piropo

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Llevo dos días que no puedo hablar, no es que tenga faringitis, amigdalitis, o una simple infección en la garganta. Aunque, a decir verdad, me he reído tanto estos últimos días de las declaraciones que viene dando la señora del honorable Don Pablo Iglesias, flamante vicepresidente entre otros deberes que le otorgó su querido amigo el presidente de la nación española. No sé si la risa es contagiosa como el Covid.19, de ser así, estaríamos los españoles contagiados de esta risa, donde la causante de este, también llamado cosquilleo, mis compatriotas también tendrían a flor de la comisura entre abierta de los labios arrugados de esta risa que, nos ha inoculado la ministra de Igualdad.

Ahora mismo al leer, este mediodía, algunos periódicos, ha vuelto esta señora a hacerme reír, pero a carcajadas, en estos diarios he leído lo siguiente: “Si no hay testigos, los jueces tienen muchas pruebas: los testigos”. No sé si cuando dijo estas palabras si se habría atiborrado de comer algo que le sentara mal y que la digestión le podría dar una mala pasada a su organismo. Esta señora, como no tiene en su mente nada que hacer ni que decir, solamente con abrir la boca dice todas estas gansadas. Es tan absurda esta última majadería que creo que, las dijo para tapar otras cosas mas graves, echando manipuladas manifestaciones para confundir aún más el panorama que nos asisten los vicepresidentes y toda la legión que componen el Gobierno actual de España.

El piropo y el insulto al que alude dándole rango de castigo, leyendo su matraca de su imposición, confunde a todo hijo de vecino, a mí, al menos, me ha dejado frío, mejor dicho, más fresco de lo que estaba. Esta señora confunde los piropos galantes y jocosos con los de calado maleducados y de una ordinariez estropajosa e indeseable y obscena.  No crea esta señora que sus congéneres son tontas, la mujer, mujer, no  son ignorantes y que no tienen sentido de la picardía bien formulada y con sentido gracioso. Yo le preguntaría a esta dama lo siguiente: supongamos que cuando vaya yo a la pescadería le pregunto a mi pescadera: juanita, ¿tienes la almeja fresca?, pues seguro que me dice: frescas, gordas y de la ría gallega, que, para mí, son las mejores.

Lo que no he leído es donde hay que ir a hacer estas denuncias, supongamos que yo le digo a una señora: estás como un tren. O pedazo de cuerpo serrano e inclusive un camarero le dice a una clienta: qué te pongo, reina. Yo como español le planteo que, a estos tres supuestos de insultos según su señoría, al primer caso debería ir la denuncia a Renfe: la segunda Al ministerio de agricultura, ganadería y pesca: y el tercero a la casa real. Pues mire, una cosa es un insulto y otra un piropo, excelencia.

La extravagancia y la humorada, esto es lo que es: una humorada, “sola y borracha” y si no hay testigos, los jueces tiene muchas pruebas: los testigos” ¡que la vamos a hacer! un día malo, lo tiene cualquiera y una ministra del reino de España en esta ocasión ha estado sembrada de gloria. No sé quién dijo: las gracias y los donaires no asientan sobre los ingenios torpes.  

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