Sin ser médicos nos preguntamos qué clase de patología padece Pedro Sánchez porque es más que evidente que alguna padece. Camina como si se fuera a romper en algún momento y como si lo hiciera para demostrar ante las cámaras su grandeza, más bien bajeza, en plan caudillo al que todo el mundo tiene que adorar y rendir pleitesía en todo momento.

Miente con total desparpajo y cuando se contradice y pillan su mentira, dirige sus dardos a los demás culpándoles a ellos de ser los responsables de haber tenido que mentir. Pero ojo, nunca reconoce su mentira, calla, pasa y “a otra cosa mariposa”. Pacta con lo peor de la clase política española y después se lo recrimina a los demás como si fueran ellos los culpables de las traiciones que comete.

Se fotografía con posturas ridículas, con imágenes que parecen hechas para subirlas a sus redes sociales con intención de echarse algún ligoteo y de encontrar a alguna divorciada que caiga en sus redes. Y ya lo que nos faltaba por ver, en plena sesión de investidura del Congreso realiza gestos de “chulito barriobajero” venido a más como el que nos ocupa en este caso.

En el día de ayer se “cazó a Pedro Sánchez en el Congreso, en plena sesión de investidura lanzando besitos babosos a alguien. Besitos succionadores como de “ven aquí que te vas a enterar”. Besitos de “cuanto me quiero y yo se que tú también me quieres”. Besitos de vedette de revista de los años 70.

No se entiende nada de lo que hace este tipo. Va de mal en peor y nosotros detrás directos al abismo. Enhorabuena por lo “¿votado?“.

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