Que Pedro Sánchez mienta no es ninguna novedad. Es tan normal la mentira en Sánchez como que si te metes en el mar te mojas o como que a las 12 de la mañana es de día. Mentira y Pedro Sánchez deberían ser sinónimos.

Pero el gran problema no es que Pedro Sánchez sea un mentiroso compulsivo. El gran problema es la permisividad que tenemos los españoles con las mentiras de todo un presidente del gobierno. No es cuestión de resignación, deberíamos poner coto a estas mentiras y expresar nuestro hartazgo porque si callamos como hasta ahora, a este mentiroso no le parará nadie y no volverá a decir una verdad en lo que le queda de vida, si es que alguna vez lo ha dicho.

Y la última mentira de Pedro Sánchez la tenemos bien reciente. Esa mentira ha quedado reflejada en una nueva fotografía de la vergüenza. Esas fotografías a las que los socialistas nos tienen tan acostumbrados en los últimos años. La nueva fotografía de la vergüenza es la protagonizada por los negociadores de Sánchez con ERC.

Se han sentado a negociar el futuro de España no solo con un partido independentista, los han hecho con un partido que tiene a varios de sus líderes encarcelados por golpistas y lo han hecho, además, con uno de los cerebros del golpe de estado del pasado 1 de octubre de 2017.

¿Y tiene Sánchez algún problema por hacer eso? No porque los primeros que no decimos nada somos nosotros mismos, los propios ciudadanos. Nos hemos acostumbrado tanto a que se nos tome el pelo que ya lo consideramos incluso normal. Pero eso no debe ser así. Es vergonzoso que permitamos todo esto porque entonces tendremos lo que nos merecemos. ¿Recuerdan lo que decía de esto el mismo Pedro Sánchez que viste y calza en 2016? Pues eso.

¿Einnn?

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