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A la una menos veinte de la madrugada del 10 de febrero de 1992, ETA asesinaba en Murcia al policía nacional ÁNGEL GARCÍA RABADÁN mediante la colocación de un coche bomba que explotó junto a la Comandancia de la Guardia Civil de Murcia.

La explosión se produjo en la calle de Diego Rodríguez de Almena, en el barrio de Vista Alegre. Ángel formaba parte de la patrulla policial que había acudido al lugar tras recibirse en la comisaría una llamada en la que un comunicante anónimo advertía de la existencia de un coche-bomba y de que no se hacían responsables de lo que pudiese ocurrir.

Con él iba su compañero Antonio Peñalver Pérez. En el instante en el que Ángel se acercó a examinar el vehículo, el etarra José Luis Urrusolo Sistiaga accionó el artefacto explosivo por radio-control. La onda expansiva provocó su muerte en el acto.

Murcia no ha sido una región especialmente golpeada por el terrorismo de ETA. En septiembre de 1990 se produjo la explosión de un vehículo cargado con 200 kilos de amonal, que destruyó el cuartel de la Guardia Civil de Cartagena, además de los atentados con pequeños paquetes-bomba que afectaron a varios hoteles de La Manga a principios de los 90, que provocaron una gran psicosis entre los veraneantes e importantes perjuicios para el sector turístico. El atentado contra Ángel García Rabadán es el único que ha tenido lugar en Murcia con resultado de muerte. Sin embargo, 41 murcianos han sido víctimas directas de la violencia etarra: 14 fallecidos y 27 heridos en atentados. Si a ello sumamos las viudas e hijos de los asesinados, el número de afectados en esta Comunidad Autónoma se acerca al centenar.

En 1994 fue condenado por el asesinato de García Rabadán el etarra Fernando Díaz Torres a 30 años de reclusión mayor.

Ángel García Rabadán tenía 47 años y era natural de Rincón de Beniscornia (Murcia). Estaba casado con Francisca Guerrero y tenía tres hijos: Ángel, Francisco Javier y José Antonio. Había sido condecorado en 1989 por su actuación en un incendio en Murcia en el que salvó la vida de dos niños. Su funeral en la catedral de Murcia congregó a más de cinco mil personas. Cuatro días después, el 14 de febrero de 1992, unas cincuenta mil personas se manifestaron en Murcia, con el apoyo de todos los grupos políticos con representación en la Asamblea Autonómica: PSOE, PP e IU.

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