pasarela de la Moncloa

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El día era propicio, el sol se asomaba en las lindes de la Moncloa. La mañana era fría, un vientecillo de la sierra cercana se vislumbraba que no era día tan señalado para lo que se esperaba, la antesala de los fotógrafos se hacía insoportable, aunque este día era festivo y de deslumbrante tronío, de un arrollador y brillante acontecimiento. La pasarela de la Moncloa.

La alfombra estaba exuberante, pródiga, de un color verde, aunque hubiese sido mejor haberle puesto un color rojo con acorde del día y los figurantes que iban a desfilar por esa pasarela montada para goce y disfrute de las personas que iban a posar después para las fotografías que esperaban hacer los reporteros fotográficos para dejar constancia de esta efeméride.

He esperado un día para glosar este escenario que, a decir verdad, los periodistas tienen más lujos, ostentaciones y ventajas  que uno quisiera tener, al menos para estar aproximadamente, no a su altura, pero, si  para dar las noticias en su justa medida y hora, para  que no pase, por copiar lo dicho por algún periódico, en fin, uno hace lo que puede, y no dejar  para otro día lo que me hubiese gustado hacer y decir el mismo día de esta pasarela de la Moncloa en su puesta de largo de nuestro centelleante y reciente Gobierno de España. Deseo ser honesto conmigo mismo, este desfile de pasarela, no sé, si han ensayado el desfile, o, como buenos actores, no lo han necesitado, por ello, los he visto muy bien, ameno y a veces sandunguero, como el que protagonizó el nuevo ministro de Universidades, Manuel Castells, que con gesto simpático alardeó de su cartera.

Siempre recuerdo a mi tía Encarna en algunas palabras que decía, dándole un significado que por mucho comentarla se me quedaba en mi cabeza. Pues si, me acordé de mi querida tía Encarna, cuando por detrás da la fachada de este Palacio, donde ahora podrá dormir a pierna suelta el presidente, apareció entre el frondoso bosque al personaje que no dejaría dormir al inquino de la Moncloa. Con abrigo corto, de color oscuro que, por su lejanía no podría precisar su colorido y la clase de tela. Sus pantalones vaqueros, raídos y arrugados por el paso del tiempo al estilo de las películas de pistoleros. Sus zapatos no se podían precisar el modelo, aunque podrían ser los nuevos huaraches o zapatillas de plataforma, o, en su caso pantuflas runnirnn, aunque a decir verdad hubiese sido un buen complemento a este atuendo y su pose unas botas de Comboy.

Aquí viene lo de mi tía Encarna, graciosa y dicharachera como la que más, ella tenía una palabra que decía júa, a una persona de mal vestir, no por su vestimenta, sino porque el atuendo dejaba mucho que desear, pongamos un ejemplo, cuando iba uno de mis primos a misa, desangelado, la ropa sin planchar los cordones de las botas sin abrochar y la camisa por fuera y su peinado no era correcto decía: pareces un júa. Pues bien, este nuevo vicepresidente de la nación española, me pareció un júa en la pasarela de la Moncloa.

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