A las nueve y media de la mañana del martes 18 de marzo de 1980 la banda terrorista ETA asesinaba en Madrid al soldado de infantería JOSÉ LUIS RAMÍREZ VILLAR. El objetivo del atentado era el general de división Fernando Esquivias Franco, a quien José Luis, destinado en la Policía Militar, daba protección. Por ello permanecía en la calle, a mitad de camino entre el domicilio del general y el coche oficial del Ejército de Tierra estacionado en la esquina más próxima, en la plaza de Cibeles.

El atentado se produjo cuando el general salió de su domicilio, en la calle de Ayala, y caminaba hacia su coche en compañía de su ayudante, el coronel Manuel Mier Hidalgo. Una vez en la acera, el general reparó inmediatamente en el soldado de escolta, e hizo un comentario al teniente coronel: “No me gusta que el soldado esté ahí; llama mucho la atención. Sería preferible que se colocara en la esquina”.

José Luis, uniformado y con el casco blanco característico de la Policía Militar, caminaba por delante de los dos superiores hacia el lugar donde les esperaba el coche oficial. En ese momento explotó una bomba camuflada en una motocicleta. José Luis sufrió heridas gravísimas que le causaron la muerte casi instantánea, y el general y su ayudante, heridas leves. La motocicleta Mobilette, repintada de rojo, había sido atada a una farola con una cadena antirrobo, a dos metros de una señal de aparcamiento prohibido.

El general Esquivias, objetivo del atentado, había nacido en Sevilla el 20 de julio de 1917. Ascendió al generalato de brigada el 26 de diciembre de 1974, y en 1978, al de división. Fue ayudante de campo del general Franco. Desempeñó el mando del Regimiento de Artillería de Campaña número 13, la jefatura de Artillería de la Primera Región Militar y la de Artillería de la división acorazada Brunete número 1. En el momento del atentado era director de Apoyo al Material en la Dirección General de Apoyo Logístico del Cuartel General del Ejército.

Un jefe militar del cuartel general del Ejército declaró tras el atentado que causó la muerte a José Luis que, por el hecho de ser un soldado “nuestra indignación se multiplica por millones”. También añadió que “es mucho más desgarrador y terrible que el asesinato de un mando militar, ya que, al fin y al cabo, nosotros somos profesionales y sabemos cuáles son los riesgos”.

La capilla ardiente quedó instalada por la tarde en el Cuartel General del Ejército, donde al día siguiente, miércoles 19 de marzo, se celebró un funeral presidido por las más altas autoridades militares. Al hospital militar Gómez Ulla llegaron tras el atentado, entre otras personalidades, el vicepresidente primero del Gobierno, teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, y el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún.

La información para cometer este atentado se la dio al grupo Argala de ETA, encabezado por Henri Parot, Juan Lorenzo Lasa Mitxelena, alias Txikierdi. Tras intentarlo un par de veces antes, el 18 de marzo consiguieron su objetivo. Parot, subido a una moto, activó la bomba con un mando a distancia. Henri Parot fue condenado por sentencia de marzo de 1991, y Lasa Mitxelena en 1993.

José Luis Ramírez Villar tenía 19 años. Cumplía el servicio militar como voluntario desde noviembre de 1979, y estaba destinado en la Policía Militar del Cuartel General del Ejército. Era estudiante y vivía en Madrid con su madre y dos hermanos; el padre residía en Venezuela. Las autoridades militares pusieron a su disposición un avión, para que pudiese trasladarse desde Venezuela, donde se encontraba como trabajador emigrante. Según el testimonio de amigos y familiares, José Luis estaba contento en el Ejército y pensaba ingresar en la Policía.

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