Trump

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Una vez consumada la vuelta a España de un gobierno socialcomunista, 84 años después del que dio lugar a uno de los episodios más tristes de nuestra Historia, cobra especial interés un discurso del Presidente Norteamericano Donald Trump poniendo en su sitio al socialismo, una ideología fracasada en el mundo que algunos pensábamos que estaba superada tras la caída del muro de Berlín, pero que el régimen cubano extendió por Hispanoamérica y aquí, un par de iluminados, a los que nunca les faltó nada, han vuelto a “descubrir” apoyados por los mismos que entonces.

Pensé ir comentando las frases del presidente norteamericano, pero creo que es mejor leerlo completo para no perder la unidad de su prédica y al final, si acaso, añadir unos breves comentarios, ya que el mensaje no necesita mucho adorno. Se trata de un discurso que muy oportunamente ha circulado por las redes sociales que creo que no tiene desperdicio y que al menos a mí me despertó una envidia sana. Decía Trump lo siguiente:

“El socialismo promete prosperidad, pero produce pobreza. El socialismo promete unidad, pero produce odio y discordia. El socialismo promete un futuro mejor, pero siempre vuelve a los capítulos más oscuros del pasado. Eso nunca falla, siempre sucede. El socialismo es una ideología triste y desacreditada, arraigada en la ignorancia total de la historia y la naturaleza humana, por lo que el socialismo siempre da lugar a la tiranía. Los socialistas profesan un amor por la diversidad, pero siempre insisten en la conformidad absoluta. Sabemos que el socialismo no se trata de justicia, no se trata de igualdad, no se trata de elevar a los pobres. El socialismo es sólo una cosa: poder para la clase dominante.  Y cuanto más poder obtienen más lo anhelan. Quieren manejar la atención sanitaria, el transporte y las finanzas, manejar la energía, la educación, manejarlo todo. Quieren poder para decidir quién gana y quién pierde, quién está arriba y quién está abajo, qué es verdad y qué es falso e incluso quién vive y quién muere. En resumen. Todos los que estamos aquí hoy, sabemos que no hay nada menos democrático que el socialismo. En todo y cualquier lugar que aparece, el socialismo avanza bajo la bandera del progreso, pero al final sólo ofrece corrupción, explotación y decadencia. Y para aquellos que intentaran imponer el socialismo en los EE. UU., nosotros, de nuevo, le damos un mensaje muy simple: América nunca será un país socialista. Nacimos libres y permaneceremos libres, ahora y para siempre. Sabemos lo que la libertad puede hacer en Venezuela, porque hemos visto ese futuro aquí mismo, en Doral. Sabemos qué puede hacer la libertad en Cuba, porque hemos visto ese futuro aquí, en Miami. Sabemos qué puede hacer la libertad en Nicaragua, porque hemos visto ese futuro en Sweetwater. Y algún día, con la ayuda de Dios, veremos lo que la gente hará en Caracas, en La Habana y en Managua. Y cuando Venezuela esté libre, y Cuba esté libre, y Nicaragua esté libre, esto se convertirá en el primer hemisferio libre en toda la historia humana. Fue mi gran honor estar con ustedes hoy y un gran honor para la primera dama estar con ustedes hoy. Estamos ganando, estamos ganando cada frente. Gracias, Dios les bendiga. Dios bendiga a la gente de Venezuela, dios bendiga a la gente de Cuba, Dios bendiga a la gente de Nicaragua, y Dios bendiga a los Estados Unidos de América”.  Sonaría bien en boca de alguno de nuestros políticos.

Mientras, aquí en España, como decía, dos iluminados nos devuelven a la senda más oscura de nuestra Historia, propiciando uno, Rodríguez, y rematando el otro, su clon “aventajado”, Sánchez, la reedición de un frente popular que llevó España al desastre en 1936 y que los descendientes directos de los que lo recompusieron intentaron que se olvidara pactando con los que lo habían producido. Craso error no dimensionar bien al enemigo desde la perspectiva global de la Historia y no engañados por la piel de cordero que cubría a lobos “demócratas”. La pena es que, entre los dos, hubo quien pudo arreglar los destrozos y evitar el desenlace, pero lo “urgente” le impidió ver lo principal, aunque sobre eso ya he dejado mi punto de vista en artículos anteriores durante bastantes años. Lo cierto es que el que empezó este dislate en 2004, que ya despreciaba antes a la bandera norteamericana quedándose sentado a su paso, hoy, en lugar de estar sentado en el banquillo por alta traición al Estado, se pasea por el mundo como asesor de los representantes del neocomunismo bolivariano y dejó las bases para que su sucesor en el alguna vez puede que  P.S.O. Español, vuelto a su esencia de Partido Siempre Opuesto a España y hoy Partido Sánchez Oprobiosamente Entregado, rematara la faena aupado por los enemigos de siempre.

Esperemos que, desgraciadamente cumplida la primera, no lo haga la segunda parte de esta frase: “Cuando la izquierda pierde una elección, intenta destruir el país. Cuando gana, lo consigue” -como pasó en Venezuela, por ejemplo-. Por cierto que -hablando de Venezuela- no dejan de aparecer informaciones sobre ese “encuentro fortuito”, parece que a las 03:00 de la madrugada en la terminal ejecutiva de Barajas, a bordo de un avión privado -¿a quién no le ha pasado eso alguna vez?- del número tres de este PSOE y ministro de muchas cosas, José Luis Ábalos, con la “vicepresideNTE -a ver si se entera la de Cabra de cómo se dice su cargo- de Maduro, que tiene prohibido pisar suelo europeo por delitos de lesa humanidad -dicen que relacionados con el tráfico de drogas, dicho en román paladino-. Algunos atisban una especie de vendetta entre el susodicho “maestro Ciruela” y su colega de Interior, Fernando Grande-Marlaska, “gran amigo” de su excompañera de Justicia, hoy fiscal particular de Sánchez, la “amiga” Lola del encarcelado Villarejo y, más aún, del otro Garzón, Baltasar. Y por ahí, 35 MM de € presuntamente recibidos por Raúl Morodo -ministro con Felipe González y embajador con ZParo-, muy amigo de Bono ¿y de Moratinos? Habrá que estar atento.

Lo cierto es que vuelvo a Estados Unidos porque entran en juego FBI, CIA y la Administración para el control de Drogas, conocida por sus siglas en Inglés, DEA, que cuando muerde presa, no suelta. A ver si tenemos que agradecer también al Presidente norteamericano, tan denostado por la prensa progre, que nos salve de esta lacra de origen bolivariano que se incrustó en el gobierno español. Otra cosa habría más lejos porque Mr. Trump no se anda con bromas. De momento, dolerá la penitencia.

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