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En torno a las 13:30 horas, Fernando acudía desde su despacho a un aparcamiento próximo. Dos pistoleros de ETA le salieron al paso, y uno de ellos le disparó un tiro en la nuca. Su hijo José María se encontraba en la misma calle donde asesinaron a Fernando y fue encañonado por los terroristas en su huida.

El asesinato de Fernando tuvo lugar en plena campaña de las elecciones generales de 1996 que dieron la victoria al PP de José María Aznar. Fue el primer asesinato de un año en el que la actividad terrorista de ETA estuvo en unos niveles mínimos y que terminaría con un total de cinco víctimas mortales. Sin embargo, el vandalismo callejero, conocido como kale borroka, se encontraba en su punto más alto.

Igual que había ocurrido hacía un año con Gregorio Ordóñez, a Fernando Múgica lo mataron por sus ideas y por ser hermano de Enrique Múgica, exministro de Justicia entre 1988 y 1991, e impulsor en su día de la política de dispersión de los presos de ETA.

Fernando Múgica era un histórico dirigente del socialismo guipuzcoano desde la clandestinidad de los últimos años de la década de los cincuenta. Fernando era también un hombre valiente que se negó a abandonar el País Vasco pese a que se sentía amenazado y presentía que podían asesinarlo. “Yo no dejo mi tierra en manos de estos asesinos” cuenta su viuda, Mapi de las Heras, que le contestó cuando le propuso irse. Tuvo escolta desde 1984, pero se le retiró dos años antes de su asesinato. Los temores de Fernando no iban sólo por él, sino por sus tres hijos, que compartían despacho con él.

Además era un hombre de profundas convicciones judías y su vida quedó marcada por la persecución nazi sufrida por su madre. Tristemente él tuvo que sufrir la persecución de otros nazis, los nazis vascos, como escribió su hijo Rubén al cumplirse doce años de su asesinato. “Shalom, Poto (nombre por el que le conocían sus amigos): Hoy hace doce años fuiste derribado por los nazis vascos”.

Los esfuerzos de Fernando para que España reconociera el Estado de Israel han sido siempre agradecidos por la comunidad judía. El rabino de Bayona se desplazó a San Sebastián para rezar un kadish en su entierro. Al año siguiente, en el primer aniversario, el Fondo Nacional Judío plantó un roble autóctono, símbolo de la vida, en el parque donostiarra de Lau Haizeta. Años después, en 2007, se inauguró un gran bosque de veinte mil árboles en la ciudad de Haruvit, situada en las colinas que conducen a Jerusalén, con los que el Fondo Nacional Judío quiso honrar la memoria del asesinado.

La familia Múgica se ha convertido en un referente en la reivindicación de justicia para las víctimas. Tanto su viuda, como sus tres hijos -José María, Fernando y Rubén-, y su hermano Enrique, han hecho multitud de declaraciones en este sentido. Durante las jornadas del juicio contra uno de los asesinos de su padre, Rubén señaló la necesidad de que haya “vencedores y vencidos, porque solo de tal forma se hará justicia con los asesinados”. Y también dijo: “Somos unos radicales. Queremos a los asesinos en prisión y a Batasuna en la más eterna ilegalidad”. José María, que tuvo que identificar a Javier García Gaztelu, alias Txapote, durante el juicio en la Audiencia Nacional, declaró que “no olvidaría el rostro ni en mil años” y deseó que “el asesino se muera en la cárcel”.

Su hermano Enrique Múgica hizo estas declaraciones al día siguiente del asesinato de Fernando: “yo ni olvido ni perdono a los asesinos, a los que los han impulsado, a los que han levantado su mano, a los que defienden o exculpan a ETA y la violencia callejera desde determinados medios de comunicación, en cualquier sitio”.

Por el asesinato de Fernando Múgica han sido condenados en diferentes juicios los siguientes etarras: por ordenar el crimen José Luis Aguirre Lete (en 2003) y José Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri (en 2007). Por su participación en el asesinato, Valentín Lasarte Oliden, y por prepararlo, Irantzu Gallastegui Sodupe (en 2003). Asimismo, en julio de 2006 fue condenado a penas que sumaban 82 años de cárcel como el asesino de Fernando Javier García Gaztelu, Txapote. También participó, aportando el coche de la huída, el etarra José Luis Geresta Múgica, alias Oker. Este último fue encontrado muerto el 19 de marzo de 1999 en Rentería. La investigación determinó que se había suicidado.

Fernando Múgica Herzog tenía 62 años. Además de dejar viuda a Mapi de las Heras y sin padre a José María, Fernando y Rubén, su asesinato impidió que disfrutase de su primer nieto, hijo de José María, nacido cuatro meses antes de que Txapote le metiese un tiro en la nuca.

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