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Yo tengo un pasillo muy largo, excesivamente largo. El pasillo de mi casa de la provincia de Badajoz empieza en Talavera la Real y acaba en Fregenal de la Sierra donde vive mi pareja. Es un pasillo inmenso, a veces eterno, y más estos días de confinamiento.

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Ella es Alcaldesa y está estos días, como los 8130 alcaldes restantes de nuestro país, absolutamente pendiente de sus vecinos, pendiente de sus vidas, de su salud, de su bienestar. Pendiente de la educación de los más pequeños, de las necesidades de los más mayores, de que se cumplan las medidas adoptadas, tarde y mal, por el Gobierno de la nación.

En épocas de discursos vacíos, en épocas de intervenciones absolutamente impropias absolutamente alejadas de los problemas de los españoles, en épocas en las que algunos están solo en el cálculo electoral y en llevar la iniciativa del relato en prime time… los Alcaldes son el principal dique de contención de nuestra cohesión social.

Son los Alcaldes los que están dando, día sí y día también, auténticas lecciones a los mediocres asesores que intentan llevar esta crisis como si fuera una guerra, que intentan copiar a George Bush en la reacción al 11S, que no tienen vergüenza en escribir discursos que son auténticas soflamas.

Cuando vuelva a cruzar dentro de algunas semanas el pasillo de mi casa veré a una Alcaldesa que está dedicando cada minuto de su día, como los 8130 alcaldes restantes, a sus vecinos. Que toma decisiones sin tener más argumentario que el sentido común, que protege a su gente.  Porque cada vez que hablo con uno de ellos, cada vez que los ves en su actividad diaria, descubres el por qué te dedicas a esto de la política. Ellos son la política con mayúsculas, comenzando por el alcalde de la principal ciudad de España, de nuestra capital, Madrid, que está dando día tras día lecciones de saber estar, que está dirigiendo en primera persona todo aquello que el Gobierno de España deja de hacer porque sencillamente está superado. Frente a esto, un Alcalde que no tiene miedo, que no está en cálculos electorales cortoplacistas ni en relatos, que está en demostrar que su ciudad va a salir de esta batalla con la cara alta. Que está en reclamar, exigir y gestionar. Que es capaz de montar un hospital de 5500 camas en pocas horas con la ayuda del Ejército.

Y como Martínez Almeida, como el alcalde de la principal ciudad de España, el resto. Desde el más pueblo más grande hasta el más pequeño. Desde José Luis hasta Bobi con su tractor desinfectando el pueblo más pobre de España según el INE. Cualquiera entre uno y otro estos días está haciendo la compra a sus mayores, está concienciando a los vecinos, colaboran en la confección de mascarillas o atienden emergencias sociales provocadas por la falta de trabajo como consecuencia del estado de alarma.

Todos y cada uno de estos Alcaldes son el orgullo de nuestro país porque ellos están cubriendo el hueco que el Gobierno de España no sabe ocupar.  Son el dique de contención al virus en sus pueblos y ciudades, toman decisiones, las explican, las coordinan, las acuerdan con la oposición. Todos y cada uno de ellos nos están dando cada día una lección de saber estar y de querer a España y a los españoles.

De esta crisis van a salir algunas cosas muy claras. Va a quedar meridiano que hay un gobierno inepto que con sus medidas tardías no ayudó precisamente a frenar la pandemia en nuestro país. Pero también va a quedar claro que la política cuenta con hombres y mujeres que no tienen horarios, que muchos de ellos no cobran nada, que otros muchos tienen sus trabajos y dedican a sus Ayuntamientos los ratos libres, que la mayoría apenas tienen personal a su cargo y tienen muchos servicios que ofrecer. Y esos servicios en muchos casos los ofrecen ellos mismos, sin ayuda de ninguna otra administración.

Cuando dentro de unas semanas vuelva a cruzar el pasillo de mi casa volveré a mirar a Tina con orgullo, el orgullo de alguien que entiende que ser Alcalde es una vocación, que sabe lo que sufre y los desvelos por llegar a todos los ciudadanos sin excepción pero que comprende que la política con mayúsculas es eso, es poner por delante a tus ciudadanos antes que tu propia vida personal.

A veces hablamos de héroes y señalamos a otros sectores que lo son, sin duda. Pocas veces hablamos de héroes y pensamos en nuestros Alcaldes. Yo quiero reivindicar su papel en medio de este desastre de gobierno central. Ellos son nuestra esperanza, ellos son la mano que recibe el ciudadano, el hombro en el que apoyarse y son el ejemplo para muchos que nos dedicamos a esto. Tienen mi reconocimiento. Son héroes con alma que te hablan con el corazón porque lo tienen…y lo ponen en su actividad política.

*Un artículo de Víctor Píriz

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