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Muchas de las quejas sobre las economías de mercado y la ley de oferta y demanda que rige la fijación de los precios, no son que no funcionan, sino que producen resultados que no gustan a algunas personas. La insatisfacción que suscita el resultado de los procesos de mercado ha provocado la intervención del Estado.

Las leyes de salarios mínimos fijan la cantidad mínima que han de pagar los empresarios a los trabajadores, aunque estos estén dispuestos a trabajar por menos.

Normalmente cuando el Estado interviene en el funcionamiento del mercado, las fuerzas de la oferta y la demanda no se equilibran. Hay un exceso de oferta o un exceso de demanda. La escasez y los excedentes crean sus propios problemas que, a menudo, son mucho peores que el problema inicial el cual pretendía resolver el gobierno.

Cuando el salario mínimo es inferior al de equilibrio, no ocurre nada grave. Como es un precio mínimo nada impide al mercado pagar el salario de equilibrio más alto y las subidas del salario mínimo no producen ningún efecto en la medida en que este siga siendo inferior al de equilibrio.

En cambio, una subida del salario mínimo por encima del punto de equilibrio (el caso que vivimos en España), da como resultado un aumento de paro.

En este caso, se genera un excedente de trabajadores a los cuales les gustaría trabajar pero con poca fortuna a la hora de encontrar un empleo, puesto que las empresas no pueden permitirse abonar dicho sueldo a los empleados. A largo plazo, estas características se acentúan al ser las curvas de demanda y oferta más elásticas, creando el escenario perfecto para la existencia de una mayor y perjudicial economía sumergida.

Los debates sobre los salarios mínimos giran en torno al sentido del objetivo inicial de la legislación sobre el salario mínimo que es garantizar que las personas que trabajen ganen lo suficiente para mantener a una familia. Aunque en los años treinta fuera razonable suponer que un hombre necesitaba ganar un determinado salario mínimo para mantener a su mujer y a su familia, en la actualidad a menudo trabajan los dos cónyuges e incluso uno de los hijos adolescentes. Por eso no todos necesitan ganar suficiente para mantener a su propia familia.

Por otro lado, no parece que la subida del salario mínimo sea un remedio especialmente útil para ayudar a los pobres. La mayoría de las personas pobres ganan un salario superior al mínimo cuando trabajan, su problema no es que ganan un salario bajo cuando trabajan, sino que no siempre trabajan y eso puede deberse, o bien, a que no encuentran trabajo, en cuyo caso el problema es el nivel de paro, no el nivel de salarios, y la subida de los salarios puede dificultar aún más la búsqueda de trabajo, o bien a que no son suficientemente buenos para trabajar.

Un artículo de Félix Esteve Montes

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1 Comentario

  1. Es un medio de arruinar al país en estos momentos, empobreciendo al empresario y destruyendo trabajo. Delito de Alta Traición Económica. ¿Solo el campo se mueve? Debería salir mas gente a la calle.
    ¿A que esperan los partidos que se denominan de derechas y tienen un ideario donde la iniciativa privada es la idea medular?. ¿A que no queden ni empresas ni empresarios? No se debía ir a rastras de los hechos; hay que adelantarse ca ellos.

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