Pietro Ditano
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Recientemente entrevistamos a la miss universo Bárbara Palacios donde nos contaba su testimonio de fe en un mundo que puede parecer tan superficial como el de los concursos de belleza. Hoy traemos la experiencia de un joven que ha conocido el mundo de la moda.

Pietro Ditano es creyente, de 31 años, natural de Santiago de Compostela, hijo de padre italiano y madre española. Fue modelo en ciudades como Londres, Milán o Nueva York y es Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Gestión de la Industria Cinematográfica (UC3M) y está formado (Ciclo Completo) en el Estudio Corazza para el actor (la misma escuela que Javier Bardem). En 2016 fundó Océano Entertainment, una productora de cine comercial con alma, donde trabaja actualmente como cineasta en un documental internacional sobre la Misa, LA MISA: EL BESO DE DIOS, inspirado en el libro homónimo de José Pedro Manglano, cuyo estreno está previsto para el 2021.

Para quien no te conozca, ¿cómo te definirías?

Me considero una persona en búsqueda constante. De la verdad, de Dios, de cómo lidiar con tu propia miseria, de aprender a amar. De la belleza. Me gusta el deporte, el cine, la naturaleza.

Pietro Ditano

Háblanos de tus orígenes, ¿cómo transcurrió tu infancia y adolescencia?

Viví hasta los 19 años en Galicia. Crecí en Santiago, una ciudad pequeña y tranquila -aunque con muchas peleas jaja-, entre deporte (jugaba a baloncesto de forma semiprofesional), familia y amigos. Lo mejor eran los veranos: íbamos de vacaciones con los abuelos a la playa y en agosto con mis padres a Italia a ver a los “nonnos” (abuelos), y a la familia de allá. La comida italiana es increíble; y las playas en Galicia son una pasada, o sea que tuve suerte. Durante el curso, los Domingos íbamos a “la aldea”, una casa que tienen mis abuelos en el campo a las afueras de Santiago, donde nos juntábamos para comer con ellos, con nuestros primos y con nuestros tíos, y jugábamos al fútbol después de comer; también montábamos en bici, hacíamos excursiones con mi abuelo y alguna que otra trastada. Lo recuerdo como un tiempo feliz, aunque lleno de peleas jaja y no fue perfecto desde luego.

¿Cuándo descubriste tu vocación? ¿Tuvo algo que ver tu familia?

Mi vocación es una palabra grande. No sé cuál es mi vocación. La llamada fue a través de un hombre que no me conocía de nada. Se me acercó por la calle en la boca del metro de Tetuán en Madrid una noche y cambió mi vida. Me habló con una autoridad total y con una dulzura increíble. Me dijo que nada de lo que  decía era cosa suya, sino que aquello estaba allí en el aire, y que él sólo me entregaba la carta; añadió que (yo) tenía mucha suerte y que era sacerdote en la vida real. No he visto nada similar.

La familia siempre tiene que ver. Estaba allí con una conocida de mi madre (o sea que fue responsabilidad suya jaja) y estábamos esperando a mi prima, que quería conocer a la mujer con la que estaba yo, que se supone que tenía dones.

Mis padres nos llevaban los domingos a misa en Santiago. Había un sacerdote mayor que daba unas homilías increíbles, cerraba los ojos y se ponía a hablar con una dulzura sobrecogedora. La iglesia estaba hasta arriba. Tenía un don. Eso tuvo que ver también.

 ¿Cómo comenzó tu entrada en el mundo de la moda?

Fue a través de mi hermana y principalmente de mi madre. Ellas me animaron. Había bastantes concursos locales (de El Corte Inglés, de algún centro comercial, de Pantene…) y fui participando. Como me fue bien y conseguía cosas interesantes de modo fácil y rápido, me pareció un camino sencillo para tener éxito.

Pietro Ditano¿Qué experimentabas en aquellos momentos de “éxito”?

Lo fácil que era ser conocido, y lo difícil y duro que era ser anónimo jaja. Es triste pero cierto. Ser conocido te abre muchas puertas, con las chicas ni te cuento. Estamos en un mundo de apariencias, donde vale más la fama que lo bueno. Por suerte esto tiene los días contados.

¿Cómo era tu vida antes de conocer al Señor?

De búsqueda, no mentiré. Pero muy a ciegas. Hoy considero que hay dos formas de ir a ciegas: con el Señor, que te conduce por el camino seguro, pero hay que confiar y a veces es duro; o con el mundo, que también es duro, de mayor satisfacción a corto plazo, pero donde las heridas profundas están garantizadas y el precio a pagar es caro.

Antes leía The Art of Happinness, de Dalái lama, que habla de compasión y de cosas profundas que también me ayudaron mucho a ver al otro como un posible yo (si me hubiesen tocado otras circunstancias). A un asesino, por ejemplo; o a un travesti; incluso una vez me acerqué a hablar con uno. Esto me ayudó a poder mirar a los demás con menos miedo y con compresión. Ahora incluso como creyente me siento tentado a veces de perder esa humanidad, viendo al otro con miedo y al que piensa distinto como enemigo. Esto no es así. Jesús no tenía miedo. Él es la Misericordia de Dios. No me miró con miedo ni con odio cuando yo vivía en lo que es normal a los ojos del mundo: el pecado (en mi caso, de la carne).

Al contrario, me miró con un amor brutal que fue lo que me hizo despertar y buscar. En honor a la verdad he de decir que el budismo, en los momentos duros -y he sido budista practicante, e inscrito, de la rama Shinnyo-en-, no bastó para sostenerme, sino que se esfumó y se volvió insignificante. Necesitamos una roca más sólida cuando te caes al vacío.

¿Qué momento podrías decir que comenzó a dirigir tus pasos hacía Él?

El sacerdote con el que hablo me dijo una vez algo hermoso. Cuando estaba en Milán, el día que vi cómo mi sueño de hacer el desfile de Armani -en el que creía ciegamente por la ley de la atracción (buen engaño) y por el que había sacrificado los últimos 6 meses de mi vida- se rompía en mil pedazos, le grité a Dios al cielo lleno de rabia, borracho -con lágrimas en los ojos-, que por qué me había permitido hacer todo aquello (dejar la carrera, irme de Madrid, desoír a mis padres, amigos, hacer dieta 6 meses -sin gota de azúcar ni harina ni lácteos-, entrenar a lo bestia -comba en ayunas, 300 abdominales, pesas 4 días por semana-, quema-grasas, batidos, de todo jaja; cuando en realidad había sido yo solo, mi elección. Él dice que en ese momento fue cuando realmente Dios me llamó; aunque casi le insulté, la verdad. Ahora creo que es cierto, pudo ser ahí.

Quiero puntualizar sobre los sueños (y la “ley de la atracción”), creo que es necesario e importante: Hay sueños y sueños. Los sueños buenos los pone Dios en nuestro corazón y son luces que nos da: auténticas llamadas para que caminemos y cumplamos nuestra misión en la tierra, para lo que hemos sido creados.

Los sueños malos (o los que necesitan purificación) los pone el demonio en nuestra alma para destruirnos y para que, de paso, hagamos daño a otros. ¿Cómo saber si el sueño es bueno o malo? Por sus frutos cuando los perseguimos. O, si tenemos la humildad y la vida interior suficiente: leyendo la Escritura; y ella misma, que es Dios vivo, nos va iluminando sobre el bien y el mal.

Yo he probado las dos vías, y me quedo con la segunda; de largo. Los daños de la primera son incuantificables, y los beneficios de la segunda, inimaginables. Eso sí, cuanto sabe uno que el sueño es bueno, a por ello. Todo es posible al que cree, Marcos 9:23.

¿Qué circunstancias y personas destacarías en tu proceso de conversión?

Experimentar el vacío del mundo. Que las circunstancias te hundan, que los seres humanos no te comprendan y muchos por miedo te den la espalda, y que los pocos que te tienden la mano no baste y no puedan consolarte… y ahí conozcas que Dios es Dios. Que Él es nuestro único mejor amigo y que no hay nada, absolutamente nada, que no se pueda superar con Él. Que Él sí escucha a los que sufren, y Su oído está atento a los humildes, y que cuando estás hecho m****a no te queda otra que la humildad. Y ahí le reconoces. Y le conoces y eso no se olvida.

El sacerdote con el que charlo a menudo también estuvo ahí. No dándome sermones sino haciendo cosas pequeñas, como arreglarme el tendal cuando estaba enfermo; y en verdad se agradece de corazón, pero como estaba tan j****o no bastó. Sólo Dios.

¿Qué fue lo que finalmente te hizo salir por completo de tu antigua vida?

Él. No sé explicarlo. No hay una razón concreta ni hay un motivo en especial. El día que tuve esa llamada fue fuerte, pero continué con los pecados de la carne una temporada, incluso peor que antes. Fue poco a poco.

Si tengo que quedarme con algo, indudablemente diría el Evangelio, leer o escuchar a Jesús; despacio, sin prisa y con atención y cariño. Eso transforma el corazón y te conduce. De ahí llega todo.

Pensándolo bien, el pecado llegó a darme asco. No por elección, que lo hacía de buena gana, pero llegó un punto en que me angustiaba, me dejaba tan lleno de m****a y con una tristeza tan profunda que me daban ganas de desaparecer. No por moralismo ni culpabilidad (ni siquiera sabía que era pecado -sino no lo hubiese hecho quizá-), si no por cómo me sentía después. Sentía asco y pena. Cada vez lo hacía con menos amor y me daba más asco al final. Me llegaban a ofrecer sexo y me daba pena (tristeza, en castellano).

Luego encontré algo en Marcos 7 que fue definitivo:

Lo que del hombre sale, esto contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos: fornicaciones, hurtos, homicidios, adulterios, codicias, (…); todas esas cosas malas de dentro salen y contaminan al hombre.

Busqué fornicación en el diccionario, porque me sonaba, pero no tenía muy claro lo que era, y ésta fue mi sorpresa: Ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio.

¿Cómo? ¿Que Jesús dijo que las relaciones fuera del matrimonio contaminan el corazón? A la m****a (las dejé definitivamente).

Si tuvieses que definir en una palabra tu conversión, ¿Cuál sería?

Constancia y gracia. Constancia es lo que nos ayuda a ir día a día, la gracia, lo incontrolable, lo que baja del Cielo que es lo que nos hace caminar en verdad.

¿Te gustaría añadir algo más?

Que bendito sea Dios y que seamos radicales. En Él, en nuestra confianza. En el perdón, en la caridad. No nos arrepentiremos ni de una sola de esas cosas y cerca está el que trae la paga.

Muchas gracias por concedernos esta entrevista.

Gracias a ti.

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