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El 8 de febrero de 2010 se produjo la última expropiación televisiva protagonizada por Hugo Chávez, el tirano líder del bolivarismo en Venezuela, durante una retransmisión del programa “Aló Presidente”.  En directo y ante la mirada atónita de los venezolanos, el sátrapa, señalando con el dedo a unos edificios privados, grito con la elegancia selvática que le caracterizaba: “Exprópiese, exprópiese”.

Ese acto arbitrario, a todas luces injusto y sin justiprecio compensatorio, era el resultado de aplicar una ley que el mismo Chávez había promulgado sin consultar a nadie.

En España lo vimos como un hecho exótico, que nos ilustraba. Creímos que esa expropiación “in voce” era un espectáculo circense que se producía en una muy lejana galaxia, donde la distancia de miles de kilómetros nos mantendría indemnes a una enfermedad llamada comunismo.

Ese personaje, con aspecto grotesco de malo película de “James Bond”, acababa de decir adiós a la propiedad privada alegando interés social. Todo sucedía en una nación hermana de habla hispana a la cual nos unen los lazos del idioma, de la religión y de la historia, donde muchos hijos y nietos de españoles viven y han vivido durante varias generaciones.

Esa expropiación se produjo en la Plaza de Bolívar en Caracas, en la zona más exclusiva de la ciudad. Ese injusto acto dictatorial se publicó en la Gaceta Oficial de Venezuela con número 39.272. Por orden del dictador venezolano y al grito de ¡¡¡ Exprópiese!!!  Todos los bienes inmuebles, cambiaban de titularidad y se convertían en bienes de interés cultural, pudiéndose adjudicárselo el estado sin fundamentación alguna.

Ese acto expropiatorio televisado, fue aplaudido por las masas bolivarianas enardecidas ante la fanfarronería de su gran líder, que presumía de su impunidad para disponer de la propiedad privada de todos los venezolanos en pro de la construcción de un estado socialista y mediante la ley conocida como Ley de Propiedad Social. 

Pero el exprópiese no paró ahí. Sí no estaba a salvo la propiedad privada de los bienes inmuebles, tampoco lo estaban las empresas y una tras otras fueron incorporadas al estado venezolano por no corresponder su actividad productiva con los intereses nacionales.

No ha pasado tanto tiempo desde entonces, la galaxia no era tan lejana, no había tanta distancia kilométrica y aquello que decían los venezolanos cuando veían con estupor la dictadura castrista de Cuba: “eso no puede pasar aquí”, ya está sucediendo, pero en España.

El comunismo ha llegado a España y ha entrado por la puerta de atrás, abierta por un traidor. El comunismo, con muy pocos diputados (sólo 35 diputados) tiene una vicepresidencia y cinco ministerios. En ausencia de Hugo Chávez, “el gorila rojo”, la estrategia venezolana para llegar al poder en nuestra patria ha sido seguida al pie de la letra por su sucesor Maduro. En España ya gobierna Pablo Iglesias “marques de Galapagar”, una criatura al servicio de los grandes grupos de poder internacionales y financiado por el gobierno comunista venezolano. 

Esta ha sido una de las grandes operaciones internacionales del gobierno venezolano para salir al exterior bordeando el boicot norteamericano, tanto económico como diplomático, utilizando como agentes a Zapatero (relaciones internacionales), al exembajador Morodo y a su hijo (tesoreros) y a Pablo Iglesias (peón político) como punta de lanza y factótum de sus mandatos, al frente del partido comunista de Venezuela, en España llamado Podemos.

Para esto se ha tenido que financiar y patrocinar a la izquierda española para que llegará a ocupar el gobierno sirviendo de cabeza de puente para desembarcar el comunismo caribeño en Europa.

Para realizar esta operación Pablo Iglesias ha recibido dinero del gobierno de Venezuela, estando pendiente la conclusión de las investigaciones que las fiscalías de Bolivia y Ecuador han emprendido sobre la financiación de Podemos con dinero público de estos países sudamericanos por parte del aparato de captación de fondos de este partido comunista.

Centrándonos en el dinero recibido por Pablo Iglesias del dictador Maduro y del gobierno comunista de Venezuela, ha quedado probado en la sentencia que la Juez Gladys López Manzanares del juzgado de primera instancia nº 84 de Madrid, ha dictado desestimando una demanda que Pablo Iglesias interpuso contra el periodista Sr. Inda a causa de la publicación en OK Diario, de la noticia que relataba que el vicepresidente de la triste figura había cobrado de Maduro la cantidad de 272.000 euros, en una cuenta corriente abierta en el paraíso fiscal de Islas Granadinas en el año 2014. El líder comunista utilizaba cuentas corrientes en paraísos fiscales para recibir dinero de la narcodictadura venezolana.

Pablo Iglesias, desde el poder, ha manejado al egocéntrico, inútil y soberbio Pedro Sánchez, convirtiendo la crisis del coronavirus y los decretos de confinamiento de la población, en la mejor oportunidad que nunca soñó para implantar el comunismo en nuestra sociedad, gota a gota, como una tortura china, hasta llegar a la muerte de la España que conocemos.

Se estreno un triste 8-M, como cualquier comunista, lanzando a las masas contra un peligro conocido que podría acabar con su vida, lo que a la postre ha supuesto la muerte de más de 25.000 españoles (entre reconocidos y no reconocidos), más de 500.000 contaminados por coronavirus (entre conocidos y no conocidos), llevando a la quiebra al tejido empresarial español y a millones de autónomos y profesionales liberales. 

Ha llevado a la economía española a una situación peor que la de la posguerra de 1936-1939, con una caída del PIB del 12%, (si queremos ser comedidos en las previsiones), con una deuda pública del 125%, con una prima de riesgo del 127%, con el cierre de más de 200.000 comercios y 150.000 pymes, más el despido previsto de 4.000.000 de trabajadores.

El endeudamiento de las familias, de los autónomos y de las mercantiles, que ya era notable antes del 8-M (fecha de inicio de la masiva infección que ha asolado España) y la imposibilidad de que estos puedan asumir las obligaciones adquiridas, va a suponer la interposición de cientos de miles de reclamaciones judiciales por parte de los bancos y financieras contra sus clientes, al no poder cumplir, estos, con sus compromisos contractuales. 

Con esta avalancha de reclamaciones, unida al resto de la litigiosidad post confinamiento, se van a colapsar los juzgados de lo social, a causa de los despidos masivos; los juzgados  mercantiles, a causa de los concursos de acreedores de personas físicas y jurídicas; los juzgados de la jurisdicción civil, a causa de las reclamaciones de cantidad, ejecuciones hipotecarias, desahucios, solicitudes de nulidad de contratos y cláusulas etc.; los juzgados de lo contencioso administrativo, a causa de las reclamaciones por responsabilidad patrimonial del estado por la negligente actuación del presidente del gobierno y sus ministros ante la crisis del coronavirus; y los juzgados de la jurisdicción penal, por las querellas y denuncias contra los responsables de la muerte de decenas de miles de españoles a consecuencia de una negligencia punible de los responsables políticos españoles.

Ante esta situación, a España sólo le puede salvar una intervención de Bruselas, que ningún socio europeo se atreve a afrontar.

Con millones de parados en la calle, el caldo de cultivo para la propagación del comunismo es perfecto. Las masas hambrientas van a ser alimentadas por el “telepredicador” Iglesias, que como un falso mesías se presentará como el salvador de los pobres, implantando la cartilla de razonamiento para los “excluidos socialmente” y será él quién decida quién ha de recibir esa cartilla y quién no. Evidentemente a los disidentes sólo les quedará el exilio, la prisión o la muerte por inanición o por otro motivo que bien conoce el abuelo del vicepresidente.

Para poder alimentar a las masas hambrientas, el chimpancé rojo de la sonrisa chueca, tendrá que conseguir liquidez… ¡Expropiando!

Y así se cierra el circulo que comenzó en este trabajo de opinión con el ¡¡¡Exprópiese!!! de Hugo Chávez y termina con el ¡¡¡Exprópiese!!! de Pablo Iglesias.

A día de hoy, lo está cumpliendo. 

Nos ha expropiado la propiedad privada, pudiendo disponer el Estado de nuestros inmuebles.

Nos ha expropiado nuestro derecho a la libre circulación por nuestra patria, convirtiendo el deseo de libertad en un complejo de culpa, con el lema “quédate en casa”, impidiéndonos vivir, buscando el conflicto dentro de nuestro hogar que nos lleve a la fractura y ruptura de la familia.

Nos ha expropiado nuestros bosques y playas, para que no podamos sentir la libertad del aire fresco y del sol, a nosotros y a nuestros hijos, para que podamos seguir sintiendo el miedo del confinamiento y el aliento del líder del estado controlando nuestras vidas.

Nos ha expropiado la alegría de nuestros hijos, confinando a cientos de miles de niños en pequeños apartamentos de ciudad, sin ver el Sol y palideciendo día a día sin poder pasear con sus padres por plazas y parques, mientras el comunista presume de tener suerte y de vivir en una casa de 2000 metros cuadrados de parcela.

Nos ha expropiado el deporte, para nuestro propio bien y salud, ya que, paseando por los bosques, montando la bicicleta o practicando la gimnasia al aire libre y en soledad, podemos recordar que somos libres y enfrentarnos a su tiránico gobierno en las calles, aunque sea en chándal bolivariano.

Nos ha expropiado el arte de la caza y de la pesca, como si los animales salvajes que pueblan pueblos y ciudades, nos fueran a contaminar de coronavirus, mientras destrozan los campos y se alimentan de nuestros cereales, frutas y verduras.

Nos ha expropiado el derecho de libre reunión y manifestación contra los desmanes de este gobierno, lanzando a las fuerzas de seguridad del estado a imponer sanciones injustas e ilegales, al no estar suspendido el derecho a la libre circulación en el decreto de 14 de marzo de 2020. 

Nos ha expropiado la vecindad, convirtiendo en soplones a los adictos del régimen, en el caso de que te saltes el arresto y confinamiento carcelario al que nos ha sometido Iglesias para su mejor provecho.

Nos ha expropiado el derecho a la intimidad imponiendo la geolocalización de nuestros teléfonos con la complicidad de las empresas de telecomunicaciones, con la excusa de controlar nuestra salud.

Nos ha expropiado el derecho de libertad de expresión contratando a empresas “Newtroler”, para que sean agentes del nuevo y naciente Ministerio de la Verdad y decidan que es verdad y mentira.

Nos ha expropiado las redes sociales y nuestras cuentas, para que la población no pueda socializar su indignación, con la excusa de impedir la propagación de bulos, siendo el gobierno el promotor de bulos a diario, comenzando con el número de muertos por COVID-19.

Nos ha expropiado la verdad, mintiendo en cada rueda de prensa de la que es protagonista, institucionalizando la mentira en bien del pueblo, llegando a decir la ministra portavoz que es mejor no decir la verdad que escandalizar con ella al pueblo.

Nos han expropiado el derecho a una tutela judicial efectiva para defender nuestros derechos y libertades y perseguir a los culpables de esta matanza de españoles, amenazando a los despachos de abogados que van a presentar una querella contra el gobierno por las tropelías cometidas, antes y después del 8-M, para que no puedan solicitar su derecho a una tutela judicial efectiva de sus derechos.

Nos ha expropiado nuestro derecho a la libre empresa y a la económica de mercado, cerrando las empresas y negocios y encareciendo el despido para reestructurar las empresas.

Nos ha expropiado nuestro derecho a defender la propiedad privada no pudiendo disponer de nuestros bienes inmuebles y dando legitimidad a los “okupas” para que puedan disponer de nuestra propiedad a su antojo.

Nos ha expropiado nuestra religión y la libertad de culto, prohibiendo e interrumpiendo por la fuerza pública en los templos católicos la celebración de actos religiosos privados 

Nos ha expropiado la Semana Santa y sus celebraciones en pro de nuestra salud y para no expandir el virus, mientras los musulmanes pueden moverse libremente durante la celebración del Ramadán.

Nos ha expropiado a nuestros muertos, impidiendo la posibilidad de despedir a nuestros familiares caídos en esta guerra contra el COVID-19, como manda la Santa Iglesia Católica, es decir que un sacerdote haga la unción a los enfermos delante de los deudos del moribundo.

Nos ha expropiado el Parlamento, cerrando el Congreso de los Diputados e impidiendo ejercer los derechos políticos por medio de los representantes de la soberanía nacional, bloqueando la mesa del congreso e impidiendo hacer interpelaciones y preguntas de control al ejecutivo sobre su actuación y su responsabilidad a causa de la expansión del coronavirus, con carencia de espera para participar de tres sesiones.

Nos ha expropiado la Constitución, la cual no se aplica desde que se dictaron los decretos de 14 de marzo de 2020, aplicándose un estado de excepción no proclamado legalmente, donde no se ha especificado que derechos quedaban suspendidos, imponiendo policialmente la Ley Marcial.

Nos ha expropiado la justicia, dictándose decretos con un contenido distinto a la defensa de los intereses de los españoles y de su salud, para favorecer a los traidores y socios de Sánchez, pudiéndose conceder indultos durante el periodo alarma.

Nos ha expropiado nuestra patria y al rey, enviado al congreso de los diputados propuestas de ley de modificación del código penal para despenalizar los insultos al rey a la patria, e impidiendo que la podamos defender en su integridad, pactando con los separatistas y permitiendo la apropiación de nuestras aguas territoriales por Marruecos y Argelia.

Nos han expropiado nuestro derecho a la vida, decidiendo los políticos a quién hay que dejar morir y a quién no, si esta contagiado por COVID-19, aplicando criterios de edad y no de necesidad, con una Ley de la Eutanasia pendiente de promulgarse.

Nos han expropiado nuestra iniciativa y la superación, y a cambio nos han dado una renta mínima llamada “ingreso mínimo vital puente” como eufemismo para denominar la paga con la que van a subvencionar la fidelidad de los futuros votantes de Iglesias y de los partidos marxistas, condenando a los mejores y a los emprendedores a la emigración por motivos económicos.

Nos ha expropiado nuestro derecho a trabajar, impidiendo por decreto salir todos los días a sacar a delante nuestros negocios y nuestras familias y castigando a los empresarios y a los autónomos, además, a pagar las cuotas a la Seguridad Social y del IVA de las facturas que no han cobrado, para que haya fondos suficientes para pagar al ejército de asalariados del comunismo.

Nos ha expropiado nuestro derecho a la libre adquisición de alimentos, instituyendo las colas en los supermercados, impidiendo el trabajo en el campo, para que se logre el desabastecimiento u que los agricultores no puedan llevar los productos frescos a las ciudades, y controlar los precios de los alimentos.

Nos ha expropiado la libertad de prensa, comprando a las televisiones privadas con 15 millones de euros con cargo a las arcas vacías del estado, para que no muestren ni una sola fotografía a reportaje de los ataúdes donde depositan a nuestros compatriotas, apilados en las morgues y tanatorios improvisados en pistas de hielo de ocio, como si fueran cajas de frutas, porque los servicios funerarios carecen de personal, medios y tiempo para enterrarlos.

Nos ha expropiado nuestro derecho a la información, implantando la censura previa y haciendo ruedas de prensa donde se censura a los periodistas, a los medios no comprados previamente, los cuales ya ni acuden a los programas propagandísticos de “Alo presidente Iglesias” y convirtiendo al Instituto Nacional de Estadística en un órgano de expresión del régimen.

Nos ha expropiado la televisión pública, convirtiéndola en el “Pravda” y en el Izvestia, es decir, un instrumento de propaganda política utilizado por el gobierno, pese a ser pagado con los impuestos de todos los españoles.

Nos ha expropiado a nuestros propios hijos, diciendo públicamente una de sus colegas de gabinete, que eran del estado.

Nos han expropiado, hasta el sexo con el que nacemos, implantando la ideología de género en decretos-ley que nada tienen que ver con la urgencia generada por el COVID-19, para financiar a sus chiringuitos de propaganda ideológica. 

Pero he de recordarle a Pablo Iglesias que por mucho que lo intente a los españoles no nos va a arrebatar el ansia de ser libres y el honor que es patrimonio del alma y el alma es de Dios.