Fiscalía
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Hay libros que por su honradez a prueba de bombas pueden comprometer, e incluso malograr, toda una brillante carrera profesional dedicada a la jurisprudencia: El Libro negro de la Fiscalía española es uno de ellos.

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El gran logro de Ramiro Grau es haberse atrevido a hablar claro y sin eufemismos de la terrible realidad de una institución que ha perdido todo crédito, como tantas otras en las postrimerías del Régimen del 78. Grau, que ha sido abogado fiscal sustituto y fiscal sustituto, conoce bien los sótanos de esa institución que es el Ministerio Fiscal, increíblemente politizado y a merced hoy de los intereses de un comisariado político dependiente de los intereses de partido. Y es que “cuando la política entra por la puerta de la Fiscalía, la Justicia sale por la ventana”, asevera el autor en un aforismo.

Don Ramiro es un jurista valioso, de los mejores con los que cuenta la España vertebrada, históricamente responsable y políticamente soberana. Su Libro negro es uno de esos golpes maestros capaces de desestabilizar el discurso omnímodo del establishment, puesto que el autor escribe tal y como piensa –y lo que piensa, a juzgar por su convicción inapelable, es concorde con lo que realmente siente: la Fiscalía española no puede ser un ente perturbado por los intereses personales de una casta política en verdad viciada–.

Este libro ha sido uno de los más difundidos de su autor; libro polémico, por otra parte: ya en su primera edición –y bajo el título de El Mi(ni)sterio Fiscal– fue prohibido junto a otro lote de títulos por la muy democrática Generalidad de Cataluña; “¡un libro prohibido en Cataluña!”, reza la portada.

Los prólogos a la segunda y tercera edición vienen firmados por un coloso de la Legalidad: don Miguel Bernad Remón, secretario general de Manos Limpios, quien afirma sin sombra de duda: “El libro de Ramiro Grau destapa todas las vergüenzas de una Institución que ha caído en el más absoluto de los desprestigios y que no cumple con el mandato constitucional del artículo 124”.

Para los menos informados, recordaremos que este artículo número 124 vehicula los siguientes puntos, a saber (la negrita es nuestra):

  1. El Ministerio Fiscal, sin perjuicio de las funciones encomendadas a otros órganos, tiene por misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, de oficio o a petición de los interesados, así como velar por la independencia de los Tribunales y procurar ante éstos la satisfacción del interés social.
  2. El Ministerio Fiscal ejerce sus funciones por medio de órganos propios conforme a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica y con sujeción, en todo caso, a los de legalidad e imparcialidad.
  3. La ley regulará el estatuto orgánico del Ministerio Fiscal.
  4. El Fiscal General del Estado será nombrado por el Rey, a propuesta del Gobierno, oído el Consejo General del Poder Judicial.

El 124 ha sido pisoteado sistemáticamente por los perros guardianes del Ministerio Fiscal, sodomizados a su vez por la castuza política de chuloputas y perdonavidas que proliferan por el Reino. Dejando al margen las ejemplares excepciones, que haberlas haylas, lo cierto es que un vaho pestilente emana de dicho organismo. La biografía del autor, trufada de episodios sórdidos (que él mismo va rememorando a lo largo de las páginas) en su deambular por los pasillos del Ministerio, no tiene desperdicio, y bien podrían servir de base para el guión de una película de Francesco Rosi o una pieza teatral de Ugo Betti.

A fin de cuentas, lo que caracteriza a la Fiscalía, fiasco tras fiasco, se sabe a voz en grito: dejación de sus funciones, mirando (casi) siempre para otro lado –en los más variopintos escándalos–; la trama de casos de corrupción en España ofrece una copiosa lista de ejemplos, a cual más sangrante; citemos, para refrescar siquiera la memoria del hipotético lector, algunos de ellos:

  • Caso ERE en Andalucía
  • Caso de las facturas falsas de UGT y CC.OO.
  • Caso Bildu
  • Caso Nóos
  • Caso Blesa
  • Caso Faisán
  • Caso de las preferentes en Bankia
  • Caso Atutxa
  • Caso Afinsa
  • Caso Bolinaga
  • Caso Garzón (por las escuchas del Caso Gürtel)
  • Caso de las denuncias contra Artur Mas
  • Caso Televisión Catalana
  • Caso de quema de banderas y retratos del Rey
  • (…)

Y si a este régimen del cleptocracia perpetua y abuso de poder se suma la vulneración del artículo 125 de la Constitución, aquel que establece que “los ciudadanos podrán ejercer la acción popular y participar en la Administración de Justicia mediante la institución del Jurado, en la forma y con respecto a aquellos procesos penales que la ley determine, así como en los Tribunales consuetudinarios y tradicionales”, toda esta representación adquiere tonalidades más siniestras…

Quizá sea tarde para ofrecer soluciones de compromiso (parches o tiritas) mientras lo que falle, el Sistema mismo (el cuerpo putrefacto), se siga perpetuando en el tiempo.

El Libro negro de la Fiscalía española devela el misterio del Ministerio Fiscal y es motivo de orgullo para la España despierta: su mera existencia invalida la presunta legitimidad de este Sistema fraudulento, repodrido y absolutamente repugnante.

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2 Comentarios

  1. Excelente artículo, que nos desvela las claves de la total falta de autonomía de la fiscalía española, siempre vinculada al gobierno de turno.
    Si la fiscalía no es autónoma, y los jueces tampoco son independientes,
    ¿dónde ESTÁ LA INDEPENDENCIA DEL PODER JUDICIAL…?

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