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El 14 de abril de 2020, el líder de Unidas Pandemías, Pablo Iglesias, ha realizado una soflama republicana, añorando a la criminal Segunda República Española. Otro desmán contra el rey que se une a la incitación a una cacerolada contra Felipe VI, tras tomar posesión de su cargo de vicepresidente segundo del gobierno. 

Hoy hace 89 años, el bloque republicano dio un golpe de estado contra la monarquía constitucional, derrocando a Don Alfonso, con la excusa de haber ganado unas elecciones municipales que en realidad el vencedor había sido el bloque monárquico de derechas. Nada que no nos suene en estos tiempos.

El líder comunista que gobierna de facto España, ha homenajeado a “quienes lucharon para que nuestro país pudiera tener, por primera vez, un texto constitucional que hablara de igualdad entre las personas”. ¿Y este individuo es profesor sustituto de un sustituto en la universidad de Ciencias Políticas y desconoce el texto de la Constitución de Cádiz de 1812? Y si lo conoce, vuelve a mentir.

Indirectamente ha lanzado un ataque al rey Don Felipe al refiriéndose a  “todos los compatriotas que imaginaron un país” en el que “jamás viéramos a un Jefe del Estado aparecer vestido con un uniforme militar, porque es un representante del pueblo; donde el ejército estuviera subordinado al poder civil”… “en donde nadie fuera más que nadie y todos –todos– fuéramos iguales ante la ley; donde mandara el pueblo y no el poder económico; donde la corrupción no fuera un instrumento para burlar la democracia”.

En resumen, un ministro de la monarquía que ha prometido lealtad al rey al ser nombrado ministro del Reino, y le vuelve a traicionar en menos de dos meses. ¡Menudo individuo!

Pero hagamos un poco de historia.

Dos reyes.

El bisabuelo de Don Felipe, Alfonso, fue un católico ferviente, dejando aparte las debilidades de la carne que todos los mortales tenemos. Nunca ingreso en la masonería y se resistió a ello, intentando alejar a España de las garras de la “Viuda Negra”, lo que a la postre le costó la corona. Los masones nunca le perdonaron el desplante. Más aun, se implicó personalmente en consagrar España a Sagrado Corazón de Jesús, el 30 de mayo de 1919, para que Cristo protegiera nuestra tierra. Los enemigos de España se conjuraron contra él.

El 30 de mayo de 1919 el periódico de ideología masónico izquierdista, “El Pais” publicó un artículo titulado” La mascarada de la piedad” que comenzaba del siguiente modo:

“Hoy presenciará el pueblo de Madrid el paso de una nueva mascarada de la llamada piedad española. En el Cerro de los Ángeles, en donde se supone el centro de España, quedará inaugurado el monumento al Sagrado Corazón… Quieren que, por medio de esa acotación, aparentemente religiosa, bullan en España pasadas persecuciones, quieren reinar en nombre de Cristo, y en nombre de Cristo exterminar a los infieles, como se hizo con los judíos y los moriscos, quieren ser los amos de la vida española para quemar bibliotecas…”

Este artículo se publicó en ese diario y en la misma página se anunciaba con letras negritas y de gran tamaño la “Candidatura de las izquierdas por Madrid”. “El Pais” de esa época ocupaba el espacio periodístico de la prensa izquierdista, como “diario republicano”. Fue fundado por Antonio Catena y Muñoz en 1887 y era tan sectario y antiespañol, como el que actualmente utiliza como cabecera el mismo nombre.

La candidatura de izquierdas que apoyaba ese diario, estaba encabezada por el fundador PSOE y de la UGT, Pablo Iglesias Posse (1850-1925), en la que figuraban Julián Besteiro (1870-1940) y Miguel Morayta Serrano (1878-1926), masón como su padre Miguel Morayta Sagrario (1834-1917), que fue Gran Maestre de la Masonería española.

 Don Alfonso, en una conversación con el padre Mateo Crawley promotor de la consagración del reino de España al Sagrado Corazón de Jesús, le dijo en tono muy preocupado: 

“Padre, he tenido un gran gusto en cumplir en el Cerro de los Ángeles un deber de católico, pues el enemigo de nuestra fe está dentro de la ciudadela. Y le doy una prueba: en este mismo salón me vi obligado a recibir una delegación de la francmasonería internacional. Unos doce señores. He aquí lo que me dijeron: Tenemos el honor de hacerle ciertas proposiciones y garantizar con ellas que V. M. conservará la Corona y España servirá fielmente a la Monarquía, a pesar de las crisis tremendas que la amenazan, y reinará en un ambiente de paz. Y al preguntar qué proposiciones eran aquellas, dicho señor me presentó un rico pergamino diciéndome: Con su firma pedimos a Su Majestad, dé su adhesión a las siguientes proposiciones: 

1ª, su adhesión a la Masonería; 2ª, decretar que España será un Estado laico; 3ª, para la reforma de la familia, decretar el divorcio y 4ª, instrucción pública laica.

Sin titubear un instante, respondí: Esto ¡Jamás! No lo puedo hacer como creyente. Personalmente soy católico, apostólico y romano. Y como quisieran insistir, los despedí con una venia. Al salir, me dijo el mismo señor: Lo sentimos, pues V. M. acaba de firmar su abdicación como rey de España y su destierro. Prefiero morir desterrado, repliqué con viveza, que conservar el trono y la corona al precio de la traición y la perfidia que me propone”.

El monumento al Sagrado Corazón de Jesús fue inaugurado por Don Alfonso en el Cerro los Ángeles (Getafe-Madrid): “Alfonso XIII vestía uniforme de capitán general y la reina traje gris, con abrigo de seda negra y sombrero del mismo color. A su llegada fue aclamado con gritos de “¡Viva España!” y “¡Viva el rey católico!” 

Las amenazas de los masones no fueron en vano. Alfonso XIII perdió la corona, se implantó una república masónica, se persiguió, hasta el martirio, a la fe católica y el Monumento del Sagrado Corazón de Jesús fue dinamitado.

En fecha de 13 de marzo de 2020, en plena crisis por la infección del coronavirus, con motivo de la celebración del 40º aniversario de la legalización de la Masonería en España, la Gran Asamblea de la Masonería Española concedió, en «votación blanca y sin mácula», la medalla de la Orden Masónica del Fundador con distintivo rojo a Su Majestad el Rey Felipe VI –la misma que ya concedieron a su padre «el emérito» en su día–; con lo cual, a partir de ahora, nuestro actual monarca agrega a sus numerosos títulos el de Caballero de la Orden Masónica del Fundador de los Francmasones Antiguos, Libres y Aceptados de la Única y Reconocida Gran Logia de España, que es la más alta distinción que otorga «la secta».

La Orden Masónica del Fundador con distintivo rojo está reservada a soberanos, jefes de Estado y personalidades que «destaquen por su labor en la promoción del conocimiento de la Masonería en la sociedad». Según ha informado la Gran Logia de España en un comunicado, el título que les corresponde a esta distinción es el de Caballero de la Orden Masónica del Fundador de los Francmasones Antiguos, Libres y Aceptados de la Única y Reconocida Gran Logia de España.

A día de hoy, y que se sepa, la Casa Real no ha emitido comunicando alguno por medio del cual se rechace la concesión de la citada condecoración.

La diferencia entre Alfonso y Felipe, parece evidente y la similitud de los tiempos que corren con lo que aconteció el 14 de abril de 1931 nos ha de poner alerta. Pero Felipe ha aprendido la lección que le dio su antepasado. ¿O no? Parece que sí, y la prueba es que la proclamación de Felipe VI como Rey de España, celebrada en las Cortes, fue un guiño a la masonería: Por primera vez desde el año 589 en que el rey Recaredo se convirtió al catolicismo, se ha apartado a la Cruz y a los Evangelios de la ceremonia, convirtiéndose en la primera proclamación laica de un rey en España.

El poder justifica los medios

A la masonería no le importa la forma del estado. Monarquía y república son un simple juego de palabras, si controlan el estado. Tanto en 1931 como ahora, la masonería ocupa los resortes del poder y en ambas épocas ha existido un riesgo evidente de destrucción de España y de la instauración de la ideología mundialista en su sociedad.

La segunda república fue un régimen masónico y la política de ese tiempo cayó en manos de pequeños burgueses radicales anticatólicos.  La masonería, desde 1931, tuvo una nómina de intelectuales, de militares, de políticos, y de presidentes masónicos. No hay mucha diferencia con los tiempos que corren en el año 2020.

El 14 de abril se proclamó la república, y las logias mostraron su júbilo abiertamente considerando al nuevo régimen como suyo. Habían derrocado al rey católico. 

El Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de Grado 33, miembro de Acción Republicana, Augusto Barcia aseguraba en junio de 1931 que “España será una república democrática o será una anarquía desatada”. Lo vaticinó.

Manuel Azaña Díaz, Diego Martínez Barrio, Segismundo Moret, Alejandro Lerroux, Ricardo Samper Ibañez, Manuel Portela Valladares y Santiago Casares Quiroga, José Giral, Rodolfo Llopis, Álvaro Albornoz y Fernando Valera, fueron presidentes masónicos de la II República.

Actualmente la masonería, entre otras lógias, agrupada en torno al club Bildelberg, nos dibuja en cada reunión, con la nómina de los asistentes secretos y los invitados de cada año, quienes son los que más suenan para ocupar el meritorio título de “masón del año”.

Esta sociedad secreta, que paradójicamente todo el mundo conoce, (pero que nadie cree en que exista), cupa el poder en España desde hace años, con unos políticos masones que ocupan pocos puestos en algunos de los partidos de derechas, sin mucho empaque y con un partido socialista en la cúspide del compás y el cartabón en el que destaca la Sra. Fernández de la Vega, como “papable”, Zapatero como candidato a la purpura y Calviño como “televisable”.

Tanto durante la II Republica como la actual monarquía, la masonería se ha infiltrado en el poder y tocan con las manos el poder, pero lo pierden como se pierde la arena de la playa entre las manos. El poder se les escurre y cae el suelo, sin que puedan remediarlo. La masonería de sillón, logia y sicario, tiene una limitada duración en el gobierno para dar servicio al mal y se aparta del mismo, cuando llega una ideología más letal que ella. La masonería no es mas que la antesala del comunismo. Ocurrió en 1931 ha ocurrido en 2020.

La llegada del comunismo al poder.

El masón Azaña perdió el poder a causa de la fuerza que en las calles y las armas impuso el Frente Popular. Se vio rebasado por las milicias comunistas y anarquistas manejadas por el soviet y por agitadores profesionales. La masonería nunca dominó la calle ni las masas, el comunismo sí lo hizo. 

Se asociaron ambos a causa de tener los mismos enemigos, Dios y España y un mismo objetivo, tomar el poder, pero una vez en el poder, la pugna por el control del mismo les enfrentó.

Esa pugna hizo que en 1936 la situación de la II República estuviera tan deteriorada que muchos de aquellos militares afiliados a la masonería formarían parte del golpe destinado a la rectificación de la república. En manos del Frente Popular, la república se había convertido en un régimen tan insufrible que incluso destacados republicanos terminaron conspirando contra él, no pocos de entre ellos, masones.

Tanto Azaña, como la masonería eran anticatólicos y anti españoles, si bien el presidente de la república sólo pasó por la logia el día en que le dieron el mandil. Los que si eran esbirros de los masones de filiación republicana, eran las hordas de incendiarios que atacaron el patrimonio de la Iglesia Católica, cuestión que quedó despejada por el mismo Azaña cuando afirmó que “todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano” (lo que, implícitamente, revela la seguridad que el presidente tenía acerca de la filiación de los pirómanos); por si no fuera suficiente, Azaña, nos lo vuelve a confesar en su propio diario, cuando relata que apenas unos meses más tarde de la quema de templos católicos recibió en su despacho “al hombre que organizó la quema de conventos del año pasado”.

La república no fue en absoluto un proyecto democrático concebido para la convivencia del conjunto de los españoles, sino un régimen nacido de la convicción de que su legitimidad precedía a la expresión de la voluntad popular. De este modo nadie, sino los propios republicanos, podían gobernarla. 

El poder que la masonería creía dominar desde los despachos y las logias, se perdió en una revolución popular. Ocurrió entonces y sucederá ahora.

El comunismo infiltrado en el gobierno de la republica masónica, consiguió que las turbas del año 1936 ya no fueran las ingenuas masas del 14 de abril, sino las multitudes torvas y violentas, intoxicadas por la propaganda bolchevique y dispuestas a cometer las más sangrientas ferocidades que nunca se habrían conocido en España. A manos de la izquierda, la legalidad saltó por los aires, y con ella la legitimidad de cualquier república, sea la Segunda o la Tercera.

Como hemos visto desde el inicio de este trabajo, Iglesias está al acecho. Busca la III República para dinamitar la monarquía y la Cruz del Valle de los Caídos. El burócrata masónico que nos gobierna, es un muñeco del “pin, pan, pun” del ministro stalinista y este endiosado fantasmón, no se da cuenta que pierde el poder día a día a causa de su soberbia. Un día despertará y le habrán cambiado el colchón y no será por el de Rajoy.

Tanto en 1936 como en 2020, un monigote ocupaba y ocupa oficialmente el poder. Cuando rayaba el verano de 1936, las logias habían perdido buena parte del control. En el verano de 2020, las logias habrán perdido el control. La situación, rayando el verano de 2020, se deteriora igual que se deterioraba en 1936. A Pablo Iglesias no le gusta que el rey vista uniforme militar, tiene miedo al Ejército, al que no domina y que se ha convertido en el último obstáculo para que este guerrillero de pacotilla, se decida a asaltar el poder.

El 18 de julio de 1936, el día que la patria se negó a morir, se salvó España de la siniestra revolución masónica de 1931, la cual acabó en un mal sueño comunista tras un siniestro despertar. En el verano de 2020 los españoles saldremos a la calle a rezar a nuestros muertos en sus tumbas, hartos de confinamiento y manipulación masónica y Dios quiera que con ansias de tomar el poder, vencer al virus y derrocar de nuevo al comunismo, para que ambos no pisen jamás nuestra patria.

2 Comentarios

  1. La República del Coletas,está trabajando a marchas forzadas para instaurar la república bolivariana de España,no se lo podemos consentir,hay que echar a estos comunistas de España.

  2. El Republicano,hace unos cuantos años,llegó a la política española un malvado ser,al cual le gusta ofender a quienes discrepamos de sus ideales,con dinero de varios países extranjeros,hizo una formación política, vivía en un barrio muy humilde de donde jamás iba a salir,pero a algunos la política le da mucho dinero y se olvidan de lo primero,hoy vive en una chabola en una Sierra de España y tiene a sus enemigos vigilando su cabaña,porque es muy valiente para hablar y muy cobarde para actuar,viva España grande y libre,libre de delincuentes,holgazanes y maleantes,libre de políticos tunantes.

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