coronavirus

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Cuando en el mes de diciembre comenzaron a llegarnos noticias de que en la ciudad china de Wuhan estaba desarrollándose una epidemia producida por un misterioso virus, perteneciente a la familia de los coronavirus, la mayoría de los españoles no se dieron por aludidos. Las noticias procedían de en China y nos contaban unos sucesos que acontecían en una remota ciudad que la mayoría no sabríamos entonces situar en el mapa. Eran noticias preocupantes, pero casi todo el mundo siguió inmerso en las fiestas de Navidad y prefirió no amargarse la vida por algo que sucedía tan lejos.

Una reacción natural pero me van a permitir que les explique una cosa, reza la doctrina militar que la distancia al enemigo no da seguridad y lo mismo sucede con lo del coronavirus, en un mundo globalizado y sobre todo tan intercomunicado, la distancia a un foco infeccioso no da seguridad, hoy sucede en Wuhan y pasado mañana el dichoso virus está llamando a la puerta de tu casa.

En España los medios de comunicación que han encontrado un filón informativo en el SARS-CoV-2 que provoca el COVID-19, han ido alertando a los ciudadanos del peligro que supone y se han hecho eco de las declaraciones de las autoridades del gobierno que conformaron una suerte de gabinete de crisis presidido, para nuestra desgracia, por la vicepresidente Carmen Calvo.

Hemos permanecido muy atentos a las declaraciones del portavoz de ese gabinete y de los mensajes que desde el ministerio de Sanidad se nos han hecho llegar. La cuestión en un principio decían resultaba preocupante, pero convenía no exagerar, estábamos en fase de contención insistían una y otra vez y nos recomendaban estar tranquilos porque lo del coronavirus era como una gripe de segunda división y el nivel de morbilidad era muy bajo. Eso sí, entre algunos medios de información, las redes sociales y los consejos del ministerio, provocaron una estampida ciudadana a las farmacias, al objeto de hacerse con mascarillas y geles desinfectantes, una estampida de tal calibre que ha producido el desabastecimiento de esos productos que otros enfermos necesitan y hoy por hoy no encuentran.

Pero la realidad es muy tozuda y a pesar del esfuerzo del gobierno social-comunista que padecemos por intentar tranquilizar a la ciudadanía a base de declaraciones vacuas y buenistas, las cosas no parece que sean como nos las explican. Si hay que decir verdad al gobierno lo pillaron con el paso cambiado, como en casi todas las cosas que no tengan que ver con el sectarismo y la demagogia, y ponía los pelos de punta observar como en los hospitales se atendía a los infectados de coronavirus como se podía y como única medicación se les prescribía paracetamol. Parece que la cuestión ha cambiado y hace ya algunos días se les proporciona antivirales a los infectados, sin que por ahora se sepa si esta medicación va a obtener resultados positivos en el tratamiento de esta enfermedad.

Así que estamos ante un problema muy grave, mucho más de lo que reconocen los del gobierno y desde el punto de vista de los ciudadanos no parece que se tomen demasiadas medidas de control para intentar contener el contagio. Estoy de acuerdo en que no hay que preocupar o asustar innecesariamente a la ciudadanía, pero me parece que todos debiéramos exigir que se nos explique realmente cuál es el riesgo al que nos exponemos.

Y lo digo porque el 3 de marzo nos enterábamos de que el día 13 de febrero fallecía en Valencia un ciudadano que había viajado a Nepal al que se le diagnosticó una neumonía y ahora resulta que es el primer enfermo de coronavirus que ha fallecido en España. Ante la filtración nos han dado unas explicaciones que dan grima. Mientras que el enfermo estuvo atendido en el hospital no se le hicieron los análisis para saber si padecía el coronavirus, simplemente porque no procedía de países considerados de riesgo, como China, Italia o Irán y como el protocolo sólo contemplaba esa posibilidad, decidieron que viniendo de Nepal, no había que hacerle las pruebas.

Esa es la explicación oficial, que a mí me resulta muy difícil de creer. Personalmente opino que ese señor se murió y nadie quiso saber la verdad y ahora que se ha filtrado el suceso, resulta que el ministerio de Sanidad pide que se examinen retroactivamente todas las muertes por neumonía.

¿Cuántos muertos mal diagnosticados tendremos en nuestro país? Eso si intentamos no ser mal pensados, porque también cabría pensar en cuantos muertos se han ocultado deliberadamente con el cuento de no alarmar a la opinión pública.

Todavía no he leído que se hayan tomado las medidas disciplinarias para aquellos que teniendo un enfermo de coronavirus, no se “enteraron” y lo diagnosticaron en falso. O es que alguien puede creerse que con la que está cayendo, llega un enfermo a un hospital aquejado de una neumonía de origen desconocido, un pobre hombre que ha viajado a Nepal recientemente y diga lo que diga el protocolo, nadie toma la responsabilidad de tomar las muestras pertinentes y mandarlas a Madrid para su análisis urgente.

A mí me parece increíble la postura de este gobierno que ha decidido mantener un nivel bajo, al objeto de tenernos mal informados pero tranquilos. Los ciudadanos tenemos el derecho a saber a qué nos arriesgamos y cómo piensa el gobierno actuar para controlar la posibilidad de contagio, que ahora resulta que es mucho más alta de lo que nos contaban en un principio.

Creo que van a obligar a jugar algunos partidos a puerta cerrada y si la prudencia así lo aconseja desde el punto de vista sanitario me parece muy bien, pero si se trata de controlar el contagio ¿qué van a hacer con la manifestación del 8M que tienen prevista en Madrid?, eso probablemente nos diga cuáles son las intenciones reales del gobierno de Sánchez, que no parece estar muy preocupado. Nos tiene a todos hablando del dichoso coronavirus, mientras ellos están en el ataque a la independencia del Poder Judicial, la nueva ley de enseñanza con la que pretenden cargarse la educación concertada o en esa nauseabunda mesa de negociación con Torra y sus acólitos.

Llámenme iluso pero todavía espero que gente de bien que ha votado a la izquierda reaccione ante tanto disparate. Son unos sectarios de tomo y lomo y eso es malo, pero mucho peor es que sean unos inútiles del tamaño de la catedral de Burgos que en cuantito los saca usted de ese empeño por dividir a la sociedad española en malos y buenos, progresistas y fascistas, machistas y feministas, insisto en cuanto les saca usted de la demagogia y el sectarismo demuestran de manera irrefutable que no saben dónde tienen su mano derecha y lo que es peor tampoco la izquierda.

¿Se imaginan si lo del coronavirus le pilla a Rajoy? ¿Se acuerdan de lo del ébola, de la que armó la izquierda progresista a cuenta de que se tuvo que sacrificar al pobre perro de aquella enfermera que se contagió por una mala praxis profesional?

Merecemos saber la verdad y hay que exigirle a Pedro Sánchez que dé la cara y nos la cuente; eso suponiendo que sea capaz de reconocer una verdad, cosa que dudo mucho.

Un artículo de Miguel Rives

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