John Henry Newman

SI ERES EMPRESARIO O AUTÓNOMO Y ESTAS AFECTADO POR LA CRISIS DEL CORONAVIRUS, NUESTROS ABOGADOS PUEDEN RESOLVER TODAS TUS DUDAS SOBRE IMPAGOS, HIPOTECAS, LEASING, DEUDAS BANCARIAS Y CONVENIOS DE ACREEDORES. TE AYUDAMOS Y RESOLVEMOS TUS DUDAS SOBRE CONCURSOS DE ACREEDORES Y APLAZAMIENTOS CON LA BANCA. ENVÍANOS TUS DATOS A [email protected] Y NOS PONDREMOS EN CONTACTO CONTIGO

Durante el siglo XIX inglés, surge un movimiento teológico dentro de la Iglesia anglicana conocido como Oxford Movement o Movimiento de Oxford. Uno de los principales exponentes del mismo fue John Henry Newman, quien recientemente ha sido canonizado por la Iglesia de Roma. Para hablar del movimiento de Oxford y de la figura de Newman entrevistamos hoy al reverendo José Antonio Esteban Alpuente.

José Antonio es reverendo presbítero de la Iglesia Española Reformada Episcopal (Comunión Anglicana) y profesor de Historia y Filosofía del Centro de Estudios Anglicanos.

  1. En primer lugar, ¿cuándo surge el Movimiento de Oxford?

El Movimiento de Oxford surgió en la década de los años 30 del siglo XIX en un momento en el que la pluralidad y la diversidad espiritual dentro de la Iglesia de Inglaterra parecían haber alcanzado sus máximas cotas. Alta Iglesia, Baja Iglesia o evangélicos venían a ser ahora en el siglo XIX la continuación de movimientos que ya se habían desarrollado en la Iglesia de Inglaterra en fechas posteriores a la reforma del siglo XVI. A estos movimientos se les unía ahora el socialismo cristiano, el incipiente liberalismo teológico o la extraordinaria proliferación de iglesias independientes que, por ejemplo, habían pasado de ser 380 en 1773 a 799 en 1828. Si a todo esto le añadimos los desafíos que la Iglesia de Inglaterra tenía que afrontar como consecuencia de la unión del Reino Unido de Gran Bretaña con Irlanda en 1800, la emancipación católica de 1829 o las reformas de la iglesia de Irlanda de 1833, tenemos el cuadro más o menos completo del que el Movimiento de Oxford, movimiento tractariano o anglo-católico vino a ser, en palabras del obispo Stephen Neil, el que “atraería más atención y que por un tiempo ejercería mayor influencia que ningún otro”.

  1. ¿Qué impulsa la aparición del Movimiento de Oxford?

La aparición del Movimiento de Oxford como tal estuvo condicionada a dos acontecimientos que obligaba a los anglicanos a responder de forma contundente y categórica a una pregunta que quizás se había diluido demasiado a lo largo del tiempo: ¿Qué es la Iglesia?

Estos acontecimientos fueron el Acta de Reforma de 1832 aprobada por el parlamento británico y sobre todo la reforma de la Iglesia de Irlanda impulsada por el gobierno de Charles Grey en 1833. Esta última medida sería la gota que colmaría el vaso y que llevaría a John Keble a predicar el 14 de julio de 1833 en la Iglesia de Santa María de Oxford su famoso sermón sobre la “apostasía nacional”, inspirado en el primer libro de Samuel capítulo 12, versículo 23. El que el Parlamento británico tomase las decisiones relativas a la organización de la Iglesia de Inglaterra no era ninguna novedad. Por el Acta de Supremacía de 1534 el Parlamento declaró al rey Enrique VIII y a sus sucesores cabezas de la Iglesia de Inglaterra. El Parlamento desmanteló el episcopado eclesiástico en el año de 1650 y volvió a restaurarlo 12 años después. Incluso autorizaba las sucesivas revisiones del Book of Common Prayer.

Sin embargo, a partir de esas fechas, No Conformistas e incluso católico romanos tenían el derecho a ser miembros del Parlamento británico. El hecho de que personas no anglicanas pudiesen formar parte del Parlamento británico y pudiesen tomar decisiones concernientes a la Iglesia de Inglaterra era considerado como algo inaceptable. Pero la chispa que hizo explosionar la aparición del Movimiento de Oxford fue la medida propuesta por el primer ministro Charles Grey y aprobada por el parlamento de reducir el número de arzobispados de la Iglesia de Irlanda de cuatro a dos y de veinte diócesis a diez. Esta medida encendió los ánimos de los miembros de la llamada High-church o Iglesia Alta que la consideraron inaceptable. A su juicio los obispos deberían oponerse a la intromisión del Parlamento en los asuntos eclesiásticos. Para muchos miembros de la High-church, los once obispos que votaron a favor de esta medida, entre los cuales se encontraban el arzobispo de York y el obispo de Londres, deberían ser considerados como traidores a la propia Iglesia. Keble llegó a afirmar que esta decisión del Parlamento era un ataque y una negación de la soberanía de Dios.

 

  1. ¿Qué proponía dicha corriente teológica dentro del anglicanismo?

En palabras del que fuera deán de la Catedral de San Pablo, Richard William Church, los objetivos del Movimiento de Oxford eran “despertar a la Iglesia de su letargo y fortalecer y purificar la religión haciéndola más profunda y más real”. Este proceso de fortalecimiento y de purificación se concretaría en una vuelta a los fundamentos teológicos y prácticas piadosas y rituales de los llamados teólogos carolinos del siglo XVII. Es más, los escritos que los miembros de este movimiento realizaron y en los que expusieron sus propuestas teológicas, los llamados “Tracts for the Times” (tratados de los tiempos) no pasaban de ser, en algunos casos, meras reimpresiones y actualizaciones de aquellos escritos.

La idea esencial del Movimiento de Oxford fue reivindicar la catolicidad y la continuidad de la Iglesia Anglicana con la iglesia de los primeros siglos del cristianismo y con el episcopado histórico, considerando, de forma más que atrevida para la época, que la Iglesia Anglicana compartía con la Romana y la Ortodoxa el ser una de las tres ramas de la única, santa, católica y apostólica Iglesia de Cristo. La Iglesia Anglicana habría preservado junto con las otras dos, de diferente pero complementaria manera, la pureza de la más auténtica y genuina cristiandad apostólica. Derivado de esta idea esencial, el anglo-catolicismo impulsado por el Movimiento de Oxford se concretó de manera general en las siguientes afirmaciones:

  • El episcopado actual no era sino que la sucesión continuada en el tiempo de la labor apostólica realizada por los primeros seguidores de Cristo.
  • La Iglesia Anglicana no era una nueva iglesia surgida de la Reforma Protestante, como pudieran serlo las iglesias fundadas por Lutero o Calvino, sino una forma purificada de la única Iglesia católica.
  • Afirmaban la autoridad en materias de fe y costumbres de los escritos de los llamados Padres de la Iglesia allí donde las Sagradas Escrituras guardaran silencio.
  • Volvieron a los ritos, prácticas y ceremonias de la primitiva cristiandad tales como la realización de la señal de la Cruz, arrodillarse o permanecer de pie durante ciertas oraciones, el uso sacramental del aceite, las invocaciones antes y después de la consagración etc. Se trataba de una vuelta a prácticas rituales que habían sido desdeñadas por el puritanismo inglés al considerarlas supersticiones romanistas.
  • La concepción de que el bautismo, en palabras de Edward B. Pusey, el líder intelectual del Movimiento, era un acto de regeneración espiritual frente a la concepción reformada de que el bautismo simplemente preparaba a la persona que lo recibía para su posterior conversión.
  • Un acercamiento más emotivo y sentido a la figura de María que sin embargo no incurriría en los excesos de la teología romana tal y como señalarían Edward B. Pusey o el mismo John Henry Newman.
  • Una concepción realista moderada con respecto a la presencia del Señor Jesucristo en la Cena del Señor. Si bien es cierto que los miembros del Movimiento consideraban que el pan era pan y el vino era vino y no aceptaban la transustanciación eucarística propia de la teología romana, afirmaban la presencia espiritual de Cristo en el sacramento frente a la concepción meramente nominalista que desde los sectores evangélicos estaba siendo la preponderante en el mundo anglicano de la época.

 

 

  1. ¿Viene el anglo-catolicismo de ahí o hay precedentes?

Es verdad que el término anglo-católico adquiere con el Movimiento de Oxford el significado radical con el que lo conocemos hoy en día. Sin embargo este anglo-catolicismo comenzó a sistematizarse con los teólogos carolinos del siglo XVII. William Laud, arzobispo de Canterbury, Lancelot Andrewes o Richar Neile son algunos de los Caroline Divine  o teólogos carolinos de la llamada High Church. Estos teólogos mantuvieron siempre una gran reverencia por el culto sacramental y una teología basada en los Padres de la Iglesia. El vínculo con este incipiente anglo-catolicismo lo encontramos en el hecho de que los propios miembros del Movimiento de Oxford creasen la llamada Biblioteca de Teología Anglo-Católica de la cual las obras de Lancelot Andrewes o William Laud entre otros muchos, formaron parte esencial de la misma. Personajes del Movimiento tales como Thorndik o Frank promovieron la idea de que la primitiva iglesia, sus credos y concilios ecuménicos, las oraciones por los difuntos, el sacramento de la penitencia, la presencia mística pero objetiva y real de Cristo en la Eucaristía o las devociones marianas constituían la esencia de las creencias y las prácticas religiosas anglicanas.

  1. En todo este movimiento de búsqueda de revitalización del anglicanismo, destaca la figura de Newman. ¿Quién era Newman? ¿Quiénes más estaban con él?

John Henry Newman fue a mi juicio uno de los más elocuentes y extraordinarios predicadores de su tiempo y uno de los escritores, teólogos e intelectuales más sobresalientes de la época victoriana. Fue educado como evangélico, secretario de la Sociedad Misionera de Oxford, profesor del Oriel College de la Universidad de Oxford, vicario de la Iglesia de Santa María de la misma localidad y la figura que más destacó en la redacción de los Tratados de los Tiempos. Sus sermones anglicanos son en mi opinión una de las más grandes cumbres de la predicación anglicana del siglo XIX. Newman poseyó una extraordinaria capacidad para la especulación filosófica y teológica, una sensibilidad y delicadeza propias del movimiento romántico y una pasión por la verdad y por todas las cosas del Señor Jesús que le convierten en una de las figuras más apasionantes de la espiritualidad cristiana del siglo XIX. Su abandono de la Iglesia Anglicana y su conversión al catolicismo romano supusieron una gran conmoción en Inglaterra. Alcanzó el capelo cardenalicio bajo el pontificado de León XIII a la edad de 78 años.

Junto con John Henry Newman, el Movimiento de Oxford contó con figuras tan sobresalientes como John Keble, Richard Hurrel Froude, Edward Bouverie Pusey, Isaac Williams, Arthur Philip Perceval, Thomas Mozley o John W. Bowden entre otros. De todos ellos destacaría a John Keble y sus maravillosos poemas religiosos y a Edward Bouviere Pusey, un extraordinario exponente y sistematizador del realismo moderado aplicado a la teología eucarística. Esta postura teológica implicaba ver en los signos de la Eucaristía, esto es, en el pan y en el vino realidades materiales vinculadas a aquello a lo cual remiten, es decir, el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesús. Ello no implicaba asumir la teoría de la transustanciación, es decir, la creencia anglo-católica asumía que el pan es pan y el vino es vino. Pero también afirmaba el hecho de que el Señor Jesús está presente en el sacramento no carnalmente, no corporalmente sino misteriosa y espiritualmente.

  1. ¿Cuál fue su transición? ¿Qué importancia tuvieron los 90 tratados (en especial el tratado 90) comentando los 39 artículos de religión?

En realidad, no fueron 90. John Keble escribió el tratado 91 sobre el misticismo en la iglesia primitiva que finalmente se publicó como la segunda parte del tratado 89. Como dije anteriormente los llamados “Tracts for the Times” no pasaban de ser, en algunos casos, meras reimpresiones y actualizaciones de los escritos carolinos del siglo XVII.

El tratado 90 constata perfectamente la radical evolución teológica que experimentó Newman. Fue una reflexión de Newman sobre algunos temas que tradicionalmente, y desde la Reforma del  siglo XVI, habían hecho de la Iglesia Anglicana y de la Iglesia de Roma realidades totalmente antagónicas. Los distintos posicionamientos teológicos en torno a temas tales como la autoridad eclesiástica, la justificación por medio de la fe, las buenas obras, el purgatorio, las indulgencias, la veneración de las imágenes o la comprensión acerca del sacramento de la Cena del Señor, reflejaban las divergencias entre ambas iglesias. El objetivo de Newman en este tratado era mostrar que tanto los artículos de religión como los dos libros de las homilías anglicanas, si bien es cierto que rechazaban los errores, las supersticiones y las exageraciones doctrinales a las que había llegado hasta el siglo XVI la Iglesia de Roma, eran sin embargo perfectamente compatibles con las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y en consecuencia con la iglesia primitiva. Un ejemplo paradigmático  lo podemos encontrar en la reflexión que hace acerca del artículo XXVIII. En este artículo se afirma que la transustanciación en la Cena del Señor no puede ser probada por las Sagradas Escrituras, es contraria a las mismas y ha dado lugar a innumerables supersticiones. Sin embargo, para Newman el artículo, si bien es cierto que rechazaba las supersticiones y los abusos relativos a la teoría medieval de la transustanciación, estaba perfectamente de acuerdo con la presencia real de Cristo en el sacramento, doctrina que había prevalecido a su juicio en la época apostólica y patrística. Para Newman el Cuerpo de Cristo y su Sangre se encuentran localmente en las manos de Dios. En la medida en que el Cuerpo de Cristo, a la luz de su resurrección, es un cuerpo glorificado y espiritual, puede estar presente también en el sacramento por medio del Espíritu Santo. En consecuencia la adoración eucarística estaría permitida. Según Newman, en la medida en que los cristianos en la adoración nos arrodillamos ante el trono celestial de Dios, al estar Cristo presente espiritualmente en el sacramento, el altar, el Trono de Dios se ha acercado a nosotros. Esto permitiría la adoración del Sacramento.

Newman afirmaba que el artículo XXV no negaba que los ritos de la Confirmación, la Penitencia, el Orden, el Matrimonio o la Extremaunción fuesen sacramentos, sino que no tienen el mismo significado, el mismo ser que los sacramentos del Bautismo o de la Cena del señor. De forma similar el artículo XXII que condena la doctrina romana del purgatorio no implicaría necesariamente que se debiese excluir de las creencias cristianas la existencia de una cierta purgación o purificación del alma del creyente después de la muerte. Tales interpretaciones de los artículos, y la sugerencia de que los mismos podían ser compatibles con las doctrinas romanas derivadas del Concilio de Trento, provocaron una profunda indignación en los círculos teológicos y eclesiásticos de la época. Así Archibald Campbell, “senior y tutor de Oxford” y futuro arzobispo de Canterbury, llegaría a afirmar que el tratado 90 “sugería y abría una puerta por la cual los hombres podrían violar su solemne compromiso con la Universidad”. El tratado fue condenado por los obispos de Inglaterra y el propio obispo de Oxford, Richard Bagot, ordenó que no se publicasen más tratados.

  1. ¿Por qué finalmente abandona la Iglesia Anglicana?

Aunque la crítica al Movimiento de Oxford fue generalizada en un principio y la condena del tratado 90 fue determinante, el abandono de la Iglesia Anglicana fue el resultado de un proceso evolutivo que le llevó a cuestionarse los fundamentos sobre los que se basaba el anglicanismo y a considerar que era la Iglesia de Roma, con sus fallos o errores, la depositaria de la catolicidad de la iglesia primitiva. Su valoración acerca de la Iglesia Anglicana sería tan negativa que llegaría a afirmar que dicha iglesia no dejaba de ser un mero invento del poder político y no la continuidad de la iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo.

  1. Si me permite un ejercicio de historia ficción, si la figura de Newman apareciese hoy en el anglicanismo, ¿concluiría de la misma manera que en su momento?

Bueno, es difícil responder a esta pregunta ya que las circunstancias del siglo XIX son muy distintas a las que vivimos ahora a comienzos del siglo XXI. Los grupos predominantes en la Iglesia Anglicana se han ampliado, se han enriquecido y fortalecido con el avance espiritual de la misma Iglesia, se han visto afectados con la experiencia espiritual de los otros y el panorama de equilibrios entre las distintas facciones que componen el anglicanismo es totalmente distinto. Si en al siglo XIX y antes del surgimiento del Movimiento de Oxford el equilibrio en la Iglesia Anglicana se daba en términos generales entre la facción anglo-evangélica y la latitudinaria, hoy el anglicanismo muestra una cantidad de variantes, movimientos y tendencias impensables para aquel momento: anglo-evangélicos, anglo-católicos, carismáticos o liberales que tampoco se manifiestan como bloques monolíticos sino que admiten dentro de los mismos sus propias variantes. Esta pluralidad y diversidad es a mi juicio una gran riqueza que refleja la variedad y heterogeneidad de la Iglesia. En esta pluralidad es de suponer que una figura como Newman podría haber encajado. Aunque hoy en día sus propuestas teológicas podrían ser vistas dentro de ciertos sectores del anglicanismo como divergentes y contrarias a la identidad anglicana, condenar sus propuestas teológicas, tal y como se hizo en su día, sería hoy impensable en el anglicanismo actual. No obstante, el que en sus estudios sobre el arrianismo del siglo IV Newman identificase a los arrianos y a los semiarrianos con los protestantes y con los anglicanos respectivamente, y a los católicos con la Iglesia de Roma, deja bastante claro la opinión negativa que Newman desarrolló con respecto a la Iglesia Anglicana. No sé si Newman hubiese continuado en nuestra Comunión hoy en día, lo que sí sé es que a día de hoy nuestra Comunión valora como inspiradoras sus propuestas teológicas y no lo considera como alguien ajeno a la misma.

  1. ¿Qué queda del Movimiento de Oxford hoy?

Queda todo. El anglo-catolicismo se ha consolidado a lo largo del siglo XX en todas las regiones de la Comunión Anglicana. En el año de 1933, conmemorando el centenario del sermón de John Keble, se celebró una High Mass en el White City arena de Londres, a la que acudieron aproximadamente unas 50.000 personas. El anglo-catolicismo ha sido pionero en el diálogo ecuménico con otras confesiones cristianas especialmente con la Iglesia de Roma y la Iglesia Ortodoxa. Es el movimiento que ha impulsado la restauración de las órdenes religiosas anglicanas que fueron suprimidas en la época del rey Enrique VIII. La belleza estética y espiritual de la liturgia anglicana debe mucho al anglo-catolicismo emanado del Movimiento de Oxford.

  1. ¿Le gustaría decir algo más?

El Movimiento de Oxford vino a impulsar en el siglo XIX una nueva dialéctica dentro del anglicanismo que con sus innumerables aciertos y también con algunos errores ha ampliado la diversidad anglicana y nos ha desafiado a todos los anglicanos a que, como dice Pedro en su primera carta, capítulo 3, versículo 15, estemos preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que nos demande razón de la esperanza que hay en nosotros.

Por último, quiero darte las gracias por esta oportunidad de poder compartir contigo y con tus lectores una pequeña parte de la identidad de nuestra familia anglicana.

Un abrazo en el amor de Cristo.

Gracias a ti por admitir la entrevista.

TODAS LAS REDES SOCIALES DONDE PUEDES ENCONTRANOS, HAY QUE ESQUIVAR LA CENSURA