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La vida pública está llena de sinsabores, donde algunas veces nos dejan en una angustia que nos deja desolados, pensando ¡Dios mío, que hemos hecho para merecer todo esto! Mirando la vida política y sus políticos estos sinsabores se transforman en unos quebraderos de cabeza que no habría calificativos para enumerarlos. He echado un ojo a unos adjetivos que leía hace ahora un tiempo en este periódico, que, aunque están lejos de pronunciación actual, a mí me valen de gran utilidad, ya que, como hombre terrenal, afincado en costumbres dialécticas de mis coetáneos y de mi agrado, en esta ocasión me viene bien recordar algunas de ellas.

Hay personas que tienen pocas luces y boquimuelles y hay otras que necesitan varios hervores antes de alumbrar cualquier abanto. Hay otras que su soberbia y traición a unos principios les hacen ser cortos de luces o que no llegan más allá de ser un ceporro, o que son unas sanguijuelas que se arrastran ante todos y como son sanguijuelas unos chupan de otros. El destinatario de estos calificativos es Sánchez -no el presidente, mi vecino de abajo-. Este, dadas las controversias y gorrinas explicaciones que nos da en la junta de vecinos me he ido dando durante estos años, que no es hombre de fiar, nunca se acuerda de lo dicho, pierde la memoria a los pocos días de la reunión vecinal.

Sin embargo, cuando le veo me lo imagino con el parecido de Pedro Sánchez, por las trolas y negocios que, al parecer, aunque no son de las mismas categorías, uno es tratante o al menos, eso es lo que pregona. Es más, para mí es un chamarilero de feria. Y el otro, el Sánchez que todos conocemos por ser presidente del Gobierno de España, es un hombre infame negociando, traidor, impropio e inadecuado. Traidor de sus propias palabras, fraudulento en sus votantes, impropio para el cargo que ostenta, en una frase: su infamia negociadora para conseguir la Presidencia ha sido como si fuese un tiralevitas.

Este oscuro caballero dijo por activa y por pasiva que no haría tratos con comunistas, separatistas y proetarras. Lo más denigrante de todo fue cunado dijo que no llegaría a la Moncloa gracias a Podemos, cuando este ha sido su principal valedor, y gracias a Dios que ya no le quita el sueño, ¿verdad Señor presidente? Ahora me pregunto: ¿Dónde ha dejado sus maquiavélicas mentiras y sus convicciones de caballero? O estas otras declaraciones: “Le diré algo, señor Iglesias, si para ser presidente del Gobierno tengo que renunciar a mis principios, si tengo que formar un Gobierno a sabiendas de que no será útil a mi país, entonces usted está en lo cierto: yo no seré presidente ahora”. Ya lo hemos visto, ha sido muy útil para usted.

Su osadía la ha llevado baboseando, se ha burlado de más de media España, la ha denigrado con un egocentrismo como si se tratara de un chirimbaina, nos ha tomado a los españoles por unos fanfosqueros y que somos unos lameplatos.  Pues no, no somos nada de esto, somos personas decentes, honradas, trabajadoras y que queremos vivir en paz, aunque tengamos un vecino que se llame Sánchez y sea un tratante. Pero no puede ser presidente una sanguijuela que ha ido chupando la sangre a todos los que quieren romper España.

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