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La protección al deudor en la Tradición Católica tuvo una relevancia tan importante en el pasado como desconocida hoy, y es momento de destacarla ahora al objeto de que tomemos conciencia de ella y podamos rehabilitarla en una época como la actual de gran endeudamiento. 

Explicaré su evolución tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, destacando siempre ese aspecto católico de favor hacia el deudor como elemento de universalidad, como misión de llevar la Fe Cristiana a todas aquellas personas que sufren un endeudamiento especialmente gravoso. 

1.- Antiguo Testamento: 

Los textos del Deuteronomio están marcados por el espíritu de los profetas que, arriesgando su vida, hacían frente a los poderosos para exigir el cumplimiento del mandato divino de la justicia social, proclamar el respeto para los pobres y los más débiles, así como para manifestar el rechazo hacia la concesión de préstamos con intereses y exigiendo la remisión de la deuda que esclavizaba a una gran parte del pueblo llano, expoliándoles sus tierras. 

El Levítico [25:10] estableció un año del Jubileo cada medio siglo: «Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores […] y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia»1. De esta manera, cada cincuenta años, los bienes volvían a sus antiguos propietarios que se vieron forzados a venderlos para cancelar sus deudas. Esta disposición impedía que las familias israelitas se hundiesen irremisiblemente en deudas y cayeran definitivamente en la pobreza. Aunque alguien malgastara sus bienes, no podía perder su herencia de manera permanente para su familia. 

Para garantizar el cumplimiento de la Ley, los códigos describían de forma detallada cómo había de realizarse la compra y venta de bienes entre particulares en función del número de años transcurridos desde el aniversario anterior (es decir, del número de años que quedaban antes de tener que devolver los bienes al propietario anterior en el siguiente Jubileo). 

En consecuencia, el plazo de 50 años era de alguna manera como una ley de segunda oportunidad, o de reseteo en el cumplimiento de las obligaciones pecuniarias, que permitiría una especie de amnistía por las deudas previas y un comienzo de nuevo, al menos para los descendientes de aquellos que por ellas habían malvendido sus bienes. 

Por su parte, el profeta Isaías señalaba con advertencias a los acaparadores de propiedades: «¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?» (Isaías. 5:8) 

Ezequiel añadió «¡Basta ya, oh príncipes de Israel! Dejad la violencia y la rapiña. Haced juicio y justicia; quitad vuestras imposiciones sobre mi pueblo, dice Jehová el Señor. Balanzas justas y medidas justas tendréis» (Ezequiel 45: 9-10) 

1 http://cadtm.org/La-remision-de-las-deudas-en-la#nb2 “La remisión de las deudas en la Tierra de Canaán durante el primer milenio antes de Cristo” (Consultado el 5 de abril de 2020) 

Jeremías por su lado exigió a los poderosos de su reino que liberaran de forma inmediata a todos los siervos por motivos de deuda (Jeremías 34: 8-17). 

Nehemías apostó decididamente por la justicia social, como se contiene en el siguiente relato en el que exigió la devolución por la oligarquía de la época a los pobres todos los bienes que les habían arrebatado: «Y me enojé en gran manera cuando oí su clamor […] reprendí a los nobles y a los oficiales […] Os ruego que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y la centésima parte del dinero, del grano, del vino y del aceite, que demandáis de ellos como interés […] Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío» (Nehemías 5: 6-13). 

Lo que se buscaba con estos mensajes proféticos de condonaciones de deuda era mantener un equilibrio social, para evitar que unos tuvieran que endeudarse con otros eternamente, de tal manera que la justicia social se convirtió en uno de los ejes vectores de la tradición cristiana en sus orígenes o raíces más primigenias de su base judía. 

Desgraciadamente, este sistema de condonación de deudas se fue degradando con el tiempo, desde el momento que el rabino Hilel estableció un decreto según el cual los deudores debían en adelante firmar que renunciaban al disfrute de su derecho a la remisión de las deudas, alejándose así de una clara línea establecida por los Profetas. Es decir, por la vía de la interpretación maliciosa de la Ley divina se le privó de contenido práctico a todos los efectos. 

Para el Antiguo Israel era una desgracia llegar a ser deudor 2. Así Proverbios 22:7 dice “El rico domina al pobre, y el que pide prestado es esclavo del que presta” y establecía el mandato al Pueblo de Dios de que fuera generoso con sus compatriotas, prohibiéndoles que se aprovecharan con ellos imponiéndoles un interés. Éxodo 22:25: “Si le prestas dinero a un pobre de mi pueblo, a alguno que esté entre ustedes, no lo debes tratar como los prestamistas. No deben cobrarle intereses”. 

Deuteronomio 15: 7,8: “Si alguno de tus hermanos se queda pobre en medio de ti en una de las ciudades de la tierra que Jehová tu Dios te dará, no endurezcas tu corazón ni le cierres tu mano a tu hermano pobre. Debes abrirle tu mano generosamente y prestarle sin falta cualquier cosa que necesite o no tenga”. 

Salmo 37:26: “Él siempre presta con generosidad, y a sus hijos les espera una bendición”. 

Salmo 112:5: “Al hombre que presta con generosidad le va bien. Maneja sus asuntos con justicia”. 

Salmo 41.1: “Feliz el que trata al desfavorecido con consideración; Jehová lo rescatará en el día de la calamidad”. 

Proverbios 19:17: “El que le muestra compasión al necesitado le hace un préstamo a Jehová, y él lo recompensará por eso”. 

El Antiguo Testamento también recomienda evitar el afianzar la deuda de terceros, como se puede leer en Proverbios 22:26: “No seas de los que estrechan la mano, los que salen como fiadores de un préstamo. Si no tienes con qué pagar, ¡hasta la cama en la que estás acostado 

2 Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1 págs. 669-670 https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/1200001139#h=2 (Consultado el 21 de abril de 2020) te la quitarán!”. Es un advertencia para seguir un camino de moderación en la aceptación de obligaciones de terceros. 

Por su parte en aquel periodo se prohibía tomar como garantía del cumplimiento de una deuda el medio de vida de un deudor: “Nadie debe quedarse con un molino de mano ni con su piedra superior como garantía de un préstamo, porque estaría quedándose con el medio de vida de alguien como garantía” 

Adicionalmente a lo anterior, cada siete años (en el año denominado “sabático”) los acreedores estaban obligados a condonar las deudas de sus deudores en honor a Dios según el Deuteronomio 15:1-3: “Cada siete años debes conceder una liberación de las deudas. Esa liberación se hará del siguiente modo. Cada acreedor liberará a su prójimo de la deuda que tenga. No debe exigirles el pago a su prójimo ni a su hermano, porque se habrá proclamado la liberación de las deudas en honor a Jehová.”. Para evitar dejar de ser generoso según se aproximaba el Año Sabático, el Deuteronomio 15:9 dice claramente “Ten cuidado de no tener este pensamiento malvado en tu corazón: ‘El séptimo año, el año de la liberación de las deudas, está cerca’, no sea que dejes de ser generoso con tu hermano pobre y no le des nada. Si él se queja a Jehová de ti, serás culpable de un pecado”. 

Cuando Israel se alejó de esos mandatos divinos, los deudores excesivamente apremiados se convirtieron en un elemento de restauración de dichos mandatos por la vía de la rebelión legítima. Por ejemplo, fueron muchos los deudores los que se unieron a David, como relata el libro de Samuel 22:2 “Además, se le unieron todos los que tenían problemas o deudas, así como los que estaban descontentos, y David se convirtió en su líder. Había unos 400 hombres con él”. 

Esta situación de alejamiento de la justicia social hacia los deudores que acompaña a las mayores calamidades del Pueblo de Israel la relata el libro de Ezequiel 22: 12: “Dentro de ti aceptan sobornos para derramar sangre. Tú prestas cobrando intereses o para sacar beneficio y consigues dinero extorsionando a tu prójimo. Sí, te has olvidado de mí por completo’, afirma el Señor Soberano Jehová”. 

Después del regreso del exilio en Babilonia, la situación se deterioró entre los judíos porque se instaló la especulación entre ellos con altísimos intereses en los préstamos frente a lo cual el profeta Nehemías les exhortó a rectificar esos comportamientos de usura, lo que finalmente se tradujo en que los acreedores restituyeron sus bienes a los deudores y a prestar sin interés, volviendo así a la Ley de Dios. 

Así lo recoge Nehemías 5:1-13: “Sin embargo, hubo una gran protesta de parte de los hombres del pueblo y sus esposas contra sus hermanos judíos. Algunos decían: “Tenemos hijos e hijas y, entre todos, somos muchos. Necesitamos conseguir cereales para comer y seguir vivos”. Otros decían: “Casi no hay alimento y, para conseguir cereales, estamos poniendo como garantía nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas”. Y otros también decían: “Para pagar el tributo del rey, pedimos un préstamo y pusimos como garantía nuestros campos y nuestras viñas. Nosotros somos de la misma sangre que nuestros hermanos, y nuestros hijos no valen menos que sus hijos. Aun así, tenemos que entregar a nuestros hijos e hijas como esclavos. Es más, algunas de nuestras hijas ya son esclavas. Pero no podemos hacer nada para impedirlo, porque nuestros campos y nuestras viñas ahora tienen otros dueños”. Cuando oí sus protestas y aquellas palabras, sentí mucha indignación. Después de reflexionar sobre esto en mi corazón, acusé a los nobles y a los gobernantes subordinados. Les dije: “Todos ustedes están exigiéndoles intereses a sus propios hermanos”. Además, convoqué una gran asamblea a causa de lo que habían hecho. Les dije: “Hasta donde fue posible, compramos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones para así rescatarlos. ¿Y ahora ustedes van a vender a sus propios hermanos, y nosotros vamos a tener que recomprarlos?”. Al oír esto, ellos se quedaron callados porque no sabían qué decir. Y añadí: “Lo que están haciendo no está bien. ¿No deberían andar en el temor de nuestro Dios para que las naciones —nuestras enemigas— no puedan burlarse de nosotros? Yo mismo, mis hermanos y mis ayudantes estamos prestando dinero y cereales. Por favor, dejemos de prestar con intereses. Por favor, devuelvan hoy mismo los campos, las viñas, los olivares y las casas. Y también devuelvan los intereses que ustedes han estado exigiendo por el dinero, los cereales, el vino nuevo y el aceite que prestaron”. 

Ellos respondieron: “Devolveremos todo y no pediremos nada a cambio. Haremos tal como dices”. Así que llamé a los sacerdotes e hice jurar a los culpables que cumplirían su promesa. Además, sacudí los pliegues de mi prenda de vestir y les dije: “Que el Dios verdadero sacuda así y deje sin casa ni propiedades al hombre que no cumpla esta promesa. Que así sea sacudido y se quede sin nada”. Al oír esto, toda la congregación dijo “¡Amén!”. Luego se pusieron a alabar a Jehová. Y el pueblo cumplió lo que había prometido.” 

Por su parte, Dios bendice la ganancia obtenida con el trabajo y condena la obtenida con fraude. Proverbios 13:11, “La fortuna {obtenida} con fraude disminuye, pero el que la recoge con trabajo {la} aumenta.” 

También hay que destacar que los Sagrados Evangelios condenan el impago de las deudas, pero cuando el deudor no pide por necesidad sino con el ánimo de aprovecharse del acreedor. Salmos 37:21. “El impío pide prestado y no paga, mas el justo es compasivo y da”, con lo que el mandato divino también es devolver lo prestado, siempre que se pueda. 

2.- Nuevo Testamento: 

Durante el Cristianismo se establece un sistema reforzado de ayuda al prójimo necesitado económicamente. En la segunda Carta a los Corintios se dice: «No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes» (2 Cor. 8: 13-14). 

No estamos ante un régimen comunista ni mucho menos sino de un régimen de igualdad, de verdadera misericordia, marcado porque todos somos hijos de Dios, consistente en que lo que le sobre a uno lo comparta con el que lo necesite, de tal manera que en el futuro esa ayuda pueda devolverse hacia quien la otorgó. Un sistema de ayuda y asistencia mutuas, muy alejado de esa “mano invisible” de Adam Smith, padre del liberalismo económico, que parte de un principio de autosuficiencia de quien pretende vivir eternamente de sus propias fuerzas y recursos, sin necesitar a los demás. 

La propia posición de Jesús al respecto de la condonación de las deudas la sitúa el evangelista Lucas al comienzo de su vida pública, cuando al acudir a una Sinagoga, lee el Pasaje de Isaías 61: «Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a 

anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. (…) Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”» (Lucas 4: 16-21). 

El propio Jesús tiene, en relación a la usura y el exacerbado mercantilismo de algunos judíos que llevaban sus negocios junto al Templo, el único gesto de moderada violencia recogido en las Sagradas Escrituras, cuando vuelca sus mesas donde intercambiaban monedas. 

Lucas 6: 34, 35 recoge otro pasaje muy importante de la vida de Jesús: “Y, si les prestan algo a quienes ustedes piensan que van a devolvérselo, ¿qué mérito tienen? Hasta los pecadores les prestan a otros pecadores para recibir lo mismo de vuelta. Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar que se les devuelva nada. Entonces, su recompensa será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso hasta con los desagradecidos y malvados.” 

Por su parte Mateo 5, 42 explica el siguiente testimonio del Hijo de Dios: “Al que te pide algo, dáselo. Y, al que te pide que le prestes, no le des la espalda.” 

Son también abundantes las parábolas de Jesús donde se usa la fórmula de la condonación de deudas. Mateo 18: 23-33: “Por eso el Reino de los Cielos puede compararse a un rey que quiso ajustar cuentas con sus esclavos. Cuando comenzó a ajustarlas, le trajeron a uno que le debía 10.000 talentos. Como el esclavo no tenía con qué pagarle, su amo ordenó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, así como todas las cosas que tenía, para que se pagara la deuda. Pero el esclavo cayó a sus pies, se inclinó ante él y le suplicó: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Esto conmovió mucho al amo, así que dejó que el esclavo se fuera y le perdonó la deuda. Pero aquel esclavo salió y encontró a uno de sus compañeros de esclavitud, que le debía 100 denarios. Él lo agarró y comenzó a estrangularlo. Le decía: ‘¡Paga todo lo que debes!’. Y este compañero suyo cayó a sus pies y le suplicó: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré’. Pero él no quiso escucharlo. Se fue y mandó que lo metieran en prisión hasta que pudiera pagar la deuda. Cuando los demás compañeros esclavos se enteraron de lo que había pasado, se disgustaron mucho y fueron a contárselo todo a su amo. Entonces su amo lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Esclavo malvado! Yo te perdoné toda aquella deuda cuando me lo suplicaste. ¿No deberías haber tenido misericordia de tu compañero igual que yo tuve misericordia de ti?” 

Otra parábola de condonación de las deudas como ejemplo es la contenida en el Evangelio de Lucas 7:41-47: “Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista; uno le debía 500 denarios, y el otro, 50. Como no tenían con qué pagarle, los perdonó generosamente a los dos. Entonces, ¿cuál de ellos lo amará más?”. Simón le respondió: “Supongo que el hombre al que le perdonó más”. Él le dijo: “Contestaste bien”. Entonces se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies, pero ella me ha mojado los pies con sus lágrimas y me los ha secado con su cabello. No me diste un beso, pero esta mujer, desde el momento en que entré, no ha dejado de besarme los pies tiernamente. No me pusiste aceite en la cabeza, pero esta mujer derramó aceite perfumado sobre mis pies. Por eso te digo que los pecados de ella, aunque son muchos, quedan perdonados, porque amó mucho. Pero, a quien se le perdona poco, ese ama poco”. 

El uso sabio de las riquezas (materiales) “injustas” para hacerse amigo de Dios se ilustra con el mayordomo injusto que, cuando estaba a punto de perder su posición, usó su autoridad con perspicacia para hacerse amigo de los deudores de su amo reduciendo sus deudas. (Lu 16:1-9.): “Después, él también les dijo a los discípulos: “Había un hombre rico que tenía un mayordomo. 

A este lo acusaron de malgastar los bienes de su señor. De modo que el hombre lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es esto que estoy oyendo acerca de ti? Rinde cuentas de tu administración, porque ya no puedes seguir a cargo de la casa’. Entonces el mayordomo se dijo a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me va a quitar la administración de la casa? Yo no tengo fuerzas para cavar y me da vergüenza mendigar. ¡Ah!, ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me quiten la administración de la casa, la gente me reciba en su hogar’. Y llamó uno por uno a los deudores de su señor. Le preguntó al primero: ‘¿Cuánto le debes a mi señor?’. ‘Le debo 100 medidas de aceite de oliva’, le respondió. El mayordomo le dijo: ‘Aquí tienes tu acuerdo escrito. Rápido, siéntate y escribe 50’. Luego le preguntó a otro deudor: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. ‘Le debo 100 medidas grandes de trigo’, le contestó. El mayordomo le dijo: ‘Aquí tienes tu acuerdo escrito. Escribe 80’. Y el señor alabó al mayordomo porque, aunque era injusto, actuó con sabiduría práctica. Y es que los hijos de este sistema, al tratar con los de su propia generación, son más sabios en sentido práctico que los hijos de la luz.” También les digo: hagan amigos usando las riquezas injustas para que, cuando estas fallen, sean recibidos en las moradas eternas”. 

En el Padrenuestro que recitó el propio Jesús también se mencionaban las deudas y a los deudores, y digo mencionaba, porque ahora esas palabras han sido suprimidas y sustituidas por “ofensas” y, por lo tanto, entiendo que, en parte, vaciadas de parte de su significado originario y sobre todo de su valor práctico. Mateo 6:12 “perdónanos nuestras deudas, como nosotros también hemos perdonado a nuestros deudores.” 

En la Lectura de Romanos 13:8 se manifiesta una exhortación a evitar el endeudamiento: “No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros”. Es evidente que el sobreendeudamiento acaba generando opresión y notorias injusticias y desgracias en quien lo sufre y en sus personas más cercanas. 

Fue en la Baja Edad Media donde se empiezan a relajar las exigencias contrarias cobrar un interés en un préstamo; en la Suma Teológica del dominico Tomás de Aquino se sostiene la validez de un interés en el prestado otorgado en el ámbito mercantil, pues se fomentan los negocios, cosa que es positiva para el comercio, siempre que produzca ventaja para todas las partes implicadas y siempre pensando en que el deudor va a poder ganar lo suficiente como para devolver el crédito a su financiador. 

Sin embargo, los préstamos de usura, los especulativos, los que buscaban el endeudamiento permanente de los deudores seguían proscritos. 

Según Santo Tomás de Aquino, la verdadera finalidad de la adquisición de riquezas es ayudar a los que lo necesitan y como sostiene el historiador Albert Hyma, siguiendo este planteamiento del Santo, resume su argumentación económica afirmando: “Cuando la necesidad de cierto artículo es extremadamente grave, especialmente en caso de que la muerte acabe siendo el resultado de dicha privación, uno puede, abierta o secretamente, tomar algo de otra persona. Dicha acción no puede considerarse un robo.” 

En plena depresión económica en los Estados Unidos, el famoso sacerdote católico Coughlin afirmó ante su audiencia radiofónica compuesta de cuarenta millones de personas, la mayoría de ellas necesitadas, una actualización de la teoría católica de Santo Tomás de Aquino, afirmando: “Tomar algo de otra persona cuando esta última no está razonablemente dispuesta a compartirla no es robo”. 

Durante el siglo XX el periodo de la Historia de España donde más se combatió el endeudamiento y más se protegió a los pobres frente a los acreedores fue, digan lo que digan, durante el Franquismo. 

La prueba está en que el endeudamiento del Estado a la muerte de Franco apenas llegaba al 7% del Producto Interior Bruto, cuando actualmente estamos en el 130% aproximadamente, y subiendo, y donde los obreros y trabajadores no estaban ni mucho menos tan endeudados como lo están hoy. 

Hay pasajes de la Guerra Civil que nos producen estremecimiento 3, e incluso en personas hoy sobredenostadas por el poder público actual, del planteamiento de ayuda a los pobres que acompañaba a personas vinculadas a Francisco Franco. 

Deseo destacar un único relato en este sentido de un testigo privilegiado de los primeros meses de la Guerra Civil española: 

El fotógrafo Salvador Guinea nos dijo que Millán-Astray no se estuvo quieto en Cáceres en Septiembre de 1936, viajó a Mérida y Badajoz en donde dio surrealistas discursos, en Badajoz se negó a tomar nada de la comida que le tenían preparada en el Ayuntamiento, ordenó que escogieran a 100 obreros de ambos sexos que dieron buena cuenta de las viandas. En la arenga dijo que iban a exterminar a los ricos que no repartieran el dinero con sus criados y obreros”. 

No hay mucha diferencia entre las palabras del profeta Nehemías y las del General Millán Astray, más allá de la distancia temporal de 2.500 años entre ambos. El mensaje común es el mismo; los ricos deben respetar y ayudar a los pobres, y compartir con ellos sus riquezas, y éste fue el espíritu divino que inspiró el movimiento que nació del 18 de Julio comandado por el General Franco, aunque hoy a la Iglesia Católica actual le cueste reconocerlo. 

Pero claro, aquel era un Estado confesionalmente Católico, fundamentado en la Tradición Cristiana, enfocado en la defensa de los débiles frente a los especuladores y poderosos, un Régimen político fiel y leal a las Sagradas Escrituras. 

El régimen político español de la Constitución de 1978 es radicalmente opuesto, y ya ni los ministros juran o prometen sus cargos en presencia de la Cruz, lo que explicaría en parte el caos del endeudamiento actual y la desprotección que sufren los deudores frente a los Bancos, así como la proliferación del Fondos Buitres en nuestra Patria, ante los cuales la actual jerarquía católica guarda silencio, cuando no es cómplice, como es el caso del Cardenal Arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro, que ha promovido la venta de cientos de viviendas sociales destinadas a gente necesitada, de la Fundación Católica Fusara a un Fondo Buitre, sin permitir que sus moradores puedan ejercitar el derecho de retracto de sus viviendas habituales, y así poder recomprar sus casas al precio al que fueron vendidas y seguir viviendo en sus domicilios con sus familias, hijos y ancianos. 

Qué diferencia del actual Arzobispo con el que fuera Obispo de Madrid Eijo Garay, que sí que hizo miles de viviendas para los más pobres en la Capital de España, con el apoyo total del régimen del General Franco, por lo que recibió la Medalla de Oro de la Ciudad de Madrid, honor que le fue retirado por el gobierno municipal de la comunista Manuela Carmena con el apoyo del Cardenal Osoro. 

3 https://www.hoy.es/caceres/equivocacion-amenabar-rodar-20191005202126- nt.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.es%2F (Consultado el 21 de abril de 2020) 

Durante los 45 años de “democracia” en España hemos presenciado una sucesión infinita de abusos por parte de las entidades crediticias frente a los deudores, y no hay cláusula contractual impuesta por los acreedores a ese respecto de los préstamos y créditos que no se haya declarado judicialmente como abusiva o usurera por los Tribunales de Justicia, tanto españoles como europeos: las cláusulas suelo, las cláusulas multidivisa, el procedimiento ejecutivo hipotecario, desahucios masivos, la cláusula IRPH, las tarjetas revolving, los gastos de constitución de la hipoteca, las cesiones de crédito a los fondos buitre, etc etc., y todo ello ante el silencio de la actual Jerarquía Católica, mucho más preocupada por ponerse de perfil con la profanación de los restos mortales de Francisco Franco, con conseguir la inmatriculación registral de sus bienes inmobiliarios, de obtener su “crucecita” en la declaración del IRPF o de no verse gravado por el Impuesto de Bienes Inmuebles en sus propiedades. 

Es lo que tiene el no saber estar a la altura de la Tradición Católica y el desconocimiento de los derechos económicos más básicos que están recogidos en los Sagrados Evangelios, y a los que tenemos que volver, tarde o temprano, todo el Mundo Católico, porque son Ley de Dios y son la mejor manera de superar la actual fase de crónico endeudamiento y sus aniquiladoras consecuencias que padece la Humanidad. 

Conozco muchos sacerdotes católicos, cuyas vidas son santas y entregadas a los más necesitados, pero lo que hace falta en España hoy con carácter de máxima urgencia es una Jerarquía Católica que deje de mirar a lo terrenal y se esmere lo máximo en el cumplimiento de los mandatos divinos, que en este caso se centran en la protección de los deudores frente a unas deudas que están en manos de desaprensivos como son los Fondos Buitre y los Bancos, los cuales les están aplicando condiciones de auténtica esclavitud económica y moral. 

El Mundo Católico no puede permanecer más en silencio ante la nueva esclavitud de la Deuda y debe recuperar el sentido universal de la Justicia Social de origen divino frente a los acaparadores y especuladores.

1 Comentario

  1. Brillante artículo, por el que felicito muy sinceramente a su autor.
    El hombre no puede ser un lobo para el hombre.
    Estamos en el mundo, o más bien en la vida, para ayudarnos, Y NO PARA HACERNOS LA VIDA IMPOSIBLE, LOS UNOS A LOS OTROS.

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