Muchas personas saben que es el oro negro, que se ocupa de sostener el funcionamiento de nuestro mundo moderno; una pista por si no te suena la referencia: los países árabes lo producen en cantidades ingentes. Pero pocas saben que cuando hablamos de oro verde nos estamos refiriendo al pistacho, un fruto seco que cada vez aporta más beneficios al campo español y a toda la economía en su conjunto. Despierta verdaderas pasiones, tal y como vamos a ver a continuación.

El pistacho, semilla de crecimiento para la economía en su conjunto

Sabrosos, nutritivos y ricos en potasio, magnesio y antioxidantes, los pistachos son un aperitivo ideal. Se usan también como ingrediente en muchos platos. Su color verde hace que, históricamente, hayan sido muy populares en helados, dulces, o productos de repostería, ya que añaden un toque distintivo y natural irresistible. Hoy en día, su popularidad ha crecido más si cabe gracias a la globalización de la gastronomía. Con el desembarco en España de recetas árabes y americanas, el consumo ha ido aumentando de manera exponencial. Y, con este incremento de la demanda, los precios también han subido, por lo que se está convirtiendo en uno de los cultivos más lucrativos para el campo español: una hectárea de cultivo puede llegar a ofrecer rendimientos de 6000 euros.

La fiebre del pistacho también ofrece maneras indirectas de obtener beneficios, como la inversión en acciones de compañías relacionadas con el transporte, la producción o la comercialización de pistachos o de productos derivados, ya que hay cierta confianza en que experimentarán un crecimiento significativo. También se puede apostar por iniciativas exportadoras para competir a nivel internacional con los dos grandes gigantes exportadores: Estados Unidos e Irán. El campo español tiene ante sí una oportunidad de internacionalización histórica porque, según datos del informe recientemente publicado por Agrodigital, la producción mundial de pistacho ha caído en un 11 % el año pasado, especialmente debido a la mala cosecha registrada en Estados Unidos, país con una cuota mundial de mercado del 57 %.

Un fruto seco que ha enamorado a los agricultores españoles

Como acabamos de ver, son numerosos los atractivos que ofrece el pistacho para nuestra economía: posibilidad de revitalizar nuestro campo, opción de obtener beneficios invirtiendo en empresas relacionadas o apostar por mejorar la balanza comercial internacionalizando la producción nacional. Cada vez son más los agricultores que deciden abandonar otros cultivos más tradicionales y apostar por el pistacho. Destacan iniciativas como la reciente creación de Domo Pistachio, una agrupación de productores que se han unido para darle un impulso a la venta de este fruto seco y crear sinergias que sirvan para facilitar su comercialización. Se calcula que pronto alcanzará los 70 socios con 200 toneladas de producción total gracias a cultivos que se extienden por nada más y nada menos que 1000 hectáreas.

Una marca colectiva privada propia para el pistacho manchego

Las autoridades de Castilla-La Mancha auspiciaron el año pasado la creación de la primera marca privada para el pistacho manchego: Magno Pistachio. Se sentaron así las bases para la obtención de una IGP (Indicación Geográfica Protegida) que reconozca la calidad especial del pistacho cultivado en esta región. Hablamos de la comunidad autónoma líder en cultivo de pistacho con 30 000 hectáreas, por lo que se trata de un paso muy importante, especialmente de cara a favorecer las iniciativas de exportación españolas de este oro verde.

 

En resumidas cuentas, el oro verde podría mitigar el escenario de crisis que se empieza a respirar en nuestro país. Ahora que atravesamos tiempos especiales de incertidumbre económica, la apuesta por el cultivo masivo de pistachos en España parece más atractiva que nunca. Por una parte, pueden contribuir a la generación de empleo en regiones con carencias estructurales de población activa, como el sur y el levante español. Por otra parte, el impacto económico positivo del pistacho va mucho más allá del propio sector agrícola y se extiende, por ejemplo, al de las exportaciones o al de las inversiones bursátiles en empresas relacionadas con la explotación y el transporte de frutos secos. Por último, la atracción de capitales resultante también supondrá un beneficio generalizado para nuestro tejido económico y empresarial.