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En torno a las cuatro de la tarde del 2 de abril de 1984, y mientras tomaba un café en el Bar Bautista del barrio bilbaíno de Uretamendi, un etarra disparó dos veces por la espalda a BERNARDO PÉREZ SOBRINO, policía nacional, hiriéndolo mortalmente en la cabeza. Uno de los proyectiles alcanzó al dueño del establecimiento, Lisardo Landeta Olalde, que tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en el Hospital Civil de Basurto de una herida en el brazo.

El etarra entró en la tasca y, tras pedir una consumición, disparó contra Bernardo, que iba de paisano y se encontraba de espaldas al agresor. En el suelo se recogieron, posteriormente, dos casquillos del calibre 9 milímetros parabellum y una bala sin percutir. En la puerta del bar otros dos terroristas esperaban al autor de los disparos en un Seat 133 de color blanco que habían robado veinte minutos antes a punta de pistola. El vehículo apareció, media hora después, en una céntrica avenida bilbaína.

Un familiar de la víctima declaró tras el atentado: “Yo sé que Bernardo no ha hecho nada de lo que se hubiera tenido que arrepentir. Sé que sus asesinos han ido sólo al uniforme”.

En 1986 fue condenado a 29 años de prisión mayor, como autor material del asesinato de Bernardo, el etarra José Félix Zabarte Jainaga. Los dos cómplices que le ayudaron a cometer el atentado no han sido juzgados. Zabarte Jainaga, miembro del grupo Vizcaya de ETA, fue detenido en julio de 1985 junto a otros 17 miembros de la banda terrorista. Zabarte fue condenado a centenares de años de cárcel por su participación en varios asesinatos terroristas. La aplicación de la doctrina Parot impidió que saliese de prisión en marzo de 2008, estando prevista dicha salida para 2015. Si es así, para esa fecha habrá cumplido 30 años de cárcel.

Bernardo Pérez Sobrino era de Carrión de Calatrava (Ciudad Real), pero vivía en el País Vasco desde hacía más de diez años. Tres años antes de su asesinato había ingresado en el cuerpo de la Policía Nacional y estaba destinado en Bilbao. Tenía 27 años. Estaba casado con María del Carmen Medina González, también de 27 años, que sufrió un ataque de nervios al conocer la noticia del asesinato de su marido. Bernardo y María del Carmen tenían dos hijos.

 

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