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El 13 de marzo de 1976 ETA asesinaba en la localidad guipuzcoana de Guetaria (Guipúzcoa) a MANUEL ALBIZU IDIÁQUEZ cuando conducía su taxi por la carretera general de Bilbao a San Sebastián. Un terrorista se había subido al taxi en Zumaya e hizo que se desviara en un cruce existente a mano derecha de esta carretera. Allí mismo, le disparó dos tiros en la cabeza y lo dejó dentro del taxi. Así lo encontraron poco después, en torno a las 8:30 horas, una pareja de novios, que se extrañó al ver un coche con las luces encendidas y el motor en marcha en un paraje alejado de la carretera. Al acercarse descubrieron el cuerpo sin vida de Manuel con el rostro ensangrentado.

La familia de Manuel tuvo que sufrir, como otras víctimas de ETA, la campaña del “confidente de la Policía”, como ya contamos a propósito del asesinato del también taxista Ignacio Arocena. Tras el asesinato, sus hijos cruzaron a Francia para ver si conseguían una explicación del porqué del asesinato, pero no obtuvieron respuestas. Sin embargo, posteriormente comenzó a circular en Zumaya el rumor de que era confidente de la Policía. Cristina Cuesta en su libro Contra el olvido cuenta que, ante esos rumores, un sector de la familia dijo que “si lo habían matado por algo sería, que si hubiera estado callado, no le habrían matado, no habrían llegado a eso”.

Una de sus hijas señaló, en el documental de 2004 de Iñaki Arteta Voces sin libertad, en relación a los motivos por los que su padre fue asesinado:

No hay porqué, el porqué te lo ponen ellos después, te dicen que uno es chivato, el otro no pagaba (…) Ya ellos se dedican a ponerte las etiquetas y con ellas te quedas.

En 2006, y con motivo del 30 aniversario de su asesinato, Cristian Matías Albizu, nieto de Manuel, escribía en El Diario Vasco, contestando al filósofo José María Mardones:

Me resulta difícil explicar los sentimientos que me invaden al leer el artículo de José María Mardones publicado en este diario el 16 de abril y titulado ‘La magnanimidad de las víctimas’. El pasado 13 de marzo se cumplió el 30º aniversario del asesinato de mi abuelo, Manuel Albizu Idiáquez, por parte de la banda terrorista ETA. Sus familiares jamás hemos optado por la revancha ni nos hemos tomado la justicia por nuestra mano. Tuvimos que aceptar la amnistía del año 77, en la cual los asesinos de mi abuelo quedaron indultados y nunca han cumplido condena por ello. Quitarle cobarde y miserablemente la vida a mi abuelo les resultó muy fácil y además gratis. Observo con asombro la cantidad de veces que utiliza la palabra ‘reconciliación’ el señor Mardones. ¿No le parece suficiente magnanimidad perder a los familiares, delegar en la justicia, sufrir el abandono del Gobierno Vasco y la actitud arrogante de los terroristas y sus cómplices? ¿Qué más quiere pedir a las víctimas? Muy fácil habla usted de reconciliación. ¿Con quién nos tenemos que reconciliar las víctimas, si no hemos hecho otra cosa que ver cómo asesinan a nuestros familiares? (…) Lo que necesitamos es libertad, libertad para que cada uno pueda pensar y actuar como le apetezca dentro de la legalidad, sin que ETA y sus amigos de Batasuna le intenten quitar de en medio. Lo peor de todo es que afirma que ‘la víctima puede perdonar sin esperar nada a cambio’. Resulta muy humillante que después de más de 900 asesinatos todavía se puedan realizar tales afirmaciones. Las víctimas solicitamos verdad, memoria y justicia.(…) Qué triste, que después de tantos años de terrorismo, donde incluso niños han perdido la vida, se solicite generosidad a sus familiares. Seguramente no escribiría ese desafortunado artículo de haber solicitado la misma magnanimidad a los terroristas antes de apretar el gatillo o activar los explosivos.

El 23 de julio de 2010 la familia Albizu-Larrañaga se negó a participar en un “hipócrita” y “ofensivo” homenaje que el Ayuntamiento de Zumaya hizo a las víctimas de ETA de ese municipio, homenaje en el que no sólo no se diría el nombre de los cinco asesinados por la banda en esa localidad, sino que tampoco se iba a hacer mención alguna a que sus asesinos fueron terroristas de ETA. Los familiares de Manuel tienen muy claro que tanto él, primera víctima de esa localidad, como los otros cuatro asesinados por la banda en Zumaya “fueron todos objetivos señalados, perseguidos y finalmente asesinados, no fueron víctimas casuales, fueron a por ellos para ser eliminados mediante las pistolas y las bombas de ETA”.

En un comunicado público dejaron claro que “al alcalde de Zumaya no le importamos las víctimas ni nuestros verdaderos sentimientos, Iñaki Agirrezabalaga es alcalde de Zumaya gracias, entre otros, al apoyo de la candidatura de la izquierda abertzale, es decir, de los cómplices de los asesinos de nuestros familiares, quizá por ello, nos presenta esta placa en la que no figuraran algo tan elemental como los nombres de las personas a las que supuestamente se pretende homenajear”.

Independientemente de que el asesinato de Manuel quedase impune por la amnistía de 1977, su familia, como ha ocurrido tantas veces entre las víctimas de ETA, ha ignorado siempre la situación judicial del caso y las investigaciones policiales, tal y como ha confirmado Cristian Matías Albizu, su nieto, a Libertad Digital. Sólo a través de información en prensa, o extraoficialmente por miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, han podido saber que uno de los asesinos de Manuel fue Pedro María Leguina Aurre, alias Kepatxu o Txiki, detenido el 31 de diciembre de 1999 en el aeropuerto internacional de París y actualmente en la prisión de Zuera (Zaragoza) donde cumple pena de prisión por el asesinato de tres guardias civiles en Azpeitia el 28 de noviembre de 1978, único delito por el que se autorizó la extradición por parte de Francia.

Leguina Aurre es famoso por ser el único etarra detenido en Francia al que no se le ha juzgado en territorio galo por asociación de malhechores, ya que fue detenido en una zona internacional de un aeropuerto de París cuando bajaba de un vuelo procedente de México. Además, es un ejemplo claro de que la magnanimidad con los terroristas el único resultado que ha producido es un reguero de asesinatos, pues Leguina Aurre participa desde 1975, y antes de la amnistía, en 8 asesinatos. El mismo año de la amnistía, en otro asesinato más. Con posterioridad a la amnistía, participa en el asesinato de otras 15 personas entre 1978 y 1981. Entre 1982 y 1983 huyó a Francia.

Manuel Albizu Idiáquez, de 53 años, estaba casado y tenía 4 hijos con edades comprendidas entre los 11 y los 25 años. Era hermano de un concejal del Ayuntamiento de Deba y de Ángel Albizu, Soarte, levantador de piedras y ex campeón nacional en esta especialidad. Los tres hermanos habían nacido en el caserío de Soarte, en la localidad de Icíar (Guipúzcoa). Domiciliado en Zumaya, tres años antes había sido policía municipal. En el momento de su asesinato trabajaba como tractorista en unas excavaciones en Rentería, y los fines de semana prestaba servicios como taxista en un coche de su propiedad con una licencia alquilada.

 

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