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Eran las tres y media de la tarde del jueves 23 de enero de 1995 cuando un encapuchado se acercó por detrás y disparó contra él mientras comía en el Bar La Cepa de la parte vieja de San Sebastián. Estaba acompañado por María San Gil y Enrique Villar, secretarios del Grupo Popular, y una funcionaria del Ayuntamiento. El asesino hizo un solo disparo que le atravesó la cabeza y después salió huyendo. Nadie en el bar se extrañó de que llevara cubierta la cabeza porque estaba lloviendo.

María San Gil salió corriendo detrás del pistolero sin pensárselo mucho. Cuando se dio la vuelta, Gregorio estaba ya muerto. Poco después se dirigió a casa de la mujer de Ordóñez, Ana Iríbar, para comunicarle la noticia.

Gregorio Ordóñez Fenollar era el primer político en activo asesinado por ETA desde que en 1984 la banda asesinara al senador socialista Enrique Casas Vila. El asesinato de Gregorio provocó una gran conmoción. Todos los concejales del Ayuntamiento de San Sebastián, excepto los de HB, acompañaron el féretro de Gregorio desde el bar La Cepa hasta la casa consistorial bajo una incesante lluvia. La bandera de San Sebastián ondeó a media asta y con crespón negro en el Ayuntamiento, que declaró tres días de luto oficial. Además, todos los partidos políticos convocaron a los ciudadanos a un paro de cinco minutos a las 12:00 horas del día siguiente, viernes 24 de enero, y pidieron a todos los ayuntamientos vascos que secundaran esa medida de repulsa por el atentado. Evidentemente, HB se autoexcluyó de todos esos actos y manifestaciones.

Ordóñez fue, hasta su asesinato en 1995, un ejemplo del coraje del PP vasco frente a la amenaza terrorista. Se afilió al partido a principios de 1980, cuando los populares sólo conseguían unos tres mil votos en San Sebastián y en el momento de mayor dureza de actividad terrorista y con mayor número de asesinados (80 en 1979 y 98 en 1980, año que ostenta el triste récord de víctimas mortales). El motivo que le hizo entrar en política fue el asesinato del padre de un amigo por parte de ETA.

No hay ninguna duda de que Gregorio Ordóñez fue asesinado por defender sus ideas contra la banda terrorista, lo que le costó más de un insulto y alguna agresión. La propia junta de portavoces municipales aseguró, tras el atentado, que Gregorio había sido asesinado por “sus profundas convicciones y firmeza democrática”. Esa exposición pública le hizo vivir algunos episodios desagradables, como durante el secuestro de Julio Iglesias, cuando fue golpeado en plena calle, mientras paseaba con su mujer embarazada, por participar en la campaña del lazo azul para pedir la liberación del secuestrado.

En diciembre de 2006 el terrorista Javier García Gaztelu fue condenado a 30 años de cárcel por el asesinato del político popular. Anteriormente, en 1997 fue condenado como cooperador necesario Valentín Lasarte, también a 30 años de reclusión mayor. Lasarte fue quien ese día avisó a Gaztelu y a otro terrorista, Ramón Carasatorre, de que Gregorio estaba comiendo en el Bar La Cepa de la parte vieja de San Sebastián.

Gregorio Ordóñez Fenollar tenía 37 años. Estaba casado y tenía un hijo, Javier, de año y medio. Tanto su viuda, Ana Iríbar, como la hermana del concejal, Consuelo, acabaron abandonando el País Vasco como consecuencia del clima de intimidación que tuvieron que soportar tras el asesinato de Gregorio. Posteriormente, en 2007, dos adolescentes profanaron la tumba de Gregorio. De mantener su legado como político se ocupa la Fundación Gregorio Ordóñez que tiene por objetivo preservar su memoria histórica y la “conservación, sistematización y divulgación de los ideales que constituyeron la razón de su vida”.

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