“Lo que más me molestó no es que me hayas mentido, sino que, de aquí en adelante, no podré creer en tí.” Friedrich Wilhelm Nietzsche (Röcken, 15 de octubre de 1844-Weimar, 25 de agosto del 1900, fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán del siglo XIX)

Mentidero viene de mentir. Mentidero es un lugar donde se reúne gente para conversar y esparcir bulos. Mentar, hablar de algo o alguien. 

Mentidero y Madrid, son dos sinónimos que desde el Siglo de Oro han estado siempre unidos. Madrid, aunque ahora nos parezca un monstruo urbanístico, para las grandes ciudades mundiales no deja de ser una pequeña Villa y Corte. Es casi como un pueblo. En Madrid se conoce “todo el mundo”.

 Si cuando yo iba con mi abuelo andando por la finca, hacía una maldad, él me decía… “cuidado, que el campo tiene ojos”. Si el campo tiene ojos, ¿Madrid puede tener ojos? ¿Y oídos?

Madrid y sus gentes siempre han tenido ojos y oídos. Ahora también. En Madrid existían tres mentideros de la Villa y los informadores de la época acudían a uno o a otro para hacer propios y luego ajenos, los bulos que por allí corrían. Los mentideros se llamaban, el Mentidero de los Representantes, de las Gradas de San Felipe y de las Losas de Palacio.

Dependiendo de la especialidad de los chismes que se difundían en cada uno, iba el pueblo a disfrutarlos. En esos lugares hizo estragos la sabiduría del refrán “Cuando el rio suena, agua lleva”.

Hasta bien entrado el siglo XIX, en la calle León, cerca de los Corrales de la Pacheca, Burguillos y de la Cruz, se encontraba el Mentidero de los Representantes. Dada su ubicación, en él se reunían actores, mecenas, espectadores, autores, productores, poetas, fracasados y exitosos poetas. En esos tiempos, sin internet y sin redes sociales, había que estar al tanto de los chismes y de los dimes y diretes, que por allí circulaban. sobre los genios de nuestra literatura y el arte escénico que se fueron a vivir a sus aledaños. Había que estar al día de “las verdades” que por allí corrían de boca en boca.

Fueron vecinos del Mentidero de los Representantes: Cervantes, Lope, Quevedo y Tirso de Molina. Góngora también vivió en los aledaños del mentidero, hasta que su “amigo” Quevedo compró la casa en la que vivía y lo echó.

 Lope murió en la calle Cantarrana, hoy llamada calle Cervantes, a pesar de lo poco que entre ellos se estimaban. Góngora murió en la calle del Niño, hoy llamada calle Quevedo y entre ellos había más que palabras. Parece que la caprichosa diosa Historia se vengó de unos para dar el nombre de las rues donde vivieron a los otros y dejar perenne la enemistad que les separaba, quizás azuzada por causa de las cuitas que corrían por el mentidero.

Pero no fueron los únicos que habitaron en ese Mentidero de los Representantes. 

Los tres mentideros tenían por común, que allí se podía discutir, hablar sobre los políticos y famosos, conversar de sus hazañas y miserias, esgrimir con atino opiniones, incluso contratar los servicios de desalmados, mercenarios y ladrones, dispuestos a servir de esbirros a ricos nobles y burgueses para que no se ensuciaran sus manos, con la excusa de defender su honra. 

Madrid siempre ha sido en sí un mentidero, sobre todo si los protagonistas del bulo eran políticos famosos y sus “crímenes” de bragueta. Todo esto y más, era posible en los mentideros, que fueron uno de los lugares de encuentro preferidos por los ciudadanos de Madrid.

Por las posadas y calles, palacios y fondas, cuadras y colmados, donde vivían y ejercían tusonas y cantoneras, junto a cortesanos y soldados, artesanos y escribanos, artistas y siervos, se aireaban amoríos y enredos, se veneraban o criticaban las obras de los famosos, se comentaban las comedias de corrala, se lanzaban venablos envenenados por lengua y pluma contra todo hijo de vecino y no vecino, mientras el Imperio de España palidecía silenciosamente.

En el mentidero se contrataban artistas para interpretar teatro, modelos para pintura y escultura, se buscaban mecenas que poblaran de monedas las obras escritas en papel y  con argumentos del propio mentidero. En definitiva, todo lo relacionado con los notables del espectáculo, habitaba, hablaba y perfumaba esas calles.

Hoy, al igual que en el Siglo de Oro, los madrileños tenemos muchas ganas de hablar y muchas cosas que decir, comentar y criticar, sobre todo tras nuestro obligatorio encierro promulgado por el “dúo del coronavirus”, como ensayo de la cheka en la confinarán a los disidentes. 

Nuestros mentideros actuales son digitales, formados por chats y correos electrónicos, webs y periódicos virtuales, llamadas telefónicas y radios alternativas en youtube.  En estos mentideros actuales, hablan y comentan sus saberes y cotilleos todo tipo de gentes: obreros, campesinos y estudiantes, profesores y alumnos, empresarios y empleados, militares y policías, médicos y enfermeras, limpiadores y reponedores de supermercado, barrenderos y taxistas, vigilantes y amas de casa, niños y mayores; españoles todos.

Los mentideros virtuales que han reemplazado a los Mentideros de los Representantes, las Gradas de San Felipe y las Losas de Palacio, son imposibles de controlar. Ya no se puede enviar, por parte de la autoridad, a los corchetes y guindillas para arrestar a los revoltosos o incómodos comediantes. Guardias y gobernantes, ahora no pueden poner puertas al campo. La “autoridad” ha perdido la autoridad. Ya no está indignada. Ahora es un ricohombre y un hacendado.

El vicepresidente Iglesias ha dejado de ser parte del pueblo y ha pasado a ser miembro de la casta. Ya no vive con el pueblo en Vallecas. 

Ya no puede controlar el mentidero popular, por no habitar en sus aledaños y vivir en un palacio, donde las noticias que corren por los barrios le son ajenas y lejanas. 

Ya no puede clamar justicia ni pedir limosna a los poderosos a la salida de las misas y espectáculos teatrales, porque él es protagonista del teatro del poder y no sólo no da, sino que quita. 

Pablo Iglesias ya no puede defender su honra por sí sólo, como un hombre, sino que ha de acudir a la justicia a que restañen su fama. 

Iglesias no puede enviar a la Santa Hermandad, en nombre del rey, a detener los alborotadores, pues ha mandado hacer una cacerolada contra su rey y los alborotadores se mueven en el ciberespacio.

Iglesias no puede defender su honor con la palabra, porque ha mentido tantas veces, que ya nadie le cree. Ya no va a poder asaltar el cielo, pues en el cielo no se entra con el pecado de la mentira. 

Ya no va a poder dirigir a los ejércitos de los parias de la tierra, porque va en coche oficial y con guardaespaldas que le sirven de asistentes y asistentas, a los que paga sus haberes en el juzgado

Iglesias ya no puede combatir el bulo, porque con su lenguaje inclusivo lo convirtió en bula y con la bula, ha perdido el respeto de sus “esclavos del mundo” de sus “indignados e indignadas”, que ven en él una pieza más del sistema capitalista, al que no le afecta la cuarentena. 

Iglesias no puede arrinconar a ninguna ex novia detrás de una columna, porque ahora se sientan, él y sus lacayos “antisistema”, en los bancos azules donde no hay columnas donde esconder las vergüenzas. Iglesias puede amenazar e interponer querellas en defensa de su honor y del gobierno, pero nadie le creerá, porqué el consejo de ministros en pleno ha mentido a los españoles y esa mentira puede hacerle responsable de la muerte de más de catorce mil españoles y de la quiebra de España. Iglesias no puede ni pasear por el mentidero virtual, porque las masas enfervorecidas le acallarían sus letanías en las que ya nadie cree. Pablo Iglesias no puede acallar el mentidero madrileño ni pasear por su ex barrio querido, del que nunca se iba a ir, porque no puede bajarse del coche blindado desde el que se relaciona con la plebe. 

En el mentidero se dice mucho de Iglesias. En el mentidero se comenta y especula permanentemente de Iglesias y de su futuro, pero en el mentidero, de lo que menos habla el pueblo de Madrid es de la madre de sus hijos o de sus asesores y asesoras ministeriales. 

De lo que habla el pueblo de Madrid en los mentideros y él no lo sabe, es de cómo va a poder cumplir la Agenda 2030 si ha de defenderse a tanta querella criminal que a buen seguro van a interponer contra él los deudos de los fallecidos por su supuesta responsabilidad solidaria. El mentidero chismorrea de cómo va a tener tiempo de ir su poltrona del Ministerio, si una vez abierto el Parlamento y el juzgado, no va a poder conciliar su vida laboral y familiar, con dar explicaciones a jueces y oposición de sus actos y pagar por sus presuntas responsabilidades. 

En el mentidero, el pueblo hace chanzas y alegranzas sobre su pronta fortuna y el origen de la misma; sobre los paraísos fiscales; sobre quién va a pagar la hipoteca de la casa solar del marquesado de Galapagar y sobre el resultado de las investigaciones de la fiscalía boliviana y ecuatoreña por la financiación de su partido. 

Se comenta en el mentidero de la Losa de Palacio, si la fiscalía de Estados Unidos pondrá precio a su cabeza por el resultado de las investigaciones de los expresidentes Correa, Morales, Zapatero y Maduro, mientras pasean atentos y expectantes los guardias de Corps de Palacio, junto a los soldados de los Tercios.

 Sobre lo que menos habla el mentidero, es sobre los memes, los bailes y las asesoras y asesores ministeriales de Iglesias, y él no lo sabe.

1 Comentario

  1. Creo que todo el gobierno TIENE RESPONSABILIDAD CRIMINAL por los más de cuarenta mil ancianos ASESINADOS, objeto d eun HOMICIDIO, doloso o culposo, y/o a los que se ha denegado expresamente LA ASISTENCIA MÉDICA QUE PRECISABAN.
    Y deben de pagar por ello.
    Previas las denuncias correspondientes, por supuesto.

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