también juega un papel relevante. El primero es la asimilación de los partidos de izquierda o comunistas, leninistas, chavistas, es indiferente de cara a su tipificación, como progresistas. Que los movimientos ideológicos que a nivel mundial nunca han aportado progreso, sino involución, hambre, miseria y muerte, sean universalmente etiquetados como progresistas, es realmente alarmante y preocupante, y que los que no lo entienden así permanezcan décadas en silencio, lo es más. Que expliquen cuál es el progreso y el régimen de libertad de la Camboya de los Jemeres Rojos, Corea del Norte, que comparen con la del Sur, la URSS, Cuba o Venezuela, por citar algunas. O que pregunten en Taiwán la ilusión que les hace el progresivo anexionismo chino.

Otro concepto vendido como azafrán para aquél que lo posee es la tolerancia, bien absoluto individual y colectivo. Hay que ser completamente tolerante. Pues no, la tolerancia es un valor relativo. Hay que ser tolerante con lo permisible, e intransigente con lo que uno ética o intelectualmente considere que no debe admitir. Pero el mensaje es envenenado y muy peligroso, porque deriva en la génesis de una sociedad blanda y sin capacidad de defensa, auténticas ocas cebadas por los mensajes y cuentos que desde el poder bien político o mediático se quieran colocar para su beneficio. En estrecha relación con la tolerancia, está el “buenismo”. Si es usted tolerante y bueno, y por lo tanto totalmente transigente y manipulable, pasará a formar parte del ejército de los buenos, conducido al cielo de los tontos útiles y mentes acríticas, y premiado con la más absoluta indiferencia, cuando no desprecio.

Hay varios caminos que conducen a la ignorancia y a la indigencia intelectual desde la base. El primero es construir un sistema educativo nefasto. Son múltiples los defectos del mismo, de forma que aquí solo y de forma somera citaré algunos. Relevante es la falta de exigencia, de forma que los alumnos progresan con una ausencia de formación alarmante, prácticamente de forma automática. La demagogia reinante proclama que es para favorecer a los alumnos que tienen más dificultades. Nada más falso, la única pretensión es igualar a todo el alumnado a la baja, cuando no a la nada, que no exista esfuerzo, ni mérito, que nadie destaque y sirva de modelo. El ideal perverso es un alumnado uniforme en la ignorancia y la desmotivación. Al mismo tiempo se consigue otro de los efectos nocivos de esta cultura, que es demostrar la supuesta y cacareada igualdad, igualdad absurda e irreal, pues la más elemental observación nos demuestra que los seres vivos son diferentes hasta en las más elementales especies. La diversidad es la gran riqueza de la vida en nuestro planeta, y empeñarse en lo contrario es otro ejercicio más de esta malvada ingeniería social pretendida. Otro esfuerzo para torcer la evidencia científica, extendiendo la necesaria y justa igualdad de oportunidades con la igualdad absoluta, sin matices. Miren, una fórmula que da realmente muy buenos resultados es poner profesorado de apoyo específico para los alumnos con dificultades, pero eso a ustedes no les interesa y se oponen.

Una estrategia igualmente malsana es enseñar, la verdad es que no sé muy bien qué, sin reflexión, sin proporcionar las herramientas para elaborar un pensamiento propio, sin meditación, sin criterios lógicos, sin despertar la curiosidad que haga que el alumno libremente se pregunte porqués, sin darle una visión humanista de su existencia con el conocimiento real de la historia, el arte, la filosofía, el latín, la literatura, la gramática o la geografía, más allá del arroyo de su pueblo. Muchas de estas disciplinas han desaparecido, y otras se tratan con una superficialidad que las hace insignificantes. Un ciudadano europeo tiene que conocer la historia del cristianismo, no digo su aspecto dogmático, de lo contrario es imposible entender la cultura española y europea. El resultado de este coctel es ignorancia, desarraigo e incapacidad de construir un pensamiento propio. Generaciones de jóvenes, y ya son muchas y no tan jóvenes, blandas sin capacidad crítica, ni de defensa, ni de oposición, el caldo de cultivo ideal para la manipulación. El ser humano, que zozobra ante su final, para sostenerse requiere asirse a su principio, a sus ancestros, a su tierra, a su historia. De otra forma pulula en el espacio como hoja movida por el viento sin punto de agarre.

Mientras, creamos bolsas de desocupados, incapaces de resolver su vida por iniciativa propia, candidatos al desempleo. Pero ahí aparecen los falsos salvadores, encarnados por estos movimientos dedicados a la agitación y subvencionados por sus partidos afines, obviamente de corte leninista revolucionario, que los utilizarán para sus fines a base de indecentes subvenciones. La calle y el vocerío es nuestro. Obviamente la gente trabajadora, la que paga impuestos para el sostenimiento de esta trampa contraria a la razón, y a sus intereses, no puede competir. No se puede pasar el día en la calle, profiriendo estupideces cargadas de mentira y sectarismo. Solo estas mesnadas de indocumentados adoctrinados y pagados para ello, se lo pueden permitir. Otro terreno ganado para la causa incendiaria, la agitación. Te ahorcan con la soga por ti construida.

Vamos construyendo una sociedad mayoritariamente mediocre, desmotivada, desarraigada, indolente, materialista y manipulable. Esta idea de igualdad permite a los ideólogos de la ingeniería social y a sus partidos de izquierda anejos, la discrecionalidad. Suprimidos prácticamente de hecho todos los mecanismos de acceso y ascenso mediante la demostración de mérito y capacidad, en especial en todo lo que rodea el ámbito de acción política, saturado de cargos de libre designación y asesores de cualquier cosa, se transmite una idea transversal, cualquiera sirve para cualquier cargo y no hay cargo con requerimiento específico. Esto alienta la indolencia y la huida de la cultura del esfuerzo, pues no hay recompensa posible, pero lo que es aún peor si cabe, la más absoluta discrecionalidad en la decisión política. No hay límites, ni requisitos. Vía libre para que redomados ineptos con padrino alcancen cotas nunca soñadas. Si a esto añadimos la execrable televisión de seguimiento mayoritario, propagando a los cuatro vientos que los modelos a seguir y el camino del éxito y la popularidad, son una banda de ignorantes y malos actores que siguen un guión oportunista y en ocasiones humillante, pues hemos cerrado el círculo. Así que los modelos son el servilismo, la picaresca y la vulgaridad, por cierto estrategias en las que buena parte de nuestra sociedad se está especializando a la vista de su rendimiento, nunca el esfuerzo, el trabajo, el conocimiento y la capacidad. Es evidente que tiene mucha más dificultad alcanzar el éxito, y es mucho más exigente y restringido en una empresa, en el deporte o en una profesión, que sirviendo de felpudo o ejerciendo el oportunismo.

Esta caterva de ineptos, que han colonizado nuestros sectarios partidos políticos, encantados de haberse conocido y una vez alcanzado lo nunca soñado, se aferran a los cargos y a la pervivencia en el chollo hasta después del más allá. Crean unos aparatos monolíticos interminables, que pagamos increíblemente todos por la inexplicable subvención que ellos mismo se atribuyen. Como la jugada ha salido bien y no ha supuesto mayor esfuerzo, pues rienda suelta a la ambición y al quítate que me pongo yo. Redes clientelares, chanchullos de toda índole y naturaleza, tráfico de influencias, sobornos, comisiones y lo que haga falta. Se compra y se vende todo, incluyendo medios de comunicación, concentrándose el poder. Llega la partitocracia y se hunde la democracia.

Vayamos concluyendo, no pensemos que este estado de cosas es espontáneo. Hay una estrategia perfectamente diseñada en la que participan muchos de los sectores del mal mundial, desde el antiguo propósito de aquella siniestra reunión de presidentes de algunos países, que alarmados por el crecimiento de la población mundial, decidieron que había que prodigar políticas de reducción de la misma, pasando por el intento globalizador suprimiendo las fronteras y las naciones en que está empeñado el archiconocido George Soros y su fundación, que se extiende peligrosamente a gobiernos y organizaciones internacionales, para terminar con el propósito revolucionario del comunismo internacional con el foro de Sao Paulo como estandarte, que sin soporte, ni objetivos, tras la caída de la URSS y la pérdida argumental de la lucha de clases, tiene que buscar nuevos caladeros revolucionarios y de confrontación social.

Para terminar, decir que en este más que peligroso caldo de cultivo, se instaura una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes. La gente confinada, los autónomos arruinados, las empresas perplejas, el paro al acecho, muchas economías familiares  sin recursos para la subsistencia y otras desanimadas o desesperadas por la injusta pérdida de familiares, son un escenario único para el oportunismo totalitario. La ruina, la desesperanza, la alarma social, y el cuanto peor mejor, son la puerta de entrada más diáfana. Alerta y mucho cuidado. Espero que el coronavirus y su diseminación pandémica no formen parte de esta estrategia.

Una sociedad débil sin capacidad de defensa, materialista y manipulable, unos partidos sectarios y totalitarios con la estrategia de la ingeniería social que destruya la ciencia y la verdad y dé soporte a la manipulación, bandas de ninis subvencionados por ellos y dedicados a la agitación, todo ello en un ámbito de democracia fallida convertida en partitocracia, son las causas de la situación actual y lo que nos ha conducido a una permanente crisis. La reversión no es fácil y menos a corto plazo. Hagamos todo lo posible para que la contribución de la situación actual no la haga más dificultosa e irreversible.

TODAS LAS REDES SOCIALES DONDE PUEDES ENCONTRANOS, HAY QUE ESQUIVAR LA CENSURA