género

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Asistía la semana pasada a una mesa de trabajo del I Congreso de Sociedad Civil Ahora, presidida por el prestigioso siquiatra y catedrático, Enrique Rojas Montes, al que acompañaban acreditados representantes de dicha SC, entre ellos Jesús Trillo-Figueroa y destacadas mujeres orgullosas de su condición de madre de familia que antepusieron a su destacada situación profesional. Casi todas hicieron especial énfasis en su papel de mujer, esposa y potencial madre de familia, dando un papel importante también al hombre como marido y padre, cuyo cuestionamiento en los últimos tiempos trae causa sin duda en la sociedad actual, sin entrar en detalles que harían interminable un mero artículo de opinión. Puro sentido común. No faltó, por eso de escuchar todas las opiniones, una representante del mal llamado, a mi juicio, Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid que, también madre, antepuso la cuestión del género y sus derechos. Seguro que los lectores recordarán aquella antigua película del bochornoso y subvencionado cine español -perdón por la hipérbole de llamar ‘cine’ a esa, en su inmensa mayoría, factoría de basura-, que se llamó “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”. Pues eso, ¿por qué ese empecinamiento en llamar ‘género’ al sexo? Ya escribí hace años algo al respecto sobre este lenguaje inclusivo, tan políticamente correcto, diciendo que, el género -al menos para los que estudiábamos con el hasta ahora no superado Plan de 1957 y, en mi caso, con los textos de Gramática de la Lengua Española del Profesor Fernando Lázaro Carreter– no era sino un mero accidente gramatical y podía ser masculino, femenino, neutro o epiceno -término seguramente ignoto para víctimas de la LOGSE-.

Y hoy, domingo 8 de Marzo, se vuelve a poner de manifiesto uno de los “logros” de esa política “de género”, forzada desde la izquierda pijoprogre. Veremos de nuevo el jolgorio -no es otra cosa- al que un simpático médico malagueño ha bautizado como “El día de la mujer Borracha” atendiendo al lema ministerial, que ya veremos qué depara y cómo le afecta la crisis “capa” -que todo lo tapa- del coronavirus, que tan bien le está viniendo al gobierno socialcomunista para que no se hable de otras cosas, pero que acaba calando cuando no se ponen límites a las tonterías impostadas sobre un derecho incuestionable que ya existía en España hace muchos años, antes incluso de que el Art. 14 de nuestra Constitución de 1978 lo dejara meridianamente claro: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, SEXO, raza, religión, opinión o cualquier otra condición o  circunstancia personal o social”. Lo resalto y subrayo para Dª Carmen Calvo a ver si se entera de una vez y se deja de estupideces en su empecinamiento por la “igualdad de las mujeres”, desde ese “feminismo que no es de todas” (sic) sino que nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento progresista, del pensamiento socialista”. Y para mayor abundamiento le recuerdo que, con todos los matices que se quiera y con todas las mejoras que se fueron introduciendo después, el Decreto de 6 de Noviembre de 1941 -en puro franquismo totalitario- creó el Patronato de Protección a la Mujer que había sido disuelto en 1935 -Segunda República- y que en su Art. 4 establecía como finalidad “la dignificación moral de la mujer, especialmente de las jóvenes, para impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas conforme a las enseñanzas de la religión católica. Ya digo que admite importantes matices, pero ya entonces se protegía a la mujer y desde luego, en los finales 60’s y primeros 70’s -mis años universitarios y de inicio de actividad profesional y laboral-, las discriminaciones por razón de sexo eran mínimas en cuanto a acceso a la Universidad y oposiciones, buena parte de trabajos, etc., pero todavía desde el papel predominante de matrimonio y maternidad, hoy muy alejados, por desgracia en mi opinión, de las preferencias femeninas y por supuesto feministas.

Ha sido esta una semanita plagada de declaraciones tras la improvisada Ley de Libertad Sexual que se apresuró -la ignorancia es muy atrevida- a colar la ministra consorte Irene Montero, porque ella es así, compendio de redundancias, faltas de ortografía y mala redacción que un “breve” documento de 26 páginas que se encargó de filtrar diligentemente a la prensa la vicepresideNTE rival de su “macho Alfa”, calificaba de auténtica “masacre legislativa, jurídica y ortográfica”. Y por si fuera poco ese forzado “parto”, la prolífica marquesa de Galapagar se descolgaba con un lema “antológico”: “Sola y borracha, quiero volver a casa”, a lo que inmediatamente respondí en algunos grupos y redes sociales que “Si yo fuera mujer, no tengo ninguna duda de que preferiría volver a casa sobria y bien acompañada. Como decía un artículo de ABC, Para la pareja del vicepresidente, un borrador es un cuadradito -supongo que quiso decir prisma o, para ser exactos, paralelepípedo (¡Ay, esta LOGSE…!)- en el que pone Milán” -en referencia a la conocida marca de goma de borrar-.

Destacó también la frase de Cayetana Álvarez de Toledo que suscribo: “La Sexta hace negocio con la erosión de nuestro sistema democrático” -no fue la única, porque tuvo también para la titular (¿cómo será la suplente?) de Igual…da-. De la “fusión por absorción” de “La SeCta” por Antena 3 ya he dejado constancia de que pervertía la norma básica de que la empresa absorbente impone su línea de gestión -y obviamente editorial- a la absorbida. Recordemos que esa cadena estaba en quiebra cuando Soraya Sáenz de Santamaría la salvó del desastre y se la encasquetó a A3. Ante esa declaración, no pocos cargos del Partido Popular -que no aprenden- se pusieron de perfil. Antonio González Terol dijo con cara de circunstancia que “no estuvo afortunada” y fue rematado con una sonrisa tan forzada como falsa por su acompañante Carlos Iturgáiz: “me sumo a lo que ha dicho mi Vicesecretario de Organización”. Apostaría algo a que ambos estaban más de acuerdo con lo dicho por la portavoz del PP en el Congreso de lo que transmitían sus intervenciones, pero se impuso la corrección política que tanto gusta a la mayoría de medios que han crucificado a Cayetana con toda clase de descalificaciones por esa frase, empezando por el director de La Razón, “Paco” Marhuenda, que, “El que paga, manda”, ¿verdad, don Francisco? Todos se apresuraron a comentar que Pablo Casado había dejado sola a su portavoz que “se había echado encima a todo el PP”, pero, miren por donde, su Presidente salió el viernes en su defensa: Cayetana es una extraordinaria portavoz en el Congreso, que a todos los partidos les gustaría tener” y punto en boca. Amigos maricomplejines del PP, hay que ser claros y rotundos como Cayetana, Isabel Díaz Ayuso, José Luis Martínez Almeida o el propio Pablo Casado, que se tomó su tiempo, pero lo fue.    

Mientras tanto, un nuevo paso atrás en la educación doctrinaria que impera en la izquierda, con el Proyecto de ley LOMLOE -redundante acrónimo con el que la ministra socialcapiltalista Isabel Celaá, alumna de la -en su  época- elitista Universidad de Deusto, quiere acabar entre otras cosas con los colegios concertados y la asignatura de Religión y otro adelante en el totalitarismo de AbascalVOX, que celebró una “asamblea a puerta cerrada” para asegurarse su hegemonía en el poder cuatro años más, con un nuevo cambio de estatutos que deja casi anuladas a las ejecutivas provinciales que podrá cambiar a su antojo el Comité Ejecutor -que no Ejecutivo- Nacional, que será ratificado en el escenario podemita de Vistalegre en una segunda parte a la que sí podrá asistir la militancia fiel.

Y mucho cuidado con el coronavirus y más aún con el “virus”, de momento “sin corona” pero con pretensiones, que tenemos en la Moncloa.

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