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A las ocho de la mañana del jueves 28 de abril de 1994, tres miembros de ETA, dos hombres y una mujer, asesinaban en la localidad vizcaína de Valle de Trápaga al guardia civil JOSÉ BENIGNO VILLALOBOS BLANCO, que recibió dos impactos de bala en la cabeza cuando se dirigía a su trabajo vestido de paisano.

Benigno había salido de su casa, en la calle José Rufino Olaso de la localidad minera, a unos diez kilómetros de la capital vizcaína. Pretendía dirigirse a su trabajo en Aparcavisa, Centro de Control de Transportes Internacionales, donde realizaba labores de vigilancia. Iba solo y vestido de paisano. Se dirigió a coger el coche aparcado frente a su casa y, en el momento en que acababa de introducir la llave en la puerta, se le acercaron los terroristas, hiriéndole mortalmente en la cabeza. Según testigos presenciales, fueron dos los terroristas que dispararon contra el guardia civil, en tanto que otro les esperaba al volante de un vehículo situado en las inmediaciones.

En el lugar del atentado se recogieron tres casquillos de nueve milímetros parabellum. Los terroristas huyeron en un turismo Fiat Tipo, con matrícula falsa de Santander, que abandonaron en la calle Vicente Durañona del barrio de Repélega de Portugalete, cerca de una gasolinera. Miembros de la Guardia Civil y de la Ertzaintza acordonaron la zona, mientras especialistas en desactivación de explosivos inspeccionaron el vehículo en previsión de que pudiera contener alguna bomba, algo que fue descartado más tarde.

La capilla ardiente por el guardia civil asesinado quedó instalada en la tarde del jueves en el Gobierno Civil de Vizcaya y el funeral tuvo lugar al día siguiente, viernes 29 de abril, a las doce de mediodía, en la Iglesia de los Padres Agustinos de la capital vizcaína.

Representantes de todos los partidos políticos, a excepción de HB, mostraron su rechazo por el atentado, que también fue condenado por la Conferencia Episcopal. La Ejecutiva del Partido Socialista del País Vasco, señaló que la organización terrorista “trata de demostrarnos a los partidos democráticos que la generosidad y la tolerancia son un esfuerzo baldío”. Por su parte, IU hizo público un comunicado en el que expresó “su desprecio e ira contenida contra esos individuos que no sólo atentan contra un ciudadano vasco, sino que lo hacen contra toda la sociedad”. El secretario general del PP, Francisco Álvarez Cascos, manifestó que “ETA vuelve a demostrar que su único argumento es el asesinato”. El portavoz del PNV, Joseba Egibar, declaró que el objetivo de ETA es “atraer la atención matando a la gente”. Carlos Garaikoetexea, presidente de Eusko Alkartasuna, dijo que el asesinato de José Benigno Villalobos constata la continuidad de la actividad terrorista que algunos, precipitadamente, daban por terminada. “Creo que, a veces, se habla con excesiva ligereza. Por desgracia, el camino no está despejado”. El ministro del Interior, Antoni Asunción, expresó su “rechazo y condena absolutos” por el atentado y recordó que los terroristas matan siempre que tienen una oportunidad. “ETA mata cuando puede; la mejor respuesta es la que da la sociedad: el rechazo unánime frente a los asesinatos”.

Los autores materiales del atentado fueron miembros del grupo Vizcaya de ETA: Ángel Irazabalbeitia, que fue quien disparó los tres tiros que acabaron con la vida de José; Lourdes Churruca Medinabeitia y José Luis Martín Carmona. En los preparativos del atentado participaron los etarras Jorge Martínez Aedo y Aitor Bores Gutiérrez. Todos ellos fueron condenados en diferentes sentencias, salvo Ángel Irazabalbeitia que falleció en noviembre de 1994 en Lujua (Vizcaya) en un enfrentamiento con miembros de la Ertzaintza al resistirse a ser detenido. En 1997 la Audiencia Nacional condenó a sendas penas de 38 años a Churruca Medinabeitia y Martín Carmona. En 2000 fue condenado a 28 años, como cómplice, Aitor Bores Gutiérrez, y en 2004, tras ser entregado temporalmente por Francia, fue condenado Jorge Martínez Aedo a 32 años por un delito de asesinato.

Las Fuerzas de Seguridad del Estado apuntaron la posibilidad de que sus autores fueran los mismos que veinticuatro días antes, el 4 de abril, habían asesinado en Bilbao al también guardia civil Fernando Jiménez Pascual mediante la colocación de una bomba-lapa en su coche.

José Benigno Villalobos Blanco, de 39 años de edad, estaba casado y tenía tres hijos: dos chicos de 16 y 12 años y una niña de 7. Hijo y hermano de guardias civiles había nacido en la localidad vizcaína de Lemóniz, aunque vivió en Valle de Trápaga desde niño. Estuvo destinado en Vizcaya desde que salió de la Academia del Instituto Armado en 1975. Fue enterrado en Cerezales del Condado (León), localidad natal de sus padres y pueblo donde veraneaba todos los años con su familia.

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