desnudo

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Respecto a nuestra actualidad sociopolítica, lo primero que hay que subrayar es que Pedro Fraude Sánchez ha sido investido presidente gracias a un pucherazo electoral. Un pucherazo electoral reiterado y bendecido por el Órgano Superior de la Administración correspondiente, y por el resto de organismos e instituciones españolas. Un pucherazo electoral denunciado por una humilde organización ciudadana independiente (Plataforma Elecciones Transparentes) y silenciado -o mencionado de pasada- no sólo por los medios informativos oficiales y oficiosos, lo que es comprensible dado el nivel de vileza que nos asfixia, sino también por muchos medios y muchos analistas e intelectuales que aparentan escandalizarse, suponemos que de boquilla, tras el advenimiento frentepopulista a la gobernanza de España.

Si entre las normas básicas relativas a las glorificadas democracias se halla la de que el pueblo pueda elegir a sus representantes mediante su paso por las urnas, y se da el aberrante caso de que tanto en el correspondiente proceso como en el consecuente recuento de los votos también se le truca y estafa, ¿qué puede salvarnos? ¿En qué quedan los tan cacareados y equívocos gobiernos populares, sino en un humillante y bochornoso espectáculo de trileros?

Como en el cuento, aquí todos sabemos que el rey se pasea desnudo por las calles, pero cortesanos, funcionarios, intelectuales áulicos y sicarios no se hartan de halagar al poder diciendo que va ataviado con las más bellas galas. Y no hay ningún inocente que harto de trampas dé un puñetazo en la mesa y diga que el rey va desnudo y bien desnudo, y que su caminar por mentideros y avenidas constituye un gravoso ridículo, en absoluta pelota como va, ¡y que ya está bien de infamias!

La evidencia de que la España actual es un pueblo desgraciado, la tenemos en su necesidad de hallar un héroe en esta hora trágica de dominio frentepopulista. Porque tan acostumbrados estamos a los abusos de la casta política y sus secuaces que llamaríamos héroes a aquellos ciudadanos que por su responsabilidad institucional o cívica se limitaran a cumplir con su deber. Por muchos que sean los gansos, con un buen halcón sería suficiente. Pero ese halcón, si existe, aún no se ha mostrado. Ningún inocente se decide a poner pies en pared y acabar así con esta ignominiosa escenificación que está convirtiendo a España en una idea indigna, tal como pretenden sus enemigos y lo tienen escrito en su hoja de ruta.

Y lo segundo que habría que señalar por enésima vez es que la investidura de Pedro Fraude Sánchez como presidente del Gobierno constituye el remate a la dilatada y paulatina degradación de la sociedad española. La mayoría ciudadana lleva muchos años de parsimonia y oprobio, tapándose los ojos para no ver la terrible realidad. Una realidad que gritaba bien alto y bien claro que los pecheros estaban sufragando a unas instituciones que lejos de dedicarse a defender y a laborar por los ciudadanos, se esmeraban en facilitar o consentir el delito a los pervertidos y ladrones.

A esas instituciones la soberanía popular les ha autorizado su traición sin exigirles el cumplimiento de su responsabilidad, mientras de paso les costeaba con puntual rigor sus copiosos salarios, del mismo modo que los Gobiernos centrales financiaban las veleidades de toda esa lacra separatista que no se cansa de proclamar, en plena sede parlamentaria, que España les importa «un comino», o de resaltar su odio hacia ella.

A la soberanía popular española y a sus desleales representantes les corresponde compartir hoy, en versión contemporánea, la desmemoria irresponsable de tantos pueblos a lo largo de la historia: «No queríamos saber nada sobre el engaño de la Transición, queríamos estar ciegos, confiábamos en la propaganda social-comunista cuando nos decía que los franquistas eran “enemigos del pueblo”, les señalábamos. Aceptábamos que los incendiarios de todo tipo los acosaran sistemáticamente desde organismos y lóbis, hicieran escraches, salieran a las calles pertrechados con armamento de guerrilla urbana y con pancartas que decían: “¡Muerte a la ultraderecha! ¡Muerte a los fachas!”. Respondíamos con el silencio cuando en los mítines exigían su extinción y golpeaban a las fuerzas del orden con total impunidad. Cuando la justicia prevaricaba día tras día poniendo puentes de plata jurídicos a los delincuentes. Todos permanecíamos mudos, empachados de indecencia».

Y ahora nos encontramos con un futuro Gobierno frentepopulista cuyo significado consiste en algo tan fundamental y terrible como es la oficialización del control político sobre el Poder Judicial, sobre la Educación y la Cultura, sobre la Información, sobre las FFAA y de Orden Público y sobre la Monarquía. Y por si esto no fuera suficiente, ahora también oficializarán el control sobre los escrutinios de las elecciones generales; algo que, como digo, se ha venido produciendo desde que Pedro Fraude Sánchez accedió a la gobernanza, y que todo el mundo parece aceptar sin que se escuche un agudo rechinar de dientes.

Nos encontramos, en definitiva, con un Gobierno destructor, porque destructores son aquellos que organizan trampas a las multitudes, llamando a esto un Estado y suspendiendo sobre las cabezas de la población mil guadañas y mil codicias. Un Gobierno contra la vida, la familia y la libertad; un Gobierno enemigo de España y sustentado por enemigos de España, dispuesto a imponer todo tipo de dogmas, no sólo los gravísimos de la memoria histórica y de la ideología de género. Un Gobierno compuesto por todas las formaciones ponzoñosas que tratan de cargarse al Estado.

Y no es que anteriormente las izquierdas resentidas y sus cómplices no se dedicaran con absoluto empeño e impunidad a la perpetración de todo tipo de abusos, perversiones y crímenes contra la nación y contra la ciudadanía; la diferencia es que ahora lo van a hacer sin remilgos, quemando lo que haya que quemar de modo pulcro y centralizado, con jactancioso desafío y con intimidatoria chulería. Y sin importarles con ello que su manoseada preeminencia moral vuelva a desvanecerse y a quedar no sólo como otra más de sus imposturas, sino como la más antinatural y nefanda de sus abominables mentiras. Porque el objetivo frentepopulista es establecerse en el poder, y desde él, mediante su insidiosa propaganda, blanquear más concienzudamente aún su colosal y terrible engaño: haber hecho pasar el desafuero por virtud.

Pero de poco sirve ya, instalado el frentepopulismo en las tripas del Estado, subrayar que sus hordas son nefandas para el país, pues a pesar de su incapacidad administrativa, de su incompetencia, de su hispanofobia, de su sectarismo o de su inconsistencia intelectual y moral, llevan dirigiendo el destino nacional -bien en el poder o bien moviendo los hilos en la oposición- desde el comienzo de este período sociopolítico mal llamado de transición democrática, y sólo unos pocos francotiradores se han atrevido con un mínimo de convicción y fortaleza de ánimo a cuestionar su conducta poniéndolos ante el espejo de sus engaños y contradicciones.

De nada sirve, digo, que nos engañen en las urnas, en los tribunales, en las aulas universitarias y escolares, en los parlamentos, en los impuestos y en los medios informativos; que desprotejan a conciencia nuestra propiedad privada y nuestras fronteras; que nos endeuden con su avaricia, gasten la riqueza nacional, quemen símbolos, profanen tumbas, orinen sobre nosotros y nos digan que llueve… si el hecho inconcebible, pero real, es que, más allá de los moralmente irredimibles, todavía hay gente que los vota, y todavía la minoría de espíritus libres, de hombres y mujeres de bien no se les opone activa y eficazmente.

En política lo importante es la acción, y España, al hilo de la cuña parlamentaria de VOX, precisa un nuevo proceso constituyente regenerativo. La luz viene cuando se hace necesaria, y los ojos se abren para buscarla. Abrámoslos, pues. Nuestro deber consiste en no ser indulgentes con el mal, en abatir a estos diablos que encuentran su beneficio en el mal que hacen. Contra su repulsiva doctrina, la resignación, la inercia y la paciencia son un gravísimo error, y la realidad así lo ha demostrado; y todas las reprobaciones y todas las cárceles contra dicha doctrina, además de justas, nos han de parecer insuficientes.

Bienvenidos a otra nueva Reconquista, porque a España, la nación más antigua de Occidente, no la van a hundir cuatro facinerosos, por mucho que estén a sueldo de la plutocracia globalizadora y de los cárteres internacionales del narcotráfico. Amén.


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