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Con escaso intercambio de cortesías, el portavoz de los populares, Pablo Casado, se atrincheró en el atril bajo la presidencia del Congreso para aportar algo de cordura en medio de un gobierno aquejado de la esquizofrenia de donde dije Digo, digo Diego. Con aspecto formal y reflejando en fondo y forma el luto de a quien como bien dijo le duele España -porque así está el país, viviendo un drama histórico a pesar del incesante esfuerzo del gobierno por minimizarlo- hizo gala de su estilo tranquilo y moderado sin restar un ápice de contundencia a su discurso. Reclamó lo que media España y parte de la otra consideramos es de justicia y de humanidad: ese minuto de silencio en recuerdo a las víctimas que han tenido que afrontar su muerte en absoluta soledad y con el consiguiente descoloque de la presidenta de la mesa que no tuvo modo diplomático de rechazar la propuesta. Por un minuto, Casado fue la imagen del dolor de todo un país propia de un presidente de gobierno, la imagen  que Sánchez nos niega a los españoles, afrontando una ristra de muertes con absoluta frialdad y faltando a la verdad de forma reincidente; y ni siquiera esta actitud, o quizá por ella, le llega para purgar mínimamente su mala gestión.

El discurso de Casado fue, ni menos ni más, una enmienda a la totalidad de la gestión del gobierno en este maleficio del coronavirus y el peso de sus consecuencias. Alejado de la visceralidad de los extremos, Casado no dejó pasar  la oportunidad de recordar que la tardanza del gobierno en la toma de decisiones está en el fondo de la magnitud de esta tragedia que ya se ha cobrado 23.000 víctimas y muchos más eternos damnificados: los familiares.

Con una potente argumentación, Casado incidió en su alocución en la dramática incapacidad del gobierno para hacer acopio de material de protección profiláctico y de soporte vital básico; lanzó duras acusaciones sobre la ocultación de datos que ha jugado al gobierno una mala pasada dado que las estadísticas oficiales se dan de bruces con una realidad mucho más cruenta. Lanzando en varias ocasiones una dura mirada al banquillo de los diputados contrarios, Pablo, Casado, asestó al gobierno un golpe de efecto haciendo acopio de titulares de la prensa progresista extranjera en la que se trasladaba una imagen nefasta del gobierno de España como gestor de la crisis, por su incapacidad, su balance catastrófico y su inoperancia. Y lo que es más, el triste reflejo de que ésa es la imagen que se tiene del gobierno social-comunista allá donde no llegan los tentáculos de su pretendida censura. El líder de los populares dirigió al presidente una batería de preguntas clave mientras Sánchez le miraba con cara insulsa, sin afectos ni defectos, como aquel que reta a Dios y poco más que invictus a pesar de ser cautivo de sus propios errores y de su extrema vulnerabilidad.

Casado pronunció un discurso duro con quienes no están del lado de España, valiente por su mensaje alternativo al socialista con tintes marxistas, generoso apoyando la prolongación del estado de alarma por responsabilidad y especialmente sincero, escrito de la pluma de a quien le resulta prácticamente imposible restablecer la confianza en un gobierno que avanza y retrocede casi tantas veces como decisiones toma. Además lo hizo con el orgullo innegable de quien lidera proyectos en comunidades como la de Madrid y la de Andalucía, que han sido el epicentro de la previsión y de la buena gestión.

Sin pasar por alto otro de sus logros como ha sido reconducir el pretendido Pacto de Reconstrucción de Sánchez a una comisión parlamentaria con representación de todos los grupos políticos y los agentes sociales que se considere oportuno. Devolviendo así la cuestión a las instancias democráticamente habilitadas para ello.

Sin prisa pero sin pausa dio una lección a la izquierda de transparencia y puesta en valor de las libertades individuales y colectivas; y siempre subyacente en cada una de sus frases el criterio de Estado tan denostado  por quienes, paradójicamente, ocupan la máxima representación de este país con sueldos y privilegios a cargo del erario público y a costa de la economía de todos los españoles.

Casado heredó un partido preñado de muchas sombras y pocas luces, con escasa credibilidad ante la opinión pública y una desconfianza constatada -de propios y ajenos- en un proyecto en decadencia que dio al traste con el mensaje ilusionante y no acertó en las personas capaces de arrasar cualquier otra opción política que se les pusiese por delante.

Con el tiempo el joven que apuntaba maneras, que llegó a la presidencia del partido ganando unas primarias internas a pesar de la furibunda oposición de algunos que se creen barones provinciales, está ganando enteros a marchas forzadas. En mi modesta opinión, tras la pesadilla del coronavirus, Casado saldrá reforzado como líder del partido que necesariamente tendrá que tomar las riendas de este país cuando todo acabe, tanto la crisis sanitaria como la legislatura de quien ha hecho bueno hasta el mismísimo José Luis Rodríguez Zapatero y que pasará a la Historia como la etapa más turbia de la democracia española.

Siguiendo con el debate, Sánchez en su frío escaño y tras soportar el bochorno de ese largo minuto que le hizo ponerse en pie ante el líder de la oposición, más le hubiese valido echar a correr como alma que lleva el Diablo, pero tuvo que volver a intervenir; una vez más, demostró su lado más soberbio y en la necesidad de justificar su brillante gestión, obvió cualquier  mínima autocrítica, como si la cosa no fuese con él y fuese el universo quien tuviese que devolver el equilibrio que una bacteria mutante con cambios antigénicos nos ha robado.

No me cabe la menor duda, porque si me cupiese la mayor me cabrían todas, que el ansiado día en que se produzca el relevo, muchos españoles haremos nuestra la expresión de tanta paz lleven como descanso dejan.

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1 Comentario

  1. A este gobierno de la trola el embuste y la mentira,lo que menos les importa son los muertos,a estos sinvergüenzas lo único que les importa es el poder absoluto y que se le critique,dicen que es incitar al odio las criticas a sus actuaciones,por eso nos tienen encerrados y están recortando nuestros derechos y libertades,nos quieren callados y sumisos al gobierno ellos son la izquierda y no cometen errores por lo tanto no se pueden criticar,solo falta que nos pongáis un chip y un collar,nos vais a arruinar,pero nos tenemos que callar,porque ustedes lo valen, viva la Pepa.

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