Borrachas

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Cada día que pasa me doy más cuenta de la influencia positiva que para mí han tenido las mujeres, a lo largo de mi dilatada existencia. Y hoy 8 de marzo de 2020 con gran satisfacción, leo una Tercera de ABC, escrita magistralmente por Bieito Rubido, titulada “Maestras” que me viene al pelo. Por lo que se ve, a la hora de opinar de las mujeres, mis coincidencias con el Sr. Bieito son muy grandes aunque yo sea más de dos décadas mayor que el insigne director de ABC.

Porque desde que nací tuve la suerte de estar familiarmente más unido -en términos aritméticos- a más mujeres que a hombres. No en vano fuimos solo dos hermanos por lo que tuve, un padre, una madre y una hermana; es decir, dos a uno por utilizar un término futbolístico. Cuando me casé, fui padre de tres hijas y la relación fue de cuatro a cero contando con mi mujer. En conclusión, en mis relaciones familiares he recibido la influencia de seis mujeres y de un hombre, sin incluir a nietos y biznietos como es obvio.

Y, desde luego, he disfrutado del cariño, la ternura y la sensibilidad de todas ellas que me han aportado mucho más de lo que yo he sido capaz de darles. Como es natural creo tener suficientes elementos de juicio para hablar, desde mi experiencia, sobre mujeres y defiendo como el que más su igualdad con los hombres. Pero mi defensa se refiere esencialmente a la igualdad de derechos civiles, sin adherencias interesadas y poco edificantes propuestas por grupos nada creíbles. Porque hay que saber que las diferencias biológicas las estableció Dios mismo y deben ser inmutables. Me dio pena lo que dijo recientemente la ministra de Igualdad. Su frase “sola y borracha quiero llegar a casa” es una salida de tono impropia de cualquier mujer y mucho más aún -si ésta- forma parte de un gobierno. Yo le recordaría que los seres humanos somos sociales por naturaleza y, por tanto, con independencia del sexo, tendemos a huir con frecuencia de la soledad.

No obstante -quien quiera- (hombre o mujer) puede tener sus preferencias y la libertad de ponerlas en práctica. Sin embargo, la borrachera es el resultado de una adicción reprobable contraria a la salud y no recomendable para nadie. Termino como empezaba: ¡¡Borrachas no, por Dios!!

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