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Son muchas las ocasiones en las que la realidad de la política no se encuentra en los grandes discursos o en los hechos grandilocuentes y de gran calado. En una buena cantidad de ocasiones esa realidad se encuentra en los pequeños detalles. Pero con un gobierno como este que preside Pedro Sánchez, esa realidad se encuentra en todo, en los grandes y en los pequeños detalles, sobre todo si se trata de su relación con el separatismo catalán.

En el día de ayer se produjo una reunión del presidente del Gobierno de España con el presidente de una comunidad autónoma española que no puede calificarse de otra forma que no sea una reunión vergonzosa y escandalosa. El presidente de esa comunidad autónoma, un golpista inhabilitado para ejercer de presidente de esa comunidad autónoma, fue recibido por Pedro Sánchez como si estuviera recibiendo a un mandatario de un gobierno internacional.

Y además de darse esa especial circunstancia, escandalosa como pocas, se da otra circunstancia más: todo esto se hace con el mayor de los descaros y sin disimulo. Y todo esto no es solo una cuestión de formas y de humillación hacia todos los españoles, es mucho más, es el saqueo de nuestro dinero para ser entregado al separatismo catalán como pago de Sánchez. Pedro Sánchez se ha endeudado con el separatismo y la deuda se la pagamos los demás.

Mientras tanto, el fulano que se sienta en la Moncloa, para satisfacer su ego y su vanidad, nos hablará de diálogo, de concordia, de entendimiento y de altura de miras. Nos dirá que eso que nos cae en la cabeza es el agua de la lluvia. Pero no señores, la realidad es otra. La realidad es que no está lloviendo, él se está meando encima de todos nosotros junto a los separatistas, los proetarras de Bildu y los comunistas de Podemos.

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