Espíritu Santo

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Por razones que obedecen al misterio de iniquidad del cual nos advirtió San Pablo (2ª Tes 2:7) la presencia del Espíritu Santo en la vida de muchos católicos es nula o prácticamente nula.

Sin embargo, la presencia y la función del Espíritu Santo es absolutamente fundamental en la vida cristiana. Hasta tal punto, que la obra del Hijo está estrictamente conectada con la del Espíritu Santo. Según las Escrituras, el papel del Hijo como único mediador (1ª Tim 2:5) entre Dios y los hombres está ejecutada por y a través del Espíritu.

Por ejemplo, es el Espíritu el que nos ayuda en nuestra debilidad intercediendo por nosotros de acuerdo con la voluntad de Dios (Romanos 8:26-27). Cristo, que es el Mediador del Padre y el Espíritu, nos capacita para ir a Él, es por ello comprender la vital implicación e importancia en la obra mediadora del Hijo.

La figura que nos acerca a Él es el Espíritu de tal manera que no podemos más que inquietarnos en la desaparición inquietante (aunque no reciente) del Espíritu en la vida de muchos además presumen de ortodoxia y tradición.

Así pues, vemos como ese mysterium iniquitatis que mencionábamos al principio ha oscurecido la proximidad del Hijo (presentándolo como un ser lejano) y ha congelado la única contribución del Espíritu.

Si nos ceñimos al Credo, es menester equiparar la adhesión a la base del mismo con de la persona, la obra de Jesucristo y una espiritualidad coherente (reconozcamos que en muchos casos no lo es) desechando así la marginalización de Cristo y el Espíritu.

En la revisión de aquello que está rompiendo esa armonía trinitaria, está cifrada la correcta vivencia cristiana de muchos católicos.


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1 Comentario

  1. Bueno, le marginará y olvidará la judeo-masonería. Por cierto, por algunos que se las dan de teológos muy alabada y valorada…..
    Ahí va la secuencia al Espíritu Santo que rezamos en casa diariamente, al levantarnos. Como hacían mis padres abuelos, bisabuelos….

    “Ven Espíritu divino,manda tu luz desde el cielo.
    Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido,
    luz que penetra en las almas;fuente del mayor consuelo,
    Ven dulce huesped del alma,descanso de nuestro esfuerzo,
    tregua en el duro trabajo,brisa en las horas de fuego,
    Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
    Entra hasta el fondo del alma,divina luz y enriquécenos,
    Mira el vacío del hombre,si Tu le faltas por dentro;
    mira el poder del pecado,cuando no envías tu aliento.
    Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,
    lava las manchas,infunde, calor de vida en el hielo;
    doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
    Reparte tu siete dones, según la Fé de tus siervos.
    Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito;
    salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
    Amén”.

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