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Los días van pasando, lentos, con una parsimonia difícil de pronosticar para los días que se nos avecinan. Nadie nos puede decir después del último estado de alarma que esta tarde se ha prolongado hasta el día 26 de abril. Mis pies los tengo aletargados, mis pasos son lentos, los noto cuando voy subiendo los 8 peldaños que me encaminan hacia la azotea de mi casa. E incluso esta tarde cuando estaba cayendo una llovizna muy fría, no la sentía en mi rostro, solamente cuando me lo tocaba, adivinaba que era de esa lluvia que al atardecer se asomaba a mi azotea. De vez en cuando se oían los trinos de bandadas de pájaros van a pasar la noche al Soto de la Albolafia, Con sus trinos van pasando colirrojos y alcaudones con algunos ruiseñores donde todos quieren llegar al margen del río para pasar sus noches al amparo de los hermosos árboles y sotos que los cubren con sus hojas las noches fría que aún nos quedan por pasar.

Estando arriba, en la azotea, me estaba acordando de mis amigos que, aunque desconocidos, amigos de colegio y de escudos, de mili y de otras muchas vicisitudes, incluso de trabajo, donde me consta que hay varios en hospitales, viendo como enfermos del mismo hospital van saliendo en cajas  mortuorias camino de… no se saben que camino tomaron, muchos de los fallecidos por esta pandemia maldita, traicionara que  con voraces virus han mermado sus vidas hasta llevarlos a la muerte.

Por el atardecer del día, la llovizna y el cielo con su manto gris, veía los pájaros revestidos con alas de color negro, presenciando la muerte de mis amigos y compañeros, patriotas de la mili, compañeros de trabajo y como no de desconocidos, que aunque fuesen anónimos a mi me dan una pena que como se dice en la poesía del Piyayo de  José Carlos de Luna: A chufla lo toma la gente, y a mí me da pena y me causa un respeto imponente.

Todo tipo de muerte sea la que sea, a mi me causa un respeto imponente. Y de mis coetáneos aún más, ya que fueron casi todos estos mayores los que han sucumbido ante esta pandemia, donde entre unos y otros les han mermado sus constantes vitales llegándole la muerte a traición. Estos han sido los que marcaron el camino a una rehabilitación de España. los que la levantaron a fuerza de trabajo en el día a día, cada uno en su trabajo, donde muchos de estos sacaron a sus hijos de aquella hambre que tenía España en aquellos días de la posguerra, todos buscando un trabajo digno, sin subvenciones de ninguna clase. Buscando algo de ahorro para sus hijos para el día de mañana.

Si indigna han sido sus muertes, más indigna ha sido, según se oye, se comenta que hay hijos que no saben en donde están sus padres o sus abuelos. Con fallecidos no se juega, quien sabe en donde estarán sus cuerpos. Este día que estaba yo subido en mi azotea, mirando hacia el cielo, murmuraba para mis adentros, con rabia y una furia desorbitada que, aunque mis piernas estaban aletargadas, firme con la cabeza hacía atrás, firme como si fuese un legionario diciendo: ¡Dios mío! ¿que hemos hecho los mayores, los jubilados y ancianos para merecer esto? Pero… cuando estaba bajando el segundo escalón hacia la puerta de entrada de mi piso, volví hacía atrás aquellos peldaños y una vez de nuevo en la azotea, dije con voz clara y sonora: y…una mierda, están jugando con los muertos.

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