Valencia

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Hoy día de San José, en esta España nuestra que se encuentra asolada por ese maldito virus conocido como Coronavirus, no se dejará de celebrar una fiesta tan entrañable como el día del padre, al ser una efeméride netamente familiar, pero si hay un sitio de nuestra geografía en donde van a mirar el calendario con tristeza, ese lugar es Valencia, la capital del Reino de Valencia, que tristemente y después de 80 años, no celebra ni su día grande de las Fallas, ni procederá a disfrutar de la Nit del foc o de sus tradicionales Mascletás en la plaza del ayuntamiento, que culminan con la quema de esas figuras artesanales, mezcla de sátira, crítica y arte, tan admiradas por todos y que forman parte de la idiosincrasia de ese maravilloso pueblo mediterráneo, que conjuga el arte de estas figuras con la armoniosa música de sus bandas, de gran categoría y sonidos de enorme belleza.

Para explicar lo que son las fallas, su sentido y su historia, nada mejor que recurrir a un valenciano como mi amigo Fernando de Rosa, ex magistrado y en la actualidad, portavoz de Justicia en el Senado, con quien haremos un pequeño recorrido por estas fiestas de primavera, que dan paso a la luz, la alegría y al disfrute de la calle, que este año, van a verse alteradas para saborearlas en su fecha, pero no van a ser anuladas, porque si todo sale bien , será la meta para celebrar unas fallas en la ciudad de la flor, de la luz y del color.

Valencia

Tal y como nos cuenta Fernando, los valencianos están en situación de shock, porque desde la guerra civil, no se había producido ningún motivo relevante como para la suspensión de las fallas, como ha sucedido este año, debido a la pandemia, porque la última vez, como consecuencia de la guerra civil, dejaron de celebrarse. Las pérdidas que ocasionará esta suspensión, se cifran en unos 800 m de e, porque no acudirán a la ciudad unos dos millones de personas, que visitan el entorno fallero durante esos días `para contemplar los magníficos monumentos plantados por las comisiones falleras en las calles y que supondrá unas `pérdidas solo en el conglomerado de la fiesta de una cuantía cercana a los 50 m de e, con cien mil falleros que no podrán participar en las mismas.

Las fallas en sí mismas, reflejan el carácter barroco alegre y festivo del valenciano, que, a través de esta fiesta, se ríe de lo propio y de lo ajeno, quemando lo malo, `para renacer nuevamente, como sucederá, a partir de esta edición de 2020.

La dedicación durante todo el año de los artistas falleros, así como de los indumentaritas, personas que trabajan en todo lo relativo a la pólvora y la restauración, son en sí mismos los fomentadores de esa sociedad civil que se reúne durante todo el año en los casares, mediante las comisiones falleras y crean esos lazos de barrio, llegando a ser elementos vitales para la vertebración de la ciudad de Valencia.

Fernando de Rosa nos cuenta como las comisiones falleras, que tienen unos cien mil miembros, que cotizan para sostener esta maravillosa fiesta, en donde se mira desde las flores, las bandas de música, los trajes y la restauración, hasta el punto de que cada vez que se ha creado un nuevo barrio en la ciudad valenciana, lo primero que se ha hecho en común es iniciar una comisión fallera, sobre la que gira normalmente, toda la actividad social de la zona.

Esta bella fiesta además de las figuras, se caracteriza por sus bandas de música y de manera especial Liria, ciudad que ha sido designada por la Unesco, como ciudad cultural de la música durante 2019, porque muchos de sus jóvenes están en los conservatorios. También, otra de las columnas vertebrales de las fallas, es la pólvora, porque no solo se dispara la Mascletá en la plaza del ayuntamiento durante diecinueve días, sino que cada comisión fallera, tiene su propia Mascletá, con los preceptivos castillos de fuegos artificiales y por supuesto, la noche de la nuit del foc. Para cualquier valenciano, el fuego, es algo así como ese antídoto necesario que sirve para alejar lo malo de la vida.

Hablando de Valencia, de sus fallas, tampoco podemos olvidarnos de su gastronomía, con la paella como protagonista. Pero con la particularidad de que se degustan por la noche durante la fiesta, generalmente, con judías y nabos, así como el arroz a banda o el arroz con costra. Como postre, los tradicionales buñuelos de chocolate que, tanto en las comisiones como en las calles, se pueden encontrar, junto con los de calabaza o rellenos de otro tipo de dulces.

Si este virus maldito nos deja, las fallas podrán disfrutarse en fechas a concretar durante el próximo mes de julio, cambiando únicamente la existencia del calor, porque ni las flores, ni la alegría, ni el fuego faltarán como tampoco esas maravillosas figuras que son el eje de este acontecimiento digno de admirar, haciendo nuevamente que esa tradición iniciada por unos carpinteros que acumulaban madera durante todo el año, para la fecha de San José y que se fue transformando a la construcción de lo que hoy son esas excelsas figuras de arte, pero que a algunos les hace pupa porque refleja la realidad de la vida, sabiendo que van a ser quemadas, para encontrar algo mejor, sin olvidarnos de esas masivas ofrendas de flores que llenan de color para ofertar la vida , la esperanza a la patrona de la ciudad, la Virgen de los Desamparados, muy especialmente este año, en donde el gremio floral, sufrirá importantes daños económicos sin reparación posible.

Esta fiesta de las fallas, de una de las ciudades más representativas de España, representan en todo lo que se ve, al carácter propio del valenciano, orgulloso de su tierra y de su cultura, lengua e idiosincrasia propia, a pesar de que determinados estamentos ideologizados de otras comunidades, pretendan absorberla para intentar construir una falsa realidad, como los países catalanes, tal y como se pudo comprobar recientemente en un museo y en unas actividades patrocinadas por el ayuntamiento de Barcelona.

Ni que decir tiene que quien conoce Valencia y muy especialmente sus Fallas, es una persona afortunada, porque la magia de la noche hace arte con la sátira y la crítica, mientras que quemas sus tristezas con esa pólvora que limpia espíritus, almas con el deseo de que lo que venga sea mejor y con esa música de banda que mima el alma, revive el sentido y anima el carácter. Que hermosa es esa Valencia española, orgullosa de sí misma, reino por mérito propio y la viva imagen de la luz el fuego y el color.

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