Qué gran verdad es esa de que la rutina es algo que se echa de menos siempre que nos falta. Cuando el director general de mi empresa me recordó que tenía que iniciar los trámites para sacar un nuevo eTA para viajar a Canadá y pasar unos días en la sede central, no me apetecía nada. No era la primera vez que lo hacía y yo sabía que los trámites para conseguir el eTA no eran nada difíciles puesto que había webs a través de las cuales lo podía conseguir con facilidad, era más una cuestión de pereza que de otra cosa.

Y no era por nada en particular, mis compañeros de Toronto siempre me habían tratado muy bien. Los trámites para el viaje y para conseguir el eTA con el que poder conseguir entrar a Canadá siempre me habían parecido sencillos pero, la verdad, cada vez me costaba más estar separado de la familia, aunque esta vez fuera para muchos menos días que en anteriores ocasiones.

Todo iba normal con los preparativos, tenía ya el eTA en mi poder y los billetes de Air Canadá prácticamente comprados cuando nos encontramos con la terrible desgracia con la que se ha encontrado toda España y ya llevo confinado en casa tres semanas. Ahora pienso en aquel viaje a Canadá que tanta pereza me daba hacer y lo echo de menos, ahora estoy deseando utilizar ese eTA que ya tengo en mi poder y creo que sería capaz de pasar no unos días, los seis meses que puedo permanecer en Canadá gracias al eTA del que ya dispongo. No ya solo por mi, también por el futuro de mi empresa que espero que no cambie y consiga recuperar el rumbo que tenía antes de que pasara todo esto.

Y ahora es cuando pienso que tampoco era para tanto. Ahora pienso que, total, podía haber hecho más cosas en mi viaje que no hacía en los viajes anteriores. Y no es que no lo hiciera porque no pudiera hacerlo, simplemente no me daba cuenta que podría haber hecho más cosas en lugar de dedicarme solo a trabajar. Del hotel al trabajo y del trabajo al hotel, normal que no lo disfrutara.

Podría haber hecho más cosas en Toronto de las que he hecho, ahora me doy cuenta que, después de viajar allí tantas veces, prácticamente no conozco más que el hotel, algún que otro restaurante y, por supuesto, las oficinas centrales de mi empresa. Podría haber ido al St Lawrence Market, al Distillery District, al Royal Ontario Museum o haberme dado un paseo por El PATH, la ciudad subterránea que permite moverse por el centro de la ciudad en invierno sin salir a la calle.

Pero tras darle muchas vueltas en estos días de encierro estoy seguro de algo: el viaje a Canadá lo voy a hacer con toda seguridad porque más pronto que tarde todo esto pasará. Y pasará antes de que me venza el eTA que ya tengo en mi poder, estoy seguro que no tendré que volver a renovarlo porque, aunque cueste, recuperaremos esa normalidad y esa rutina que tan poco me gustaba antes y que ahora tanto echo de menos.

Nada más recuperar la normalidad lo hablaré otra vez con mi jefe y me pondré en marcha para comprar de inmediato los billetes de Air Canadá y hacer ese viaje que tanta pereza me daba hacer antes, encantado de la vida. Es más, pienso aprovecharlo de tal forma que, cuando tenga vacaciones le propondré a mi mujer pasar allí unos días con los niños, aunque tengamos que sacar un nuevo eTA, eso me da igual.

Pocas cosas positivas se pueden sacar de una situación como esta que estamos viviendo ahora pero si hay una que tengo clara es que siempre he sido un privilegiado, a pesar de que no me diera cuenta. Viajar a Canadá no es ningún castigo y ahora adoro la rutina.