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A las 08:35 horas del 1 de marzo de 1984, la banda terrorista ETA asesinaba en Vitoria al subcomisario del Cuerpo Superior de Policía jubilado PEDRO ORTIZ DE URBINA GARAYALDE.

En torno a las 7:30 horas tres personas intimidaron, a punta de pistola, a Jesús María Díaz de Heredia, propietario de un vehículo Seat Ritmo, que se disponía a salir del garaje de su casa. Los jóvenes situaron al propietario del vehículo en la parte trasera y, sin mediar palabras, se dirigieron al domicilio del ex subcomisario, en la avenida de Judizmendi de la capital alavesa. Tras penetrar en el edificio, dos miembros de la banda subieron hasta el piso de los porteros mientras un tercero permanecía en el coche robado con el propietario.

Al cabo de cinco minutos los tres terroristas se reunían en el octavo piso del inmueble y, tras maniatar al portero y al propietario del vehículo, bajaron con la portera al tercer piso, obligándola a llamar a la puerta del domicilio de Pedro Ortiz de Urbina. Al no responder nadie porque el expolicía se encontraba en misa como cada mañana, los agresores tuvieron que repetir la operación al cabo de unos minutos.

Eran ya las 8.35 horas cuando los tres terroristas se personaban de nuevo en el tercer piso, utilizando a la joven portera para que pulsara el timbre. En cuanto Pedro Ortiz de Urbina abrió la puerta, retiraron a la portera y dispararon contra el funcionario de policía retirado. Un proyectil lo alcanzó en el pecho y otro en la cabeza. Cayó muerto en el mismo umbral de la puerta, en donde posteriormente fueron recogidos cuatro casquillos del calibre 9 milímetros parabellum, marca SF.

Los asesinos huyeron en el mismo coche robado y lo abandonaron después en una de las calles adyacentes al lugar del atentado.

En 1990 fue condenado como autor material del asesinato de Pedro Ortiz de Urbina el etarra Juan Carlos Arruti Azpitarte, alias Paterra, y Carlos Torrecilla Parra como cómplice. En 2002 fue también condenado por el asesinato del expolicía Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri.

Pedro Ortiz de Urbina tenía 63 años y era natural de la localidad de Gamarra Mayor a las afueras de Vitoria. Era viudo desde tres años antes de su asesinato y no tenía hijos. Pedro había sido comisario de policía. Posteriormente ejerció de veterinario en el matadero municipal de Vitoria, tras pedirse una excedencia en la Policía. Se jubiló de subcomisario en 1982. Los vecinos de la víctima aseguraron que era una persona algo introvertida, muy conocida en el barrio por su gran pasión por los animales.

 

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