SI ERES EMPRESARIO O AUTÓNOMO Y ESTAS AFECTADO POR LA CRISIS DEL CORONAVIRUS, NUESTROS ABOGADOS PUEDEN RESOLVER TODAS TUS DUDAS SOBRE IMPAGOS, HIPOTECAS, LEASING, DEUDAS BANCARIAS Y CONVENIOS DE ACREEDORES. TE AYUDAMOS Y RESOLVEMOS TUS DUDAS SOBRE CONCURSOS DE ACREEDORES Y APLAZAMIENTOS CON LA BANCA. ENVÍANOS TUS DATOS A [email protected] Y NOS PONDREMOS EN CONTACTO CONTIGO

Un día después de los asesinatos de Dámaso Sánchez Soto y José Artero Quiles, en torno a las 8:30 del 25 de marzo de 1980, ETA asesinaba en Bilbao al subdirector de La Unión y El Fénix y conde de Aresti, ENRIQUE ARESTI URIEN. Enrique subía en esos momentos las escaleras que conducían a las oficinas de las dos empresas en las que trabajaba.

Enrique Aresti hacía una vida muy regular, por lo que no era difícil saber en qué lugar estaría a una hora determinada. Todos los días hacía el mismo recorrido entre su domicilio, en la Gran Vía bilbaína, y la sede de la compañía de seguros La Unión y el Fénix, situada en el paseo de El Arenal. Cada mañana a las ocho y media entraba en el portal del viejo edificio de la compañía de seguros, donde también se encontraba la sede de la consignataria de buques Maura y Aresti, de la que era director gerente.

El atentado contra Enrique Aresti se produjo en el primer tramo de la escalera que conducía a las oficinas de la compañía de seguros. En ese momento, un etarra lo abordó por la espalda y efectuó un único disparo en la nuca, con trayectoria de abajo hacia arriba. El proyectil, tras atravesar la cabeza de la víctima -que falleció en el acto- quedó incrustado en la pared frontal del edificio, a una altura de unos dos metros. El asesino huyó a pie, perdiéndose por las calles del casco viejo de Bilbao.

Varios empleados de la empresa Maura y Aresti encontraron a Enrique semiarrodillado en los últimos escalones anteriores al rellano, con la cabeza caída hacia adelante y un agujero en la nuca del que manaba un hilo de sangre. Aunque no presentaba signo alguno de vida, fue inmediatamente trasladado al servicio de urgencia del Hospital Civil de Basurto, donde sólo pudo certificarse su muerte.

El portero del inmueble se encontraba en el momento del asesinato cargando las calderas de la calefacción, por lo que nada pudo ver. Tampoco observaron nada anormal los dos guardias municipales que, a unos seis u ocho metros del portal, regulaban la circulación en el cruce situado frente al teatro Arriaga.

En su comunicado de reivindicación, la banda asesina dio dos motivos que justificaban el asesinato de Enrique: ser “representante cualificado del gran capital” y negarse a pagar el denominado “impuesto revolucionario”. El conde de Aresti fue la segunda persona asesinada por ETA por negarse a ceder al chantaje económico. La primera fue José Luis Legasa Ubiria, asesinado por el mismo motivo el 2 de noviembre de 1978.

Enrique Aresti Urien tenía 62 años de edad. Era natural de Gordejuela (Vizcaya). Tenía cinco hijos de entre 19 y 27 años, y estaba viudo desde 1962. Además de subdirector de La Unión y El Fénix y director gerente de Maura y Aresti, Enrique era presidente del Patronato de Protección de la Mujer y miembro de la Asociación Vizcaína de Caridad.

El apellido Aresti aparece ligado, desde comienzos de siglo, a las familias más representativas del empresariado minero-siderúrgico vasco. El abuelo de la víctima, Enrique de Aresti y de la Torre, fue presidente de la Diputación Foral de Vizcaya entre 1898 y 1902 y gobernador civil de la provincia entre 1907 y 1909, puesto para el que fue nombrado por el entonces presidente del Consejo, Antonio Maura. El título nobiliario de conde le fue concedido a Enrique de Aresti por el rey Alfonso XIII en 1908 y, desde 1950, una plaza bilbaína lleva su nombre. Se da la circunstancia de que José María Maura, socio del padre de la víctima y fundador de Maura y Aresti, había sido asesinado 45 años antes en el mismo edificio donde se produjo el atentado contra Enrique Aresti. El asesinato de 1935 fue protagonizado por un individuo que se hizo pasar por paralítico. Una vez en presencia de José María, sacó de debajo de la manta, con la que cubría sus rodillas, un arma con la que disparó repetidamente contra la víctima antes de levantarse de la silla de ruedas y darse a la fuga.

 

Fuente