Tres semanas después del asesinato en Zarauz de José Ignacio Iruretagoyena, ETA volvía a atentar contra un concejal del Partido Popular. El asesinato en Sevilla el 30 de enero de 1998 del matrimonio formado por ALBERTO JIMÉNEZ BECERRIL y ASCENSIÓN GARCÍA ORTIZ causó una enorme conmoción en todos los españoles de bien. El matrimonio volvía de cenar con unos amigos cuando dos miembros de ETA les dispararon por la espalda en una céntrica calle sevillana provocándoles la muerte casi en el acto. Cada terrorista llevaba una pistola y, como se supo posteriormente en el juicio, acordaron que uno de ellos dispararía contra el edil y el otro contra su mujer para evitar que sus gritos alertaran al vecindario. Con el objeto de sincronizar su acción, los asesinos determinaron que contarían hasta tres e inmediatamente abrirían fuego contra las víctimas sin darles opción a defenderse.

SÍGUENOS EN TELEGRAM

En junio de 1999 la Audiencia Nacional condenó a José Luis Martín Barrios y a Mikel Azurmendi como autores del doble asesinato a 30 años de reclusión mayor. Fueron detenidos en marzo del 98 y declararon que, tras el asesinato del matrimonio, se trasladaron a un piso franco y celebraron su acción “con una cena especial y sidra” en unión de la etarra María Teresa Pedrosa.

Alberto Jiménez Becerril, licenciado en Derecho e Historia, tenía 37 años y era concejal del PP en Sevilla, teniente de alcalde y hombre de confianza de la alcaldesa, Soledad Becerril. Ascensión García Ortiz tenía 39 años, era licenciada en Derecho y trabajaba en un despacho de abogados como procuradora de los tribunales. Dejaban huérfanos a tres niños: Ascensión (9 años), Alberto (6 años) y Clara (5 años).

Era la octava vez que la actividad asesina de ETA dejaba huérfanos de padre y madre. El 13 de septiembre de 1974, la bomba que explotó en la cafetería Rolando de Madrid mató a 13 personas, entre ellas a Baldomero Barral y María José Pérez Martínez, que tenían dos hijos (Rafael y Baldomero). El 25 de octubre de 1986 fueron asesinados el gobernador Militar de Guipúzcoa, Rafael Garrido Gil, su esposa Daniela Velasco y el quinto de sus seis hijos, Daniel. En la masacre de Hipercor, el 19 de junio de 1987, fueron asesinadas 19 personas, entre ellas el matrimonio formado por Rafael Morales Ocaña y Teresa Daza Cecilia, que dejaron huérfano a un niño de dos años. El 11 de diciembre de 1987, en el brutal atentado contra la casa cuartel de Zaragoza que costó la vida a 11 personas, murió el matrimonio formado por Emilio Capilla Tocado y María Pilar Franco, además de su hija Rocío, dejando huérfano al otro hijo, Emilio, de nueve años. En el mismo atentado fallecieron José Pino Arriero, su esposa María del Carmen Fernández, y Silvia, uno de sus tres hijos. Quedaron huérfanos José María, de 13 años, y Víctor, de 10. El 29 de mayo de 1991, otro coche bomba explotó en la casa cuartel de Vic, acabando con la vida de nueve personas, entre ellas Juan Chicoa Ales y Nuria Ribó Perera, que tenían un hijo de tres años. El 19 de febrero de 1992, de nuevo un coche bomba dirigido contra un furgón policial mató en Santander a Antonio Ricondo Somoza y al matrimonio formado por Eutimio Gómez Gómez y Julia Ríos Roz, dejando huérfanos a sus hijos Jesús y Silvia, de 16 y 18 años.

SÍGUENOS EN LBRY, LA PLATAFORMA EN LA QUE PUEDES OBTENER INGRESOS VIENDO VÍDEOS 

 

Fuente

COLABORA CON NOSOTROS CON PAYPAL