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Está cada día más claro que Antonio García Ferreras, al igual que su esposa censora, no tienen vergüenza. Y les da igual. Les da igual que su sectarismo se note a kilómetros. Les da igual que, mientras no critican lo que hacen unos, critiquen lo que hacen otros haciendo exactamente lo mismo que los primeros. No les importa, se la bufa, se la refanfinfla incluso que se note demasiado. A ellos les da igual todo porque lo único que les importa es la pela, el momio, la viruta.

Y lo que ha hecho esta mañana Antonio García Ferreras es dar un nuevo paso hacia la sinvergonzonería más absoluta, sin más, nada nuevo bajo el Sol. Porque Ferreras ha denunciado esta mañana que Mariano Rahoy se salta el confinamiento para hacer deporte alrededor de su casa. ¿Y eso está mal? Pues claro que está mal, ni Rajoy ni nadie debe saltarse el confinamiento y está obligado, como estamos todos, a cumplir con lo que marca la ley en estos momentos que no es otra cosa que quedarse en casa.

Pero no el problema de Ferreras no es que denuncie lo que haga Rajoy, el problema de Ferreras es que no hace exactamente lo mismo cuando el que lo hace es otro. Ahí es donde llega su sinvergonzonería y su descaro. Ahí es cuando da una vergüneza ajena que es insoportable. Y lo peor de todo es que lo hace por dinero habiendo, como hay, más de 18.000 muertos ya encima de la mesa. Y aquí, Ferreras, en estos casos es cuando se demuestra la valía de alguien que dice ser independiente, cuando es capaz de criticar los dos asuntos por igual. Pero Ferreras no hará eso en la vida porque no es más que un vendido a una causa, a la de su cartera, única y exclusivamente.