desastre económico
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La atención de los ciudadanos y de los medios de comunicación, está como es lógico, centrada en la evolución de la pandemia y en la lucha contra este enemigo invisible y letal. Pero no hay que olvidar el día después. Es preciso empezar a vislumbrar el escenario posterior al brote más agudo. En China han cerrado ya los hospitales de campaña y son ahora ellos los que bloquean sus fronteras para evitar el rebrote. Sin embargo, la guerra no solamente no ha terminado, sino que acaba de empezar. China se enfrenta a una severa caída del PIB.

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En España estamos todavía en la fase correspondiente a la situación de crisis sanitaria y lucha por salvar el mayor número posible de vidas, eso desde las Comunidades Autónomas, al Gobierno Central ya nadie se molesta ni en pedirle ayuda. Han surgido sin embargo los primeros avisos desde las filas de los eternos herejes. Los economistas liberales seguidores de Hayek. No tenemos aún datos ciertos sobre los efectos de la paralización de la Economía y cuando los haya, el Gobierno intentará maquillarlos, pero esta vez, la realidad se va a imponer de manera inequívoca.

Esta crisis no es la desaceleración de una Economía con un crecimiento sano y sostenido. Es la aceleración exponencial de un declive ya iniciado a causa del gasto excesivo, del déficit inasumible y de la productividad decadente. No sólo por causas internas. La nefasta política monetaria del Banco Central Europeo basada, en criterios keynesianos ya trasnochados y mil veces fallidos, es también responsable en gran medida del escenario aterrador hacia el que nos dirigimos de modo inexorable.

Esta situación, semejante a la Gran Depresión de 1929, no va a poder solventarse a base de propaganda sobre el feminismo ni de criminalizar al Capitalismo en los medios de comunicación del régimen chavista que nos ¿Gobierna? Nada de eso dará de comer a los autónomos desesperados ni a los parados sin ingresos. Pero es que además, esta vez las edulcoradas recetas socialdemócratas, basadas en doctrinas monetaristas fracasadas, tampoco van a servir de ayuda. Las inacabables inyecciones de liquidez, nos han conducido a donde estamos, por tanto, no parecen señalar el buen camino. Ahora es el momento de elegir entre arrojarnos al vacío de una caída sin fin o levantar valientemente el vuelo. El miedo a volar es comprensible, la atracción del vacío, un hecho cierto, pero en esta elección nos jugamos el futuro de dos generaciones.

En el supuesto de que hayamos elegido la opción de remontar el vuelo, es evidente que de inmediato se plantean las preguntas acerca de cómo conseguirlo. La respuesta en realidad es sencilla, aunque su ejecución sea compleja. Para que una Economía pueda levantar el vuelo es necesario incrementar la productividad y eliminar todo aquello que pueda lastrarla.

El punto de partida tiene que ser la certeza de que la recesión continuada no es inevitable y la pandemia del paro no es irreversible. Si ha sido posible concitar los esfuerzos de toda la sociedad española para frenar la curva ascendente de la muerte, también es posible lograrlo para frenar la curva descendente del crecimiento económico. La clave está en no dejar a nadie atrás.

El PIB no es un concepto abstracto. Es el agregado de muchos factores que deben tratarse por separado, midiendo el impacto micro y macro de las medidas que se vayan aplicando. La brújula, en todos los casos, debe ser el incremento de la productividad. Así, cuando se promueve una reducción impositiva hay que vigilar que se produzca el efecto buscado, que no es lograr que el empresario pague menos, sino conseguir que la rentabilidad de su negocio aumente y en consecuencia esté en disposición de crear empleo. Cuando se solicita una reducción en la cuota de los autónomos, no se trata de subvencionarles, sino de colaborar para que su negocio pueda seguir abierto. Es crucial que se adopten medidas para asegurarse de que el tejido empresarial puede mantenerse en este escenario de pandemia. Si no se hace así, tras la peste, vendrá el hambre.

Los indicadores económicos van a declinar con mucha rapidez y de un modo drástico. Al mando tenemos un politólogo experto en “agit prop”, un señor que plagió su Tesis Doctoral y una Licenciada en Psicología sin experiencia laboral. Por tanto, es la hora de proponer soluciones para que después no se pueda argumentar que nadie supo que hacer o que no se podía prever. Se ha visto con claridad y se han ofrecido los remedios. Que la oferta haya sido rechazada es otra cosa.

Ante la grave situación en que nos encontramos, el Gobierno a través de los Decretos que pretende aprobar para paliar los efectos de la pandemia, maneja medidas tales como exonerar a los inquilinos de la obligación de pagar el alquiler, eximir a los deudores hipotecarios del pago de sus cuotas, aprobar rentas mínimas no contributivas, obligar a los empresarios a retribuir permisos durante la cuarentena… es decir, el habitual cóctel populista para aumentar gastos que van a incrementar un déficit ya de por si muy superior a lo que nuestra Economía puede permitirse sin naufragar. El Señor Iglesias me recuerda a los entrañables piratas de Astérix que siempre hundían su propio barco. Esta vez, cuanto más tense la cuerda el Señor Marqués de Galapagar, más rápido caeremos al fondo.

En lugar de tomar decisiones suicidas, es posible y hasta aconsejable, optar por otras más sensatas, que existen y funcionarán si de verdad se aplican, como se ha demostrado en muchos países cuyos sistemas económicos han experimentado un alentador proceso de rehabilitación en el S XX tras la caída del Telón de Acero que tanto gustaba al señor iglesias.

Hay puntos esenciales que es necesario tratar para que en lugar de un barco a pique, seamos un avión a reacción y respecto a ellos, las medidas que se tomen, deben ir dirigidas al incremento de margen de negocio, de la rentabilidad y la productividad que son los factores determinantes de la creación de empleo.

Los autónomos y las pymes, deben recibir un trato preferencial. Tienen que quedar exentos de pago de impuestos hasta que se dé oficialmente por terminada la epidemia. Cuando esto ocurra y durante el plazo que dure la parte más dura de la recesión, con crecimiento negativo del PIB, es necesario aplicar rebajas sustanciales del impuesto de Sociedades, hasta del 50% para que las empresas puedan continuar con el negocio.

Necesitarán también una moratoria de las cuotas a la Seguridad Social que posteriormente podrían pagar prorrateando el importe de lo adeudado, en todo o en parte en función de la recuperación de la facturación.

Estas medidas son coyunturales y van dirigidas a conseguir que el tejido empresarial no se haga trizas. Pero lo realmente necesario es acometer reformas que permitan el crecimiento económico a largo plazo. Es imposible volar con los bolsillos llenos de piedras. Este ha de ser el momento de lo políticamente incorrecto, de que los herejes podamos hablar y actuar, sin ser conducidos a la hoguera.

Debemos promover y poner en práctica, doctrinas blasfemas y mucho más provocadoras que las del señor Iglesias. Es el momento de reducir el sector público, de privatizar de verdad las estructuras para estatales, de calcular el déficit oculto que esconden las empresas públicas de “Sectores estratégicos” , de analizar en detalle dónde va el a parar el impuesto de hidrocarburos y de analizar minuciosamente la facturación de las eléctricas, de preguntarse porqué pagamos de modo encubierto a los sindicatos en ese curioso concepto de “Formación” que sirve para pagar mariscadas.

Si no se actúa con decisión, llegaremos en poco tiempo a una devastación parecida a la que sufrió Grecia, cuando ya, al borde del abismo, tuvieron que reducir de modo dramático el importe de las pensiones y los sueldos de los funcionarios. Esta vez, contrariamente a los disparates propuestos por Iglesias, es el Estado el que tiene que ajustarse el cinturón para que puedan comer los ciudadanos.

En resumen, es necesario aplicar la mayor cantidad posible de recursos a conseguir que aumente la rentabilidad de todos los sectores. Esto excluye también la socorrida práctica de inyectar liquidez, que sólo consigue crear empresas zombificadas y totalmente dependientes.

Eso es suicida y en el caso de España, innecesario ya que cuenta con muchos proyectos innovadores que no salen adelante por el lastre de la excesiva regulación, los impuestos y la falta de medios.

Ante el previsible tsunami económico, es ahora el momento de reaccionar, mientras vemos el agua retirarse de la orilla. Cuando la marea letal empiece a inundar las costas, será tarde.

*Un artículo de Almudena Gómez de Cecilia

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1 Comentario

  1. ESPAÑA POR EL DESAGÜE….

    La mentira constante, la manipulación de los datos, la incompetencia, la desidia, el abandono a los cuerpos de seguridad, la intolerable ineficacia de un gobierno incapaz de controlar un país en crisis…..¡Esto es el Puerto de Arrebatacapas!¡El aquelarre de una noche de Sabath!
    Y lo que es peor, Un Sánchez claudicante ante los maquiavélicos movimientos de Iglesias, y un Gobierno sumido en el más profundo de los caos, que lo único que conseguirá es trasladar ese indecente caos a la economía española y por ende a su sociedad en general. Nos esperan horas negras, de la que seremos deudores todos los ciudadanos; un país enfermo de Covid19 y enfermo económicamente por la nefasta actuación de un puñado de irresponsables e ineptos que nos llevará a la ruina total.
    Para relatar todos los fallos y desaciertos de este Gobierno del desgobierno harían falta más páginas que las del Quijote, y no se necesitan muchas razones para hacerle rendir cuentas a un gobierno que no nos merecemos; no sé si sólo políticamente o también judicialmente, pero, en todo caso, nosotros, el pueblo, tenemos en nuestras manos un instrumento muy eficaz para hacer pagar a Sánchez y su camarilla todos los desmanes que han cometido y que nos han convertido en un país herido casi de muerte, el voto en unas elecciones que, de seguro, no tardarán una vez vencido el Covid19, porque España no puede, ni quiere ni debe, aguantar más el pacto sociocomunista que nos ha arrastrado a la situación que hoy sufrimos y que mañana también sufriremos con fiereza.

    Ismael Eguren

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