no mienta

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Aunque la manipulación empezó a muy pocas horas del atentado -todo estaba “previsto”- con el terrorista de las “tres capas de calzoncillos”, signo “inequívoco” para Antonio Gª Ferreras, Juan Luis Cebrián y resto de comparsas de la Cadena SER de que se trataba de un atentado islamista,  muchos recordarán la frase que encabeza el artículo, pronunciada por él, para algunos, “gran hombre de Estado” -que en gloria esté y allí descanse- Alfredo Pérez Rubalcaba, con la que rompió la jornada de reflexión de aquellas elecciones generales del 14 de Marzo de 2004, que José Mª Aznar no se atrevió a retrasar a dos días de la masacre de Atocha y que supusieron el inicio del despertar de las dos Españas de Antonio Machado, que llevaba en su mochila el impresentable felón José Luis Rodríguez. Y miren ustedes por donde, 16 años después de aquello, España tiene un gobierno, no ya que mienta, sino que desconoce la verdad, dispuesto a rematar la “obra” iniciada por aquel contador de nubes para el que la palabra nación era “un concepto discutido y discutible”. Un gobierno presidido por alguien que ya venía rodado en eso de mentir desde esa tesis que le hicieron y que llegó precisamente arguyendo una mentira para justificar la moción de censura que lo llevó a la poltrona, su principal objetivo. Pero con la que está cayendo no voy a insistir en las muchas mentiras que dijo sobre los que ahora son sus socios o apoyan con su chantaje que siga, con los que “no podría dormir tranquilo” ni “condicionar la gobernabilidad de España”.

Y también en la que está cayendo se ve la mano de este irresponsable que aspira a perpetuarse en el poder. Las medidas del lunes 9, tras su nueva infamia, sin concretar nada pero disparando el pánico, no se pueden entender por algo súbito de esa mañana ni de la noche anterior, como intentaron justificar el siniestro Salvador Illa y su soporte médico Fernando Simón -¿otra “herencia” de ZParo que no limpió Mariano Rajoy?-, para el que “en España se darán algunos casos” -ayer superó los 14.500-, sino que se veía venir conociendo lo que pasaba en Italia semanas previas y podía repetirse aquí. Pero no se “supo” -es un decir- reaccionar, ni poner barreras, permitiendo el tráfico sin control entre dicho país y España, hinchada futbolística incluida. Lo de “un decir” es porque la realidad es que se cerraron los ojos a la evidencia y medidas que se estaban tomando en el país transalpino y no es únicamente que no se haya sabido hacer, que también, dada la incapacidad de la -en su inmensa mayoría- “banda” que se reúne en Moncloa, sino más bien que no se ha querido porque el socio y comparsa, su consorte en particular, tenían los ojos puestos en la manifestación feminazi del 8Morado, que no podía fallar y habría que haber suspendido, lo que no se podía permitir después del cacareado Acuerdo del Consejo del 3 de Marzo que tan orgullosamente exponían la ministra portavoz y la estrenada -hoy contagiada- ministra de “Igual-da”, Irene Montero, en la rueda de prensa.

La evidencia de que se sabía lo que se venía encima fue que algunas ministras llevaban guantes de látex para sujetar la pancarta, algo muy sospechoso si como dijo tantas veces el citado Dr. Simón, lo del coronavirus era una simple gripe que se controlaría pronto y lo reforzaba cuando un periodista le preguntó qué le diría a su hijo si quería asistir: “que haga lo que quiera”, respondió. La prueba de que no era así es que tres de las que iban en primera fila de las pancartas están hoy infectadas y sabe Dios cuántos de los 100.000 que se dice asistieron son hoy portadores y cual su efecto multiplicador en Madrid, lo mismo que de los 9.000 abducidos de “Vistatriste”, que dieron el ansiado baño de masas al -entre otras cosas- también irresponsable Santiago Abascal, que alentó un acto innecesario atendiendo más a su ego imparable que el consejo de algunos de sus fieles incondicionales.

Después del lunes de “casi alarma”, llegó el martes y el ahora “tradicional” consejo de ministros, con un “paquetito” de medidas de “prealarma” -poco concretas y débiles para lo que hacía falta- y el anuncio de un nuevo consejo con carácter extraordinario, dos días después, para ajustar esas tenues ayudas -lo único “extraordinario” se quedó en que fue telemático debido al nivel de contaminación “coronavírico” de parte del ejecutivo-. Tras leer Sánchez un panfleto, que se veía que no tenía interiorizado, hasta el error de decir “adaptar” por “adoptar”, lo único que quedó claro fue su táctica de echar balones fuera: “la responsabilidad de la gestión de la infección y las medidas a adoptar, no las lleva el ministerio de Sanidad, lo hacen las diecisiete consejerías de Sanidad de las correspondientes Comunidades Autónomas” y no dudó en mentir de nuevo cuando dijo que “se van a transferir 2.800 millones de euros a las comunidades para que tengan medios…”, que en realidad representan poco más de los 2.500 millones que Hacienda debe del ejercicio anterior. El jueves acabó con una patética comparecencia del que se repite presidente del gobierno, que sigue ejerciendo de doctor Fraude cum Laude, con preguntas predeterminadas y respuestas leídas, para seguir dando la impresión de que este tipo no se entera de nada ni le importa de verdad nada, excepto salvar su trasero en la poltrona de Moncloa todo el tiempo posible, aunque sea destrozando España, rompiéndola y dejándola en el mayor descrédito internacional que pueda imaginarse, peor ya que el que había conseguido su antecesor, hoy asesor del bolivariano Nicolás Maduro, que vuela de Caracas a Moscú en el avión privado de PEDEVESA, los petróleos venezolanos. Eso sí, anunció que había comunicado al Rey la celebración de otro consejo de ministros también extraordinario, el segundo de este jaez en horas cuarenta y ocho, el sábado, en el que decretaría el estado de alarma durante quince días -sin concretar medidas todavía-, primera fase de la que se avecina, que va a ser de órdago. Por fin el sábado, en un maratoniano consejo que terminó bien entrada la noche, con dos de sus en cuarentena -dato a tener en cuenta- por el positivo de sus respectivas según se dice porque volaron los cuchillos porque su socio quería aprovechar para nacionalizar todo lo privado, pretensión que al parecer fue neutralizada por la vicepresidente de Economía, Nadia Calviño que amenazó con su dimisión y al final se cerró con el estado de alarma esperado que dirigirían cuatro ministros, Sanidad, Transportes, Interior y Defensa, ninguno podemita, gracias a Dios en el que sólo la última dio la talla en su primera comparecencia. Mención aparte merece la “venta” de la supuesta inyección al sistema de 200.000 MM€ que, en realidad, según apuntaban el martes y ayer prestigiosos economistas, se quedan en 17.000 MM€, ya que el resto no es sino un diferimiento en el pago de impuestos y cargas sociales. Lo iremos viendo y analizando.

Evidentemente, Italia era el modelo a seguir. Nos llevaba una delantera de 10 días -los que se adelantó Isabel Díaz Ayuso en pedir actuar al gobierno- en superar los 400 casos, reducida a 7 en los 10.000. Pero, como repetía Pablo Casado, que se comprometió -con todo su partido- a apoyar las medidas del gobierno para salir de esta situación, no es el momento de exigir responsabilidades, aunque sí es bueno ir tomando nota y aportando información para cuando llegue y, posiblemente, haya que acusar al presidente del gobierno -y a algunos más- de un delito contra la salud pública.

Y un feliz día más de “prisión” domiciliaria, que ya veremos lo que dura, porque esos 15 días que dice el gobierno, me temo que serán prolongados en el Congreso, como posiblemente se debería haber hecho, pero entonces no se “apuntaba” el tanto de haberlo hecho solo, que seguramente también le molaba a míster postureo. “Piensa muy mal y…” siempre nos quedaremos cortos.

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1 Comentario

  1. Cuando el virus de manifestó de forma alarmante en Italia, siempre pensé que no tardarías demasiado en estar igual en España. El inepto Gobierno no tuvo en cuenta el refrán de “Ccuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Nunca me creí que esta era una gripe cualquiera, aunque solo fuera por la alarma general que creó en China y luego en Italia. Tampoco nunca me creí que esto iba a durar 15 días, por lo que pienso que será para meses, y aún así, posteriormente andaremos con miedo.
    El Gobierno nos mintió desde poco ldespués de aparecerlos primeros casos en España y nos seguirá mintiendo para no provocar pánico y salvar el trasero. Hora será cuando acave esto de exigirle a más de uno, responsabilidades por tomar esta “gripe” de pitorreo y poner en peligro la salud y la vida de muchos ciudadanos españoles.

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